sábado, 23 de mayo de 2009

LOS SIETE PUNTOS DEL ENTRENAMIENTO MENTAL DE ATISHA


 

Primero aprende los preliminares.

Piensa que todos los fenómenos son como sueños.

Examina la naturaleza de la conciencia nonata.

Deja incluso que el remedio desaparezca por sí mismo.

Asiéntate en la naturaleza de la cognición básica, la esencia.

Entre sesiones, considera los fenómenos como fantasmas.

Ejercita la unión, enviando y tomando sucesivamente.

Hazlo cabalgando sobre la respiración.

Tres objetos, tres venenos, tres pilares de virtud (atracción, repulsión e indiferencia).

Ejercita frases en todo tipo de conductas.

 

Empieza el desarrollo del tomar contigo mismo.

Cuando el mal llene los universos animados e inanimados, transforma las malas circunstancias en camino hacia tu budeidad.

Conduce toda responsabilidad hacia uno.

Sé agradecido con todos.

La insuperable protección del vacío es ver las manifestaciones de la confusión de los cuatro kayas. (Dharmakaya o cuerpo del vacío— nirmanakaya o cuerpo de creación—sambogakaya o cuerpo de dicha— swabhakaya o cuerpo de la naturaleza última)

Un medio excelente es: tener las cuatro provisiones. (Observación, análisis, elección del silencio, alejamiento de la tensión)

Para conducir al camino rápidamente cualquier situación, tan pronto como se dé, únela con meditación.

El conciso compendio de instrucciones sobre el corazón es: trabaja con las “Cinco Fuerzas”. (Intensidad; hacer lo que se que quiere hacer; fuerza de las semillas blancas o elección de lo bueno; alejamiento del ego y su mundo; dar: dedicación al bienestar de los demás)

Las instrucciones para la transferencia del mahayana son: las “Cinco Fuerzas”.

La conducta es importante.

El propósito de todo el Dharma está contenido en un punto.

 

3

 Capta el principio de los dos testigos.

Confía siempre en un estado mental dichoso.

Aunque estés distraído, si puedes hacerlo, es todavía adiestramiento de la mente.

Siempre observa los tres puntos generales.

Cambia tu inclinación y mantenla.

No discutas defectos.

No pienses en nada que sea asunto de los demás.

Adiéstrate primero contra la mayor mácula.

Abandona toda esperanza de resultados.

 

4

  Abandona todo alimento tóxico.

No seas coherente.

No hagas chistes maliciosos.

No esperes a que se dé la oportunidad.

No golpees al corazón.

No traslades la carga de la vaca al toro.

No apoyes al favorito.

No mantengas puntos de vista equivocados.

No caigas en la trampa del demonio celestial.

 

5

 No te causes dolor por deleites espurios.

Todas las absorciones se efectúan en una.

Un método corregirá todo lo incorrecto.

Al principio y al final hay que hacer dos cosas.

Sé paciente, ocurra una u otra cosa.

Observa dos preceptos incluso aunque con ello arriesgues la vida.

Supera las tres dificultades.

Abraza las tres partes de la causa principal. Medita sobre las tres cosas que no deben ser destruidas.

Haz que las tres sean inseparables de la virtud.

 

 

6

  Ejercítate imparcialmente en todas las áreas;

Es importante haberse ejercitado con total intensidad en todos los aspectos de todas las cosas.

Medita siempre sobre objetos específicos.

No debes preocuparte por otros factores, así que aplícate a los asuntos importantes.

No hagas las cosas al revés.

No vaciles.

Adiéstrate en un modo de desconexión.

 

7

 Encuentra la libertad mediante el examen y la investigación.

No alardees.

No dejes que te consuma la envidia.

No actúes caprichosamente.

No cuentes con la gratitud de la gente.

El elixir de la quintaesencia de estos consejos por el que el avance de los cinco procesos de descomposición se transforma en Camino Bodhi, lo transmite Dharmakirti.

Con el despertar de la energía kármica de nacimientos previos y la virtud de mi intenso interés hice caso omiso del sufrimiento y la mala reputación y busqué instrucción para controlar el aferramiento al ego.

Ahora, aún cuando muera, no tendré pesar alguno. 

domingo, 10 de mayo de 2009

LA NATURALEZA DE BUDDHA
por S. S. Dilgo Khyentse Rinpoche

¿Es correcta mi meditación? ¿Cuándo sólo haré progresos? Nunca lograré el nivel de mi maestro espiritual. Haciendo malabares entre la esperanza y la duda, nuestra mente nunca está en paz.

Según como ande nuestro humor, un día practicaremos intensamente y nada en absoluto al siguiente. Nos quedamos enganchados a las experiencias agradables que emergen del estado de calma mental, y deseamos abandonar la meditación cuando no podemos retrasar el flujo de los pensamientos. Esta no es la manera apropiada de practicar.

Sea el estado que fuera de nuestros pensamientos, debemos dedicarnos con constancia a la práctica regular, día tras día; observando el movimiento de nuestros pensamientos y de nuevo remontarlos a su fuente. No debemos creer que inmediatamente seremos capaces de mantener el flujo de nuestra concentración día y noche.

Cuando comencemos a meditar en la naturaleza de la mente es preferible hacer sesiones cortas de meditación, varias veces al día. Con perseverancia, realizaremos progresivamente la naturaleza de nuestra mente, y esa realización llegará a ser más estable. En esta etapa, los pensamientos perderán su poder de disturbarnos y dominarnos.

La vacuidad, la naturaleza última del Dharmakaya, el Cuerpo Absoluto, no es la simple inexistencia. Ella posee intrínsecamente la facultad de conocer todos los fenómenos. Esta facultad es el aspecto luminoso o cognoscitivo del Dharmakaya, cuya manifestación es espontánea. El Dharmakaya no es el producto de causas y de condiciones; es la naturaleza original de la mente.

El reconocimiento de esta naturaleza primordial se parece al levante del sol de la sabiduría en la noche de la ignorancia: la oscuridad se disipa inmediatamente. La claridad del Dharmakaya no crece ni disminuye como la luna; es como la luz inmutable que brilla en el centro del sol. Cada vez que las nubes se agrupan, la naturaleza del cielo no se corrompe, y cuando se dispersan, ella no se mejora. El cielo no disminuye ni resulta más amplio. No cambia. Igual es con la naturaleza de la mente: no resulta estropeada por la llegada de pensamientos; ni mejorada por su desaparición. La naturaleza de la mente es vacuidad; su expresión es claridad. Estos dos aspectos son esencialmente imágenes sencillas diseñadas para indicar las diversas modalidades de la mente. Sería inútil unir a la vez en uno mismo la noción de vacío y luego la de claridad, como si fueran entidades independientes. La naturaleza última de la mente está más allá de todos los conceptos, de todas las definiciones y de toda fragmentación.

 ‘¡Puedo caminar en las nubes!' dice un niño. Pero si él alcanzara las nubes, se encontraría con que no hay donde asentar sus pies. Asimismo, si uno no examina los pensamientos, ellos presentan una sólida apariencia; pero si uno los examina, no hay nada allí. Eso es lo que se llama ser al mismo tiempo vacuidad y apariencia. La vacuidad de la mente no es nada, ni un estado de aletargamiento, porque posee por naturaleza una facultad luminosa de conocimiento que se llama Conciencia. Estos dos aspectos, vacuidad y conciencia, no pueden ser separados. Son esencialmente uno, como la superficie del espejo y la imagen que se refleja en él.

Los pensamientos se manifiestan dentro de la vacuidad y se reabsorben en ella tal como un rostro aparece y desaparece en un espejo; el rostro nunca ha estado en el espejo, y cuando deja de estar reflejado en él, no ha dejado realmente de existir. El espejo en sí mismo nunca ha cambiado. Así pues, antes de iniciar el camino espiritual, permanecemos en el llamado estado ‘impuro’ del samsara, el que, en apariencia, es gobernado por la ignorancia. Cuando nos comprometemos en este camino, cruzamos un estado donde se mezclan la ignorancia y la sabiduría. Al final, en el momento de la iluminación, solamente existe la sabiduría pura. Pero a lo largo de todo este viaje espiritual, aunque hay una apariencia de transformación, la naturaleza de la mente nunca ha cambiado: no fue corrompida al entrar en el camino y no fue mejorada en el momento de la realización.

Las cualidades infinitas e indescriptibles de la sabiduría primordial ‘el verdadero nirvana' son inherentes en nuestra mente. No es necesario crearlos, para elaborar algo nuevo. La realización espiritual solamente sirve para revelarlos con la purificación, que es el camino. Finalmente, si uno las considera desde un último punto de vista, estas cualidades son ellas mismas solo vacuidad.

Así el samsara es vacuidad, el nirvana es vacuidad y, por lo tanto, uno no es el ‘malo' ni lo otro `bueno'. La persona que ha realizado la naturaleza de la mente es libre desde el impulso de rechazo al samsara y el logro del nirvana. Es como un jovencito que contempla el mundo con inocente simplicidad, sin conceptos de belleza o de fealdad, bueno o malvado. Él no es más presa de tendencias que están en conflicto, de la fuente de deseos o de aversiones.

No responde a ningún propósito el preocuparse de las irrupciones de la vida cotidiana, como otro niño que goza con la construcción de un castillo de arena, y llora cuando se derrumba. Vea cómo los seres infantiles enfrentan las dificultades, como una mariposa que cae en la llama de una lámpara, para apropiarse de lo que codicia, y conseguir librarse de lo que odia. Es mejor dejar la carga que traer con uno todos estos agregados imaginarios.

El estado de Buddha contiene en sí mismo cinco ‘cuerpos’ o aspectos de la Budeidad: el Cuerpo Manifestado, el Cuerpo del Perfecto Gozo, el Cuerpo Absoluto, el Cuerpo Esencial y el Cuerpo de Diamante Inmutable. Éstos no deben ser buscados fuera de nosotros: son inseparables de nuestro ser, de nuestra mente. Tan pronto como hayamos reconocido esta presencia, se termina con la confusión. No tenemos ninguna otra necesidad de buscar la iluminación afuera. El navegante que desembarca en una isla hecha enteramente de oro fino, no encontrará una sola pepita, no importa cómo la busque arduamente. Debemos entender que todas las cualidades de Buddha han existido siempre intrínsecamente en nuestro ser.

Fuente: http://www.keithdowman.net/dzogchen/khyentse_meditation.htm

Versión en español, D. K. OM MANI PADME HUNG

viernes, 8 de mayo de 2009

WESAK




El 9 de mayo, durante la luna llena de Tauro, los budistas del Sur, celebran el Wesak, en recuerdo de la Iluminación del Gran Conquistador, el Señor Buddha Shakyamuni (). Si bien se desconoce la fecha exacta en que el Glorioso, el Victorioso "alcanzó el logro", en cada práctica del perfecto Dharma está la huella del Destructor de la Confusión.
¡TADYATHA / OM MUNI MUNE MAHA MUNE YE SOHA!

Discurso de Buda

"¿Con qué virtud, cuál es la conducta, alimentando que tipo de acciones, puede una persona tener la base correcta  y lograr la meta final?"

 "Uno debe ser respetuoso de quienes son sus superiores [1] y no envidioso; debe tener sentido del momento de acercarse a los maestros;[2] debe valorar la oportunidad  cuando hay un discurso del Dharma en progreso; debe escuchar con atención las palabras bien dichas; debe ir en el momento adecuado, humildemente, abandonando la tozudez, hasta la presencia del maestro; ambos deberán recordar y seguir  el Dharma, su sentido, refrenamiento y la vida santa.

 Disfrutando el Dharma, saboreando el Dharma, situado en el Dharma, con un sentido de como se  investiga el Dharma, uno no debe hablar en formas  que son destructivas para el  harma,[3]

uno debe guiarse a sí mismo  por palabras verdaderas y bien dichas.

 No tener refrenamiento, risas, charla interminable, lamentaciones, rencor, decepción, falta de sinceridad, codicia, orgullo, confrontación, dureza, acidez, infatuación, uno debería estar libre de intoxicación, estable en el interior.

 Comprender, el sentido interno  de las palabras bien dichas; es concentración, el núcleo interno del aprendizaje y del entendimiento.

 Cuando una persona es apresurada y descuidada  su discernimiento y su saber  no crecen.

Mientras aquellos que se deleitan en las doctrinas que enseñan los Nobles, no son superados en palabra, acción y mente. Ellos, se establecen en la calma,  la compostura y la  concentración, y han alcanzado lo que el discernimiento y el saber tienen en su núcleo interior "[4]

 

1.- De acuerdo al comentario, los superiores a uno incluyen a aquellos que tienen más sabiduría que uno, mas habilidad en la concentración y otros aspectos del camino y aquello que son mas antiguos que uno mismo.

 2.-El comentario dice que el tiempo adecuado para ver a un maestro es cuando uno esta superado por las pasiones, aversión y confusión, y no puede encontrar una salida por si mismo. Esto esta en concordancia con un pasaje en AN VI.26, en el que el Ven. Maha Kaccana dice que el tiempo adecuado para visitar a un “monje que se merece estimación” es cuando uno necesita ayuda en superar los cinco obstáculos o cuando uno no tiene un motivo apropiado para enfocarse y terminar con las construcciones mentales ilusorias.

 3.-El comentario equipara las "palabras destructivas para el Dharma” con "habla de animales". Ver la discusión en Pacittiya 85 en el Código Monástico Budista, Volumen I.

 4.- El núcleo interno del discernimiento y el saber es “soltar”, “liberar”.


Traducido por Ngakpa Konchok Thondup Dorje, un practicante laico, quien no mantiene correctamente su Samaya, para su propia motivación y para beneficio de todos los seres. Que el merito de este trabajo se multiplique y se transfiera para que el merito de todos los seres se aumente infinitamente y todos alcancen prontamente la insuperable y perfecta iluminación. Sarva Mangalam.

http://www.movimientorime.cl/rime 

jueves, 7 de mayo de 2009

AMITHABA THUNGDRUB DRUBCHEN


Noticia del website oficial DRIKUNG KAGYU.

7 de mayo, 2009

El Amitabha Thungdrub (Mil millones) Drubchen será realizado en el monasterio Dechen Choeku Ling de Ayang Rinpoche en Mundgod, al sur de India. Ayang Rinpoche conducirá el Dharmakaya Amitabha Thungdrub dando el de 10-Niveles de las enseñanzas de Amitabha al público y también conduciendo mil millones de mantras de Amitabha durante el Drubchen.

Durante el período de 15 días del Drupchen, Rinpoche solicita que los practicantes de todo el mundo canten el mantra  de Amitabha OM AMI DEWA HRI tanto como puedan.  Esto acumulará mérito y quitará obstáculos sobre muchos asuntos desafiantes para el mundo en estos tiempos difíciles. Los que lleven la cuenta de los mantras de Amitabha pueden informar sus cifras al final de cada tres días a

NY@amitabhafoundation.us,amitabhafoundation@yahoo.co.in 

or drikungcharitablesociety@yahoo.com.

 

Para más información sobre el Drubchen (práctica de recitación ininterrumpida) que se realiza desde el 7 al 21 de mayo,  y sobre el S.E. Ayang Riponche, maestro del Powa ChenMo, visite:

http://amitabhafoundation.us/





lunes, 4 de mayo de 2009

Enseñanza sobre el significado de los Ocho Ofrecimientos

Khenpo Konchog Gyaltsen Rinpoche (5/1/1993)

El tema de hoy es una explicación de la significación de las ocho ofrendas. Las hacemos a los seres iluminados en muchas prácticas --en la práctica de Vajrasattva, de Gurú Yoga, y en muchas más. Hemos estado haciendo esto durante mucho tiempo, así que pensé que sería útil si estudiamos un poco sobre lo que significa esa práctica.

Los seres iluminados no desean ni necesitan estas cosas. Hacemos las ofrendas en nuestro beneficio, para acumular grandes mérito y sabiduría. La iluminación, la Budeidad, se alcanza con las dos grandes cualidades - acumulación y purificación. Como usted sabe, Buddha tiene cualidades ilimitadas, que fueron alcanzadas con grandes acumulaciones y purificaciones. Nuestras ofrendas son una manera sencilla de acumular mérito y sabiduría.

 

OFRECIENDO AGUA PARA LAVARSE LA CARA O LA BOCA- Auspiciosidad

Primero está el agua que se ofrece para limpiar la boca o la cara. Significa auspiciosidad o todas las causas y condiciones propicias que traen efectos positivos. Así pues, haga un ofrecimiento del agua que es limpia, fresca, refrescante, suave, ligera, deliciosa, cómoda para la garganta y el estómago - estas cualidades son las de l auspiciosidad. Cuando bebe esa clase de agua, es saludable; si usted toma una ducha con ella es sanador. Mientras realiza esta ofrenda de este tipo de agua a los seres iluminados, visualice un océano de agua. Entonces dedicamos esta agua como una causa para que todos los seres sintientes también recojan causas y condiciones positivas. Éste es el primer ofrecimiento del agua – para limpiar la boca o la cara.

 

OFRECIENDO AGUA PARA LAVAR LOS PIES- Purificación

En segundo lugar está el agua para lavar los pies. Ésta es agua clara mezclada con el incienso o sándalo que se hacen como ofrecimiento a todos los seres aclarados de pies. El significado simbólico es la purificación. Limpiando los pies de los seres iluminados, limpiamos todo nuestro propio karma y oscurecimientos negativos. Haciendo ofrendas para limpiar los pies de los seres iluminados, realmente estamos limpiando los “pies” de nuestra propia mente. Con respecto a la dedicación y a la confianza, ofrecemos un océano de esta clase de agua a todos los seres iluminados para purificar todos los oscurecimientos temporales de nosotros mismos y de todos los seres sintientes. Los oscurecimientos se llaman “temporales” porque pueden ser purificados. Si fueran permanentes, no podríamos purificarlos aunque hagamos un esfuerzo. Medite mucho en esto cuando haga estas ofrendas. Todos los diversos tipos de oscurecimientos --karma burdo, sutil, negativo, emociones aflictivas y oscurecimientos a la iluminación-- todos estos distintos tipos de oscurecimientos son purificados completamente.

 

OFRECIENDO FLORES - Generosidad

Después está el ofrecimiento de una flor, la flor de la belleza de la iluminación. Significa la práctica de la generosidad y de apertura del corazón. Una flor es muy hermosa; y usted desea naturalmente guardarla. Pero cuando la ofrece a otros, hay una cierta sensación especial en la mente. Con esa conexión, haga la práctica del ofrecimiento, sin tacañería. Milarepa dijo que esta no es ninguna práctica especial de generosidad si uno está libre de tacañería. Medite en eso ofreciendo las flores, qué significa la práctica de la generosidad. Puedan todos los seres sintientes alcanzar la liberación y la dotación de una preciosa vida humana. Las flores se ofrecen a la cabeza de los seres iluminados, para que las usen en la corona de la cabeza. Dentro de la práctica de la generosidad, pensamos inmediatamente en dar abundancia, dar intrepidez, dar sabiduría -- hay muchos diversos tipos de generosidad. Generalmente cuando decimos generosidad, pensamos inmediatamente en dar abundancia, pero es no sólo eso. Por ejemplo, dando los medios de intrepidez que dan vida. Si alguien está asustado por su vida, como ahogarse en el agua, y si usted le da seguridad  en el agua, a esto se llama dar valentía, liberando a la vida del peligro. Dar sabiduría es una generosidad muy especial. Cuando damos la enseñanza a quién no tiene ninguna sabiduría --no sabe qué es el samsara, qué es iluminación, o cuál es la causa del sufrimiento --ese es un gran regalo. Ayudarles a entender : ¡Oh, eso es el samsara, esto es iluminación.” ¡Un gran regalo! Así, pues, el ofrecimiento de una flor simboliza generosidad.


OFRECIENDO INCIENSO - Disciplina, Ética Moral

El cuarto ofrecimiento es el incienso, que simboliza la ética moral o disciplina. La disciplina moral es una de las prácticas más importantes. En occidente, disciplina y moralidad quizá sean un poco diferentes. Lo que significa aquí es que cuando tenemos buena disciplina, hay moralidad. La disciplina está en la enseñanza del Dharma. Por ejemplo, dice, “haga esto, esto, esto. Siéntese así, medite así.” Se enseña como disciplina. Cuando hacemos eso, es buena ética moral; cuando no podemos hacer estas cosas que se enseñan para hacer, entonces no hay moralidad, ninguna ética. En sánscrito se llama “shila”. Shila significa frescura, frescor. Cuando tenemos buena disciplina, este frescor libera la  mente del sufrimiento. Cuando permanecemos adecuadamente en esta posición, relaja la mente y la libera de agitación. Todas estas disciplinas son parte del proceso de progresar en nuestra práctica de meditación. A menos que estas disciplinas y éticas morales estén presentes, no es posible alcanzar la iluminación. Por lo tanto, Buddha dio estas tres enseñanzas -- la ética moral, samadhi y sabiduría -- y las llamó los tres entrenamientos. Estos tres entrenamientos son muy importantes. La sabiduría o la profundización especial viene del samadhi, de la estabilidad y de la fuerza de la mente. Esa clase de fuerza en la mente se basa en la disciplina y la moralidad. Todas se relacionan la una con la otra, están conectadas y depende una de la otra. Por lo tanto, la ética moral es un aspecto muy importante del camino. El incienso, que es la naturaleza de la moralidad, hace la ofrenda a la nariz de los seres iluminados. Los seres iluminados no se vinculan al olor, sino a nuestra pureza. Toda la gente respeta a los que han mantenido bien la ética moral. No importa quiénes sean, ellos consiguen respecto porque son dignos de confianza y confiables. Esa clase de persona da un buen olor, tienen buen aroma, y atraen a la gente por eso. No sólo esa moralidad atrae a la gente, sino también las cualidades de los seres iluminados. Es su fundamento/base, como la tierra en que crece toda la “cosecha” de las cualidades iluminadas.

 

OFRECIENDO LUZ- Paciencia

El quinto ofrecimiento es la luz o una lámpara, que significa la estabilidad y la claridad de la paciencia, la belleza que disipa toda la ignorancia.  El ofrecimiento de luz se hace a los ojos de todos los seres iluminados, que ven claramente sin error. Alguna gente siente que la paciencia demuestra debilidad o pesimismo. Pero, realmente, la paciencia demuestra fuerza y claridad en la mente, que se basan en la sabiduría y la compasión. Sin sabiduría y compasión apropiadas, uno no puede practicar paciencia. La luz demuestra esta fuerza de la mente, la naturaleza clara, estable de la mente, alcanzada con la práctica de la paciencia. Porque la mente no es disturbada por otras fuerzas, tiene esas grandes cualidades: la claridad sabe qué debe ser hecho, qué es necesario, qué no es necesario. Eso disipa la ignorancia. La paciencia se puede practicar en diversas formas, diversas maneras, no en el momento en que se hace frente a la gente con cólera. Por ejemplo, hay paciencia en la práctica y el estudio del Dharma. Primero, esto se basa en la sabiduría, así que debemos tener realmente esa sabiduría para conocer qué es el Dharma, qué cualidades tiene,  la profundidad y amplitud del Dharma, y cómo podemos alcanzar estas cualidades. Viendo esas grandes cualidades, entonces necesitamos paciencia para estudiar y practicar. Cuando tenemos eso, hay una mente de claridad, de estabilidad. Por otra parte, no debemos ser pacientes con nuestras emociones aflictivas. ¡Cuando tenemos cólera, deseo, celos, orgullo, no debemos practicar paciencia con estos! Ésta es la manera incorrecta de practicar paciencia. Aunque es duro o doloroso, éstos son asuntos a ser liberados o purificados; no hacen ninguna buena cosa. Sin sacrificar algo no hay oportunidad de que tengamos paz y felicidad. No importa qué clase de dolor enfrentemos, qué circunstancias difíciles, tenemos que pasar sobre ellas. Aunque tengamos que sacrificar esta vida, es mérito sacrificarla. Muchas personas confían en el suicidio para conseguir librarse de todas estas emociones aflictivas. Son dominados por las emociones aflictivas y se matan. Esta es la manera incorrecta de sacrificar esta vida. Tenemos que sacrificar esta vida de otra manera. Buddha dijo que si tenemos que perder nuestra vida por guardar la disciplina moral, es un final justo de esta vida, pero las próximas vidas serán más altas y más altas, mejores y mejores. Pero si lo hacemos de otra manera y sacrificamos esta vida para las emociones aflictivas, entonces iremos de peores en peor. En el texto de Shantideva se dice que no debemos confiar en el suicidio o dar este cuerpo sin ningún propósito. Mucho, debemos apreciar mucho esta preciosa vida humana. Se da una explicación. Cuando un árbol medicinal es una planta muy pequeña, tiene que ser protegido para que crezca como un árbol enorme. Si usted lo toma cuando es pequeño, solamente beneficiará a algunos y se acabará. Pero si lo protege bien con muchas cercas, crecerá como un árbol enorme que traerá frutas, flores, raíces, hojas, ramas en beneficio de muchos, de muchos seres sintientes. De modo semejante, tenemos una mente frágil en este tiempo. Debemos proteger esta preciosa vida humana con todos estos antídotos, cercas, para dejarla crecer grande. Entonces podemos beneficiar a muchos seres sintientes. Por la práctica de la paciencia, vendrán todas las 112 marcas principales y menores de un Buddha. Por supuesto, no debemos tener expectativa en ello, pero resultados de la paciencia son salud, un buen cuerpo, que atrae a toda la gente, es respetado y admirado. Todo esto viene de la práctica de la paciencia.

 

OFRECIENDO AROMA-Perseverancia

Después sigue el ofrecimiento del perfume o de la fragancia del azafrán o del sándalo. -- los diversos tipos de perfume. Eso significa perseverancia o esfuerzo gozoso. A través de esta cualidad, uno desarrolla todas las cualidades de la iluminación. Sin perseverancia, sin esfuerzo gozoso, nada puede ser alcanzado. Incluso en el samsara, tenemos que trabajar tan difícilmente para alcanzar cualquier cosa. Mucha gente sacrifica muchas cosas apenas para el logro samsárico. Usted sacrifica su vida por su trabajo; ¿si usted muere, qué hará con su riqueza? Ahora, vea el otro lado -- estudio y práctica del Dharma. Cuando podemos hacer un gran esfuerzo para estudiar, practicar el Dharma, tenemos que sacrificar alguna pequeña cosa. Se dice en el texto de Shantideva que estudiar el Dharma es la causa de la liberación del sufrimiento. ¿Para alcanzar la última iluminación, la última felicidad, por qué no podemos hacer esto? Otros en el samsara sacrifican incluso su vida por sus logros, pero esto se convierte en causa solo de sufrimiento. Vea eso. Como las flores fueron ofrecidas a los ojos de la iluminación, los perfumes son ofrecidos a la mente de Buddha porque la perseverancia es el corazón de la iluminación. Generosidad perfecta, la ética moral, paciencia, samadhi, sabiduría - todos dependen de la perseverancia. Sin esfuerzo gozoso ninguno de ellos pueden ser logrados, porque es el corazón, la esencia. Medite eso en el ofrecimiento, puedan todos los seres sintientes progresar en su logro de las cualidades de la iluminación.

 

OFRECIENDO COMIDA DELICIOSA - Samadhi

El sétimo es el ofrecimiento de la comida deliciosa que tiene muchos sabores diferentes. La cualidad deliciosa, excelente del alimento significa el samadhi, que es un néctar o ambrosía para alimentar la mente. Este es un ofrecimiento a la lengua de los seres iluminados, Buddhas y Bodhisattvas. El samadhi también es la fuente de todos los siddhis como la clarividencia. Hay dos tipos diferentes de clarividencia –la clarividencia ordinaria generalmente es de otras vidas. El otro tipo es la clarividencia especial de la profundización, que alcanzamos en el curso de estaa vida con la práctica de la meditación. Volando en el cielo, hay diversos tipos de poder milagroso, que pueden ser alcanzados con el samadhi, la virtuosa concentrada. La mente muy estable, mente concentrada, clara, tranquila, pacífica del samadhi se convierte en base para alcanzar todas las cualidades de la iluminación. El alimento simboliza el samadhi porque comiendo el alimento se mantiene este cuerpo, y el samadhi es una clase de alimento que mantiene la mente como el cuerpo físico. Cuando usted alcanza cualquier clase de samadhi, es el goce del esfuerzo que hizo antes, y puede también convertirse en el camino para conseguir una fruición más alta. Generalmente, cuando comemos el alimento sano nutritivo, nuestra salud se hace mejor. Así tenemos el alimento nutritivo del samadhi, que cuida la salud de la mente. Hace a la mente sana, clara, tranquila y pacífica. Haciendo este ofrecimiento del alimento delicioso, pueden todos los seres sintienes tener la salud que resulta del alimento del samadhi. Puedan todos los seres sintientes tener la naturaleza del samadhi, la cualidad.

 

OFRECIENDO INSTRUMENTOS MUSICALES - Sabiduría

El último es el ofrecimiento de los instrumentos musicales. Hay diferentes tipos de instrumentos -- se ofrecen címbalos, campanas, guitarras, laúdes - - todos son ofrecidos. Su naturaleza es la sabiduría, que hace un ofrecimiento a los oídos de los Buddhas y Bodhisattvas y todos los seres iluminados. El sonido representa la sabiduría porque la sabiduría es una energía especial de la mente que penetra los fenómenos. La compasión se alcanza con la gran sabiduría; la interdependencia de todos los fenómenos se observa con la gran sabiduría. Por supuesto, todos los fenómenos tienen la naturaleza de la interdependencia, de las causas y de las condiciones, pero el sonido es especialmente fácil de entender. ¿Si toca una guitarra, de qué depende el sonido? No viene del pedazo de madera, la cuerda, no del dedo. ¿De dónde viene? Viene de todas estas cosas, sola ninguna es suficiente para producir el sonido. Esa naturaleza se llama ilusión. Podemos oír el sonido, pero no tiene ninguna existencia independiente. Entonces, debemos ver todo el sonido teniendo esa naturaleza. Apenas viene y va como un eco. Esa realización es sabiduría, y con esa realización podemos lograr cualidad supermundana. Pueda la sabiduría, esa calidad supermundana, aparecer en las mentes de todos los seres sintientes y los libere de toda confusión e ignorancia. Puedan ellos alcanzar la iluminación.


(Una transcripción editada de la charla dada por Khenpo Konchog Gyaltsen Rinpoche en May 1, 1993 en el  Tibetan Meditation Center, publicada en "The Dharma Wheel", Verano de 1993)

Versión en español K.D. En beneficio de la iluminación de todos los seres sensibles.

jueves, 16 de abril de 2009

El Renacimiento en la Tradición Budhista

Reginald Ray 

ENTRE LAS RELIGIONES DEL MUNDO, puede decirse que el budismo es único, por la importancia que concede a la comprensión del nacimiento, la muerte y el paso a la existencia siguiente, o en otras palabras, la reencarnación (punarbhava), como se denomina al conjunto de estos tres fenómenos en la tradición. La mayoría de los occidentales piensan que la reencarnación es una creencia popular asiática, según la cual las personas nacen una y otra vez, de acuerdo con la ley del karma. Aunque tal idea es en esencia correcta, pasa por alto otros dos aspectos primordiales de la doctrina: en primer lugar, el hecho de que la reencarnación ocurre entre una y otra vida, pero también opera constantemente en la vida ordinaria; en segundo lugar, que la reencarnación ocurre de manera distinta en el caso de la gente común y en el de los santos. De esta forma, en el presente trabajo examinamos estas importantes dimensiones de la teoría budista de la reencarnación, a saber, el tránsito de una vida a la siguiente entre la gente común y en el contexto de la vida ordinaria, y la forma en que ocurre entre los santos. 

Es bien sabido que el budismo suele adoptar una actitud práctica frente a los asuntos religiosos, lo cual también es cierto en el caso de la reencarnación. El budismo no sólo teoriza sobre estos fenómenos, sino que también los examina de manera experimental. Esta exploración es posible mediante diversas técnicas de meditación que hacen que la mente sea cada vez más sensible y amplían su capacidad de percepción más allá de los límites de conciencia de una persona normal. Gracias a ello, los meditadores budistas han aprendido e inferido muchas cosas sobre la muerte y el renacimiento que no son asequibles a la medición científica y a los tipos de comprobación colectivos y estandarizados que ésta ofrece. En las siguientes páginas se examina la experiencia de la reencarnación a partir del saber popular sobre los santos budistas del pasado y el presente. 

El budismo, como otras religiones, se interesa por la muerte y el renacimiento no sólo para beneficio de los agonizantes y los muertos, sino también para ayudar a los vivos. Las enseñanzas budistas sobre la muerte y el renacimiento se han aplicado tradicionalmente para instruir a los moribundos, ayudar a que los deudos comprendan y acepten la muerte de la persona amada, e incluso para auxiliar a la persona fallecida en la continuación de su viaje. Asimismo, las enseñanzas incluyen prácticas de meditación que la gente debe cultivar a fin de prepararse para su propia muerte, pero también para investigar los fundamentos mismos de la mente. En el Tíbet, por ejemplo, una práctica avanzada consistía en una meditación que reproducía la experiencia de la disolución psicológica que ocurre al momento de la muerte. Al atravesar de manera consciente ese territorio desconocido y aterrador, el meditador podía ir más allá de la conciencia condicionada y entrar en contacto con ese núcleo incondicionado, radiante y libre de obstrucciones de la mente. 

Renacimiento ordinario: muerte y reencarnación en vidas sucesivas

De acuerdo con el budismo, cuando el cuerpo físico muere, nuestra mente –que es, de hecho, una forma más sutil de la conciencia-- se separa de él. En vida, la conciencia es modelada y condicionada por las tendencias kármicas que la persona ha acumulado a lo largo de incontables vidas y, al morir, la conciencia sutil lleva consigo dichas tendencias, en su tránsito hacia el renacimiento. Durante el proceso de la muerte, luego de la extinción sucesiva de los sentidos, la conciencia se retira a su lugar de reposo, en el centro del corazón. En el caso de una persona común, la percepción consciente disminuye en forma gradual y al momento de morir le sobreviene una pérdida de conciencia, similar a la que experimentamos cuando nos quedamos dormidos. Pasado algún un tiempo despertamos, pero en un principio no nos percatamos de que hemos muerto, hasta que, según dicen los textos, ciertas experiencias nos revelan lo que ha ocurrido: cuando tratamos de hablar con nuestros familiares o amigos, ellos no perciben nuestra presencia ni escuchan nuestras palabras; si nos paramos frente al sol, no proyectamos sombra alguna; si caminamos sobre la arena, no dejamos huellas. Finalmente, nos damos cuenta de que nos hemos separado de la vida, que hemos muerto. 

Entonces sigue un estado posterior a la muerte, que puede ser breve o muy prolongado. Según la tradición tibetana, con la muerte se inicia un periodo que dura 49 días, durante los cuales existimos en el bardo, el estado intermedio entre la muerte y el renacimiento. Es una existencia puramente mental; la conciencia no tiene sino un cuerpo muy sutil, creado por la mente. En ese estado seguimos teniendo experiencias, pero, al no estar sustentadas en la existencia física, son extraordinariamente vívidas, extrañas y atemorizantes. La conciencia ordinaria ansía con desesperación hallar una nueva encarnación física, reafirmar su existencia, para lo cual busca aquello que le es familiar o, en otras palabras, el mismo tipo de situación que tenía cuando murió. En términos budistas, intenta ligarse a una situación que coincida con su estado kármico al momento de morir. 

En su búsqueda de un cuerpo y un entorno que le sean familiares, la conciencia es atraída por un hombre y una mujer cuya unión pueda ofrecerla la continuidad kármica que ansía. Según el budismo, la concepción ocurre cuando, por una parte, una hembra puede quedar embarazada y, por la otra, una conciencia busca la situación kármica que surgirá a partir de esa concepción. Cuando esas condiciones concurren, la “fertilización” tiene lugar, la mujer queda encinta y la conciencia encuentra un nuevo hogar. 

Pero no todos renacen en cuerpos humanos. El karma acumulado de algunas conciencias las conduce a otros reinos de existencia. En el budismo se conocen seis, todos ellos de naturaleza samsárica y condicionados por el karma, pero diferentes por la cantidad relativa de sufrimiento o felicidad que se vive en cada uno de ellos. Se dividen en tres reinos inferiores: el de los seres infernales, el de los espíritus hambrientos y el de los animales, y tres reinos superiores: el de los humanos, el de los semidioses y el de los dioses. 

De los tres inferiores, el más bajo es el reino de los infiernos del calor ardiente y el frío gélido (naraka), que se caracteriza por un entorno en extremo agresivo y doloroso. Las conciencias cuyo karma ha sido generado por la ira y agresión incontroladas y por el daño ocasionado a otros seres renacen en el reino de los infiernos, el cual corresponde a ese estado mental. Arriba de éste se encuentra el reino de los espíritus hambrientos (preta), que sufren un sentimiento constante de miseria física y psicológica, y padecen una sensación intensa de hambre y sed. El karma que genera una vida basada en el deseo, la avaricia y la ambición, y que sólo ve en los demás un medio para lograr sus fines conduce al renacimiento en este lugar. También renacen aquí las conciencias de las personas cuya vida fue interrumpida prematuramente y no pudieron desprenderse de su apego a ella. Estos espíritus merodean entre los vivos durante muchos años, o incluso siglos, y frecuentan los sitios que conocieron, tratando de ponerse en contacto con los vivos y de saciar su sensación de insatisfacción. 

El reino superior de los tres inferiores es el de los animales, caracterizado por la ignorancia y las conductas fijas. Las conciencias que nacen aquí son aquellas que en otras vidas se comportaron de manera torpe y necia, y que voluntariamente ignoraron todo lo que fuera ajeno a su rutina, con lo que causaron daño a otros o ignoraron sus necesidades. En los tres reinos inferiores lo que predomina es el sufrimiento, mientras que en los tres superiores hay menos dolor y más felicidad. El reino inmediato superior al de los animales es el de los humanos (manusya), en el que se vive un equilibrio relativo de sufrimiento y felicidad. El reino humano es el más propicio para lograr la iluminación y sólo en él puede alcanzarse el estado de un Buda. La ventaja del reino humano es que en los dos superiores la felicidad es tal que los seres no encuentran la motivación para cambiar su situación, mientras que en los inferiores el sufrimiento es tanto que los seres no son capaces de distanciarse lo suficiente de él para aprender de sus experiencias y cambiar. Sólo en el reino humano se sufre lo necesario para que surja la motivación de buscar el desarrollo espiritual, pero no a tal punto que las personas sean completamente abatidas por el dolor. 

Por arriba del reino humano se encuentran los reinos de los dioses (deva) y de los semidioses (asura), en los que la felicidad es muy grande y el lapso de vida sumamente extenso. Renacer en estos dos reinos superiores es el resultado de la amabilidad y generosidad practicadas en vidas anteriores. Sin embargo, pese a lo positivo de su existencia, los seres de estos dos reinos viven aún inmersos en el samsara, pues el apego a su situación produce semillas kármicas que tarde o temprano los harán caer. 

Renacimiento ordinario de un instante al otro, en el lapso de una vida

La doctrina de la reencarnación en cuanto al tránsito de una vida a otra está relacionada con una concepción más sutil, según la cual la reencarnación tiene lugar dentro de las funciones mismas de la mente. El budismo enseña que el concepto de un “yo” sólido y continuo no proviene de la realidad, sino que es una idea que imponemos a nuestra experiencia fundamental de transitoriedad y discontinuidad. Sin embargo, nos aferramos a la existencia de un “yo” porque ansiamos ser, existir, continuar, ser cada vez más, obtener poder y control, nunca cesar, nunca morir. La oposición entre nuestro afán de querer ver un “yo” sólido y el hecho real de que éste no existe es lo que produce el sufrimiento continuo de la existencia humana. Cuando la realidad no es lo que deseamos y nos empecinamos en que así sea, lo que resulta es sufrimiento. Mientras más negamos lo que en verdad experimentamos, más intenso es nuestro dolor; mientras más luchamos, más egocéntricos, neuróticos, indiferentes a los otros y perversos nos volvemos. 

No obstante, la vivencia de la impermanencia y la discontinuidad que todos experimentamos, por subliminal que sea, revela la percepción de una inteligencia excepcionalmente clara. Es esta inteligencia, inherente a todos los seres, la que percibe las cosas tal como éstas son (yathabhutam). Esta percepción o inteligencia es anterior al ego y es lo que se llama la naturaleza búdica (buddha-gotra), fundamental a todo ser humano. Por el contrario, la creencia en un “yo” permanente es contingente, incidental y relativamente superficial. Puede velar en mayor o menor grado la naturaleza búdica, pero no puede destruirla, dañarla o siquiera empañarla. Por mucho que nos esforcemos en negar lo que es verdad (que no existe un “yo”) e insistamos en lo que no lo es (que existe), nunca tendremos éxito del todo. Mientras más neurótica sea nuestra actitud a este respecto, más deberemos luchar para defender nuestra ilusión y más daño haremos a otros como resultado de ello. 

Según el budismo, la concepción convencional de la muerte está inseparablemente ligada a la idea de un “yo”, pues presupone la idea de algo que hoy realmente existe y que, en algún momento, dejará de existir. Si bien, para nosotros la muerte significa la extinción del “yo” que consideramos ser, en realidad eso ocurre de manera constante, en cada momento de la existencia. La idea del “yo” (y el “yo” no es otra cosa que una idea), como el resto de nuestros conceptos, nace, vive transitoriamente y desaparece. En otras palabras, esa muerte del “yo” que tanto tememos es parte integral y constante de nuestra experiencia. Sin embargo, no nos percatamos de ello debido a nuestro miedo a la no existencia, a nuestra obstinada ignorancia, y a la inercia de nuestras estrategias de evasión, conocidas como karma, que hemos desarrollado a lo largo de vidas incontables. Pero, como lo mencionamos antes, todos estamos subliminalmente conscientes de la muerte constante del “yo”, a cada momento, y es esto lo que nos produce tanto miedo a la muerte física. 

Así, cada instante de vida lleva en sí la muerte de nuestro amado “yo”, muerte que es seguida por un renacimiento –determinado por la ignorancia y las formaciones kármicas–, de otra “encarnación”, por así decirlo, de la idea del “yo”. Este proceso continuo de muerte y renacimiento, según el budismo, no difiere en esencia del proceso que ocurre cuando morimos físicamente y renacemos. El proceso es exactamente igual, salvo que en la muerte y renacimiento de instante a instante tomamos el mismo organismo físico como base de nuestro concepto del “yo” (nuestro cuerpo físico en esta vida), mientras que, al morir físicamente, debemos buscar otro soporte físico, otro cuerpo. 

Pero, aún queda una pregunta importante sin responder. ¿Si no existe un “yo” permanente, qué produce la continuidad de un momento al otro y de una vida a la siguiente? Como es obvio, existe cierto tipo de continuidad: nadie se convierte en una persona completamente distinta a cada momento, y el budismo insiste en la continuidad kármica entre las vidas sucesivas. Dicho de manera simple, lo que renace una y otra vez no es otra cosa que una idea, la idea del “yo”; es la creencia arraigada que tiene cada persona de que él o ella es una entidad substancial y continua, la cual persiste al ignorar la realidad de las cosas. Esta ignorancia tiene como base ciertos patrones de evasión, que permanecen de un instante al otro y de una vida a la otra. Pero tal permanencia es una ilusión, no una realidad substancial. Cada momento de ilusión condiciona y da lugar al siguiente momento de ilusión, que tendrá la misma estructura. Sin embargo, entre un instante y otro hay un lapso, en el cual la idea ilusoria del yo podría ser desterrada. La sucesión de esas ideas sobre el yo, discontinuas pero kármicamente ligadas, se llama “flujo de vida” (samtana en sánscrito, gyü en tibetano). El flujo de vida lleva consigo todos los efectos de las acciones pasadas y, por la ignorancia, éstas dan lugar a una serie incesante de renacimientos. Cada nacimiento de la conciencia está condicionado por los nacimientos anteriores y, a su vez, determina las condiciones del siguiente nacimiento. 

No obstante, una vez que el velo de la ignorancia cae tras la experiencia de la iluminación, el flujo de vida cesa. Ciertamente, la persona iluminada seguirá viviendo hasta que la inercia kármica de su existencia física se agote, pero una vez que muera no volverá a renacer. La idea del “yo”, basada en la ignorancia, se habrá desvanecido con la iluminación y, sin tal idea, no hay renacimiento. Es interesante que, en esas personas, incluso la “reencarnación” de instante a instante no opera como lo hace en la gente común. Esto lo ilustran las biografías de los grandes maestros realizados, en las que suele describírseles como imprevisibles y sin esa continuidad de la personalidad que la mayoría de nosotros atribuye a la individualidad. 

Reencarnación extraordinaria: los tulkus o lamas encarnados

El renacimiento en alguno de los seis reinos por lo general ocurre como resultado de la fuerza ciega del karma, que genera la compulsión irrefrenable de recuperar el territorio del ego. Sin embargo, algunas personas renacen en los seis reinos por una motivación diferente. Son individuos que, mediante la práctica espiritual, han logrado una gran realización. En estas personas la inercia kármica que lleva al renacimiento en el samsara se ha agotado total o casi totalmente y, a menos que hubiera algún otro motivo, dejarían de renacer. 

El budismo enseña que la comprensión de la realidad siempre va acompañada de la compasión. A medida que se vislumbra la sabiduría, cada vez con más claridad, surge un sentimiento más profundo de afecto y bondad hacia los otros seres, y el desarrollo de la compasión lleva de manera natural a la aspiración de ayudar a los seres sensibles que aún están atrapados en el ciclo del nacimiento y la muerte. Los practicantes del budismo Mahayana obedecen a esta aspiración, al tomar el voto del bodhisattva de continuar renaciendo en el samsara hasta que todos los seres hayan alcanzado la iluminación. En los bodhisattvas más avanzados, dicho voto los hace seguir renaciendo en los seis reinos, aun mucho después de que su compulsión egóica de renacer ha cesado. Dado que el apego a la idea del ego ya no constituye el “pegamento” que mantiene unido el “flujo de vida” del bodhisattva, debe ser otra fuerza la que cumpla esa función: es la aspiración y el voto del bodhisattva lo que mantiene unida la fuerza de la vida en una continuidad y lo que le permite a él o ella seguir renaciendo. 

Antes de su iluminación, el Buddha Shakyamuni era un bodhisattva con ese alto nivel de realización y, a partir de él, ha habido innumerables personas realizadas que también han decidido renacer motivadas por la compasión. Algunas han sido budistas, otras no. Dentro del budismo, los bodhisattvas renacidos han sido a menudo identificados y, en ocasiones, incluso formalmente reconocidos. En la India, por ejemplo, se consideraba que los grandes santos tántricos (siddhas) con frecuencia eran este tipo de reencarnaciones (nirmanakaya) y surgió el concepto de linajes formalmente reconocidos de encarnaciones sucesivas del mismo santo. En otras palabras, el santo moría, renacía y se le reconocía como la reencarnación del maestro fallecido. Giuseppe Tucci menciona el caso del gran siddha (gran adepto tántrico) Nagarjuna, como ejemplo. El concepto de un linaje reconocido de encarnaciones sucesivas de un santo se desarrolló aún más en el Tibet, en la tradición de los tulkus o lamas encarnados. Es conveniente examinar esta tradición con más detalle, pues es un ejemplo primordial del concepto budista de la reencarnación en los santos. 

En la tradición Mahayana del Tíbet, cuando una persona santa moría, se creía que, por su voto de bodhisattva, renacería en el mismo lugar o cerca del país para seguir trabajando en beneficio de todos los seres sensibles. Después de pasado cierto tiempo de su fallecimiento, iniciaban la búsqueda para encontrar su reencarnación. Una vez encontrado, el niño –en ocasiones de apenas dieciocho meses de edad– era reconocido oficialmente. Si, como a menudo sucedía, su predecesor había sido abad de un monasterio o grupo de monasterios, se le instalaba de nuevo en su antigua posición y se le educaba para que, cuando alcanzara la mayoría de edad, asumiera plenamente las responsabilidades de su encarnación anterior. 

La palabra tibetana tulku (drul-ku, o nirmanakaya en sánscrito) está formada de dos partes:  ku (kaya en sánscrito) y tul (drul; nirmana en sánscrito). Ku es el término honorífico para un “cuerpo”, referido no a un cuerpo ordinario, sino a uno puro, libre de ignorancia y neurosis. Tul designa algo que es creado o modelado. Así, el término tulku o su correspondiente sánscrito, nirmanakaya, denota un ser físico que ha alcanzado la realización total y, estrictamente hablando, se refiere a la encarnación humana de un buda totalmente iluminado. Por otra parte, la tradición tibetana reconoce varios niveles de tulkus. Sólo los pocos que se encuentran en la categoría más alta se considera que han logrado la iluminación (aunque, incluso para ellos, la iluminación cósmica de un buda se encuentra aún muy lejos). 

El primer capítulo de la vida de un tulku sumamente realizado se inicia, de hecho, con la muerte y la existencia después de la muerte de su encarnación anterior. A diferencia de una persona común, cuando muere un bodhisattva de gran realización no pierde la conciencia, sino que permanece en un estado de paz y lucidez, en el cual las experiencias del bardo no se viven como amenazas, sino como manifestaciones de la energía del ser. Al no sentir la compulsión de renacer por el terror o el deseo, sino llevado por su compasión hacia todos los seres sensibles, el bodhisattva de gran realización puede elegir la situación en la que haya de proseguir su labor de ayudar a todos los seres sintientes. Dado que, en el budismo tibetano, los tulkus desempeñan un papel central en la organización y la vida espiritual de la comunidad monástica y de sus relaciones con los laicos, la localización de su encarnación se considera de capital importancia. El reconocimiento de los tulkus se lleva a cabo mediante un proceso multifacético. La parte más importante de éste es la intuición de un gran guru, un maestro que posee una percepción libre de obstrucciones y que, en ocasiones, conoció a la encarnación anterior, por lo que, con solo mirar al niño, puede decir si es la auténtica reencarnación. La intuición también puede manifestarse a través de visiones o sueños. 

Algunas veces, los responsables de reconocer a los tulkus acuden a lugares sagrados en busca de tales visiones. Uno de estos lugares era el lago Lamoi Lhato, cerca de Lhasa, famoso porque en él se obtenían diversos tipos de visiones y guía espiritual. Por ejemplo, para el reconocimiento de Su Santidad, el decimocuarto Dalai Lama, el regente viajó a ese lago y, durante su meditación, tuvo una visión decisiva, que le permitió encontrar al nuevo Dalai Lama. 

Las intuiciones, sueños y visiones de los grandes gurus constituyen la parte central del proceso de reconocimiento de las reencarnaciones, pero también otros factores ofrecen indicios y confirmaciones importantes. En ocasiones, los fenómenos que rodearon la muerte de la encarnación anterior brindan pistas iniciales sobre dónde buscar a la nueva encarnación; otras veces, la identificación de los tulkus es facilitada por las indicaciones que deja un maestro antes de morir. Por ejemplo, entre los más altos miembros de la orden principal de encarnaciones de Karmapa, es tradicional que el maestro que va a fallecer deje una carta en la que, a veces, revela información muy precisa sobre la identidad que tendrá en su próxima encarnación y sobre cómo puede ser hallado. 

Asimismo, los padres de una encarnación pueden ofrecer indicios importantes. Se dice que cuando la conciencia de un tulku entra en el vientre de su futura madre ocurren fenómenos inusuales. Por ello, a la madre de un niño que se cree puede ser un tulku se le pregunta si experimentó algo excepcional en el momento de la concepción de su hijo. Así, por ejemplo, una pastora humilde del este del Tíbet, que fue madre de un tulku, manifestó que el día de la concepción había soñado que un ser entraba en su cuerpo, como un rayo de luz. 

También se dice que cuando un tulku nace ocurren fenómenos inusitados, por lo que los padres, parientes y vecinos de la aldea anotan cualquier suceso extraño que hayan presenciado durante el nacimiento del posible tulku. Pueden ocurrir fenómenos como la floración de las plantas fuera de estación, la aparición de un arco iris en el cielo, la transformación de la leche en agua, o que los parientes tengan sueños inusuales. 

En sus primeros años de vida, los pequeños tulkus suelen mostrar conductas poco comunes, como reconocer y mostrar afecto por los amigos y discípulos de su encarnación anterior; saber, sin haber sido enseñados, cómo se realizan ciertos actos rituales y tradicionales; o permanecer sentados y sin hablar durante largos periodos. Quienes deben establecer la autenticidad de un tulku tienen que indagar si hubo ese tipo de fenómenos. 

Una vez que existe cierta certeza de que se ha localizado a una encarnación, la persona es sometida a diversas pruebas para determinar si es capaz de identificar correctamente los objetos que pertenecían a su encarnación anterior. Chögyam Trungpa Rinpoché platicaba la forma en que había sido puesto a prueba, a los dieciocho meses de edad: “Pusieron frente a mí pares de objetos iguales y, en cada ocasión, elegí el que había pertenecido al décimo tulku Trungpa; entre ellos había dos bastones y dos rosarios; también había pequeños pedazos de papel con nombres escritos en ellos y, cuando me preguntaron en cuál de ellos estaba escrito su nombre, escogí el correcto.” 

De manera similar, al futuro decimocuarto Dalai Lama se le mostraron dos rosarios negros, dos rosarios amarillos, dos tambores rituales y dos bastones. Uno de cada par había pertenecido al Dalai Lama anterior y, sin fallar, el pequeño niño eligió los objetos correctos. 

Una vez reconocido, el nuevo tulku por lo general es llevado a su monasterio, junto con su madre, si es demasiado pequeño. Ahí recibe varios tipos de entrenamiento. Se nos ha dicho que, en el caso de tulkus excepcionalmente realizados, el proceso de enseñanza a veces se asemeja más a un mero acto de recordar algo ya conocido, que al aprendizaje de algo nuevo. El Dalai Lama nos relató que, cuando tomó el rosario y el tambor ritual de su encarnación anterior, de inmediato se colgó el rosario en el cuello y empezó a tocar el tambor, haciendo ambas cosas de la manera prescrita. También afirma que, en ocasiones, los pequeños tulkus son capaces de cantar textos que no habían aprendido antes, al menos en su vida presente. Asimismo, Trungpa Rinpoché relataba que cuando llegó el momento de que aprendiera el alfabeto tibetano, pudo dominarlo por completo en una sola lección. 

En el contexto budista, este tipo de fenómenos se consideran manifestaciones naturales de la claridad y conciencia que conservan los tulkus a lo largo de las experiencias de la muerte, el estado intermedio y el renacimiento. La gente común podría tener recuerdos similares de sus vidas previas, salvo que la muerte y el proceso sucesivo que lleva al renacimiento se experimentan como terroríficos y traumáticos, por lo que se bloquea el recuerdo de la existencia anterior. 

¡¡¡ Sarvamângalam !!!

( ¡¡¡ Que todo sea auspicioso !!! )

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