miércoles, 26 de diciembre de 2018

LA BONDAD AMOROSA


La bondad amorosa es la mejor medicina
TULKU THONDUP RINPOCHE
Nuestra mente – no nuestro cuerpo – es lo que realmente somos, dice Tulku Thondup Rinpoche, y la mente que es tranquila, dichosa y profundamente amorosa es la base de la verdadera salud y la sanación.


La esencia de la bondad amorosa es desear dicha para los demás.
Como una madre amorosa para su hijo,
Sirve a los demás ofreciendo todo tu cuerpo, riqueza y méritos
Y soporta todas las heridas causadas por ellos.

—Rigdzin Jigme Lingpa
El Buddha dijo: «La mente es la cosa principal y es el líder.» El cuerpo no es nuestra identidad. La mente es nuestra identidad. Es quienes somos. Por eso, desde la perspectiva del Buddha, obrando con la mente es la base de la salud y de la sanación. Si nuestra mente es amorosa y pacífica, de manera espontánea nos tornaremos fuertes y sabios, aun si nuestros cuerpos tienen dificultades. El modo de alcanzar esto es por medio de la práctica de la bondad amorosa.

Según la medicina tibetana, una mente tranquila y dichosa ayudará a equilibrar los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire, que son los componentes básicos de nuestro cuerpo y hará que la circulación de nuestro sistema energético funcione normalmente. Y al final de nuestra vida, cuando nuestra mente abandone el cuerpo y comience a migrar, las experiencias saludables que hemos generado a través de la práctica de la bondad amorosa nos asegurarán un renacimiento pacífico y alegre. Entonces, si honestamente deseamos cuidarnos a nosotros mismos y servir a este planeta de una manera significativa, para sanarnos a nosotros mismos y a los demás, es la verdadera bondad amorosa la que debemos generar firmemente en nuestra propia mente y corazón.

Bondad amorosa (maitri en sánscrito, metta en pali) no es simplemente una cualidad que tenemos. Es una importante meditación budista que podemos aprender a practicar regularmente, así como la más poderosa forma de generar salubridad. La bondad amorosa, junto con la compasión, la dicha comprensiva y la ecuanimidad, es una de las cuatro actitudes inconmensurables que sanan las enfermedades temporales de nuestra vida y despiertan las cualidades iluminadas que todos tenemos heredadas.

Como la primera de las cuatro actitudes inconmensurables, la bondad amorosa es el fundamento de las demás. Está basada en tener el siguiente deseo: “Que todos los seres que no tienen felicidad, qué puedan ellos tener felicidad y las causas de la felicidad. Cuán feliz sería para que todos tengan felicidad. Trabajaré para que todos tengan felicidad. Ruego al Budha de Bondad amorosa para que la alegría surja en la vida de todos los seres.” 

La segunda de las actitudes inconmensurables es la compasión, que implica hacer este deseo: “Qué puedan todos los seres sufrientes liberarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento.”

La tercera, la dicha comprensiva, toma la forma de este deseo: “Qué todos puedan gozar de la felicidad y nunca ser separados de la felicidad.”

La cuarta, ecuanimidad, es tener la misma bondad amorosa hacia cada ser sensible que la que tienen hacia vuestra propia amorosa madre, sin apego u odio.

Si tenemos verdadera bondad amorosa, experimentamos todas las demás actitudes inconmensurables: compasión para los que sufren, alegría por los que tienen felicidad y una sensación de ecuanimidad hacia todos los seres. También practicamos las seis perfecciones, los paramitas que forman la base del camino del bodhisattva: generosidad, moralidad, tolerancia, entusiasmo, tranquilidad y visión penetrante.

La bondad amorosa es sobre todo un pensamiento creado por nuestra mente – nuestra corriente de conciencia – y también es una experiencia disfrutada por la mente. Tan pronto como se despierte la bondad amorosa, el amor incondicional, y en tanto lo mantengamos, nuestra mente permanecerá en la paz y la alegría suprema, sin caer en el apego. No podrá surgir ninguna energía insana – como los celos, el resentimiento, la codicia o el aferramiento del ego — que impida que florezca nuestra naturaleza y nuestras cualidades buenas. De manera espontánea daremos lugar a palabras y hechos positivos que promuevan la paz y la alegría en nuestra familia, vecindario, comunidad y, de hecho, en todo el mundo, directa o indirectamente, a un nivel visible o invisible.

La idea de desear felicidad para todos los seres no es vaga, poco profunda o superficial. Emerge desde la profundidad de nuestros corazones.

Hace que nuestra mente, cuerpo y vida florezcan con pensamientos positivos y expresiones beneficiosas. Desde la oscuridad del sueño ignorante y las pesadillas egoístas, nuestro corazón se despierta con pensamientos de imágenes amorosas, palabras amables y sentimientos gozosos.

Este deseo no es pequeño o limitado. Es inmenso. El corazón de la bondad amorosa extiende el ilimitado deseo de la felicidad para todos, para el universo entero. Deseamos que los seres inconmensurables tengan una dicha ilimitada como el fundamento del ser; inconmensurables acumulaciones de méritos y sabiduría como el camino; e inconmensurables cualidades iluminadas como el resultado.

Podemos ver el tremendo poder de la bondad amorosa en el ejemplo de un gran maestro de meditación que pasó veintidós años en un campo de trabajos forzados como prisionero político. Después de su liberación, cuando tenía setenta años, dijo: «Físicamente, sufrí los años de duro trabajo, pero mentalmente, no recuerdo haberme sentido triste. Me enfrenté a la situación con dos meditaciones. Primero, acepté mis desgracias como resultado de mi propio karma, las consecuencias de mis fechorías pasadas, y luego me regocijé, ya que el karma ahora estaba siendo purificado.»

«En segundo lugar, medité sobre la compasión y la bondad amorosa para aquellos que fueron responsables de ponernos en prisión y obligarnos a trabajar muy duro. Como eran responsables del sufrimiento de tantos, yo sabía que ellos, en el futuro, sufrirían gravemente como resultado de lo que estaban haciendo. La idea de su sufrimiento futuro me permitió generar compasión».

Este tipo de actitud por parte de un prisionero victimizado puede parecer increíble, pero sé que simplemente estaba diciendo la verdad, y confío en la sabiduría que él estaba compartiendo. Salió de la prisión mucho más viejo, pero también mucho más sabio, y ahora está sirviendo a muchas personas en oriente y occidente.

Algunos podrían ser escépticos acerca de este tipo de actitud, pensando: “Ver tu desgracia como algo causado por ti mismo no ayudará a curarte. Solo debilitará aún más tu confianza en ti mismo.” Sin embargo, de acuerdo con el budismo, todo lo que nos está sucediendo ahora es el resultado de nuestras propias acciones pasadas. Aceptar esto es el primer paso práctico importante, porque tal aceptación nos obliga a asumir la responsabilidad de corregir los errores del pasado y evitar que se repitan.

Cuando culpamos a otros de nuestras desgracias, podemos sentir un alivio temporal, pero en realidad, culpar a otros acabará causándonos más daño. Estamos volviendo a poner en marcha un ciclo negativo y sembrando las semillas de consecuencias kármicas más dañinas para nosotros. Ver nuestros problemas como lo que son, aceptarlos, no cometiéndolos de nuevo, y purificarlos es el enfoque más saludable. Esto lleva a una sanación muy profunda.

Algunas personas podrían preguntarse si una actitud de bondad amorosa universal hacia todos no nos hará demasiado vulnerables en un mundo duro y difícil. Podrían pensar: "Tener bondad amorosa hacia los perpetradores de actos dañinos es imprudente y contraproducente". Pero el budismo nos enseña que no debemos permitir que los encuentros negativos nos derroten al hacernos perder la preciosa paz y el amor por los demás en nuestro corazón. Es permisible usar palabras duras o incluso acciones duras para salvar a las personas de lastimarse o de lastimar a otros, y para protegernos, pero nunca debemos hacerlo por odio o enojo. Puede que no sea fácil mantener y generar bondad amorosa frente a la agresión, pero es el enfoque más valioso, el que menos daño causa y sana los daños causados por los males del pasado. Si observamos de cerca, veremos la increíble sabiduría que se encuentra en el corazón de la actitud de bondad amorosa.

Según Lhaje Gampopa, el gran maestro de meditación y médico del siglo XII que fue el principal estudiante del famoso yogui Milarepa, cuando realmente deseas que cada ser consciente tenga dicha, has desarrollado verdadera bondad amorosa. Cuando las lágrimas caen y los vellos se erizan con la sensación de amorosa bondad, has desarrollado una gran bondad amorosa. Cuando experimentas el mismo grado de bondad amorosa para todos los infinitos seres, has desarrollado una bondad amorosa inconmensurable.

Una meditación de bondad amorosa
Hay diferentes formas de meditar sobre la bondad amorosa. Basado en muchas enseñanzas budistas, les enseñaré una meditación en la que la bondad amorosa se genera principalmente al pensar y sentir el amor incondicional del Buddha de la bondad amorosa y la compasión (Avalokiteshvara). Hacemos esto a través del poder de nuestra devoción – la energía que abre nuestro corazón con dicha y confianza – en el Buddha.

Usamos cuatro herramientas para construir esta meditación:
  1.   Ver imágenes positivas de Avalokiteshvara, el Buddha de la bondad amorosa, y sus bendiciones;
  2. Reflexionar sobre esto con palabras positivas y plegarias;
  3.   Sentir la energía de la bondad amorosa;
  4.  Confiar sin duda alguna en el poder de la devoción, de la bondad amorosa y de las bendiciones de los budas.
En la vida ordinaria, debido a nuestros hábitos usuales, dejamos que nuestras propias percepciones de objetos y situaciones externos controlen nuestra vida. Por ejemplo, cuando percibimos a una persona que se acerca a nosotros como un asesino, nos sentiremos asustados. Instantáneamente, todo se convierte en un mundo de terror. Pero tan pronto como lo reconocemos como uno de nuestros mejores y más amables amigos, toda la situación se vuelve pacífica y alegre.
De modo similar, tan pronto como vemos y sentimos la imagen del Buddha como una presencia del amor incondicional y la sabiduría omnisciente, nuestra mente cambiará desde un estado negativo o neutral a uno pleno de pensamientos y sentimientos positivos.
En la medida en que apreciamos y disfrutamos del amor incondicional del Buddha, en la misma medida nuestro corazón se transformará y florecerá en un corazón con amor incondicional. Es por esto que en las meditaciones budistas visualizamos al Buddha con cualidades iluminadas, le rezamos a él o ella y recibimos bendiciones para despertar nuestras propias cualidades internas, como la bondad amorosa.
MEDITACIÓN DE APERTURA
Es importante comenzar la meditación con intención iluminada (bodhichita). Piensen: "Voy a meditar para desarrollar bondad amorosa en los corazones de todos los seres".

MEDITAcIóN principal
En medio de un cielo puro e ilimitado, visualizan al bello Buddha de la bondad amorosa sentado en una esplendorosa flor gigante y un brillante cojín lunar. Su cuerpo juvenil, de tez blanca, es un cuerpo de luz radiante – claro, luminoso e intangible – como si la luz de miles de lunas estuviera brillando.

Su mente es omnisciente y sabe todo de manera simultánea. Su corazón de bondad amorosa se preocupa incesantemente por todos los seres como si fueran su único hijo. Su poder ilimitado satisface las necesidades de todos aquellos cuyos corazones están abiertos a tal oportunidad.

El Buddha de la bondad amorosa es la encarnación de todos los iluminados: los Budas, los santos y los sabios. Él es la manifestación de la verdadera naturaleza y las cualidades puras de todo el universo. Él es el reflejo de la naturaleza búdica y de la verdadera bondad amorosa de vuestra propia mente, como si estuvieran viendo vuestro propio reflejo en un espejo.

Cuando ven y sienten la presencia y las cualidades de los Budas, vuestra mente se transforma al instante. Todas las murallas de vacilaciones y limitaciones que le impiden progresar espiritualmente se derriten. Todos los pensamientos negativos y las emociones que causan los diversos tipos de sufrimiento, cesan. El ciclo de visiones y sentimientos positivos, la causa de la paz y la alegría eternas, se pone en marcha.

Primera plegaria: Recen al Buddha con devoción – la energía de la alegría y la confianza totales – desde la profundidad de vuestra mente. Canten el mantra plegaria en dulces melodías, escuchen y sientan todos los sonidos del mundo, y los sonidos que provienen de las ondas de energía de respiración de cada partícula de vuestro cuerpo, como el sonido de dicha y celebración. Vuestro corazón y cada partícula de vuestro cuerpo florecen sin límites con la energía de la devoción al Buddha, como las flores que se abren ante el calor de la luz del sol. 


Canten repetidamente:

Om ma-ni pad-me hung,

Oh, Buddha con la joya [que simboliza la bondad amorosa] y el loto [que simboliza la sabiduría omnisciente], por favor escúchenme/nos.
Luego, vean y sientan que la sabiduría omnisciente del Buddha, el amor incondicional y el poder ilimitado emanan de sus cuerpos en forma de rayos de luz infinitos y similares a los del arco iris. Todas vuestras aflicciones mentales y emocionales y enfermedades físicas – visualizadas en forma de oscuridad o inmundicia en vuestro cuerpo – son disipadas por el brillo de la luz, arrastradas por el torrente de néctar de luz, barridas por el viento y la escobilla de luz, o quemado con el fuego de luz.

En este momento, cada partícula de vuestros cuerpos está llena de la luz brillante de la sabiduría omnisciente del Buddha, el amor incondicional y el poder ilimitado. Sientan intimidad y felicidad a medida que la luz del Buddha del amor incondicional acaricia cada partícula de vuestros cuerpos. Mientras el cuerpo disfruta de las bendiciones, vuestra mente se purifica, se sana y se transforma, ya que en realidad vuestra mente es la que inicia y disfruta de todas las transformaciones.

Luego mediten en un ser querido, como su madre amorosa, visualizándola frente a ustedes con claridad y pensando: “Madre, me diste la vida, criaste a un niño para ser una persona. Te sacrificaste por mí y siempre me mantuviste en tu cálido y amoroso corazón. Algunas veces cometiste errores, ya que tú también has sido víctima de emociones fuertes, lo entiendo completamente. Me valoraste como la cosa más preciosa del mundo; lo recuerdo claramente. Siempre me preocupé por tu felicidad, y hoy soy muy afortunado de tener un gran regalo, las bendiciones del Buddha y el amor puro de mi propio corazón, para compartir contigo. ¡Qué feliz soy!” Luego, con gran amor, mientras cantan el mantra, meditan, rezan, la purifican, sanan y la transforman con las luminosas bendiciones del Buddha, como lo hicieron antes para sí mismos.

Luego, compartan las mismas meditaciones con una persona neutral, luego con alguien con quien ustedes están en oposición, y, finalmente, con todos los seres reconociéndolos como sus amadas madres en sus infinitas vidas pasadas.

El objetivo de la bondad amorosa es servir a todos, pero es importante comenzar la meditación con uno mismo y luego con un ser querido. De esa manera, experimentarán la bondad amorosa directa, vívida y profundamente, sin deambular en ideas superficiales o generales y sentimientos vagos o superficiales.

Segunda plegaria: En este momento, una gran transformación está teniendo lugar en ustedes. Todos los pensamientos y sentimientos de vuestra mente y cuerpo se están transformando en pensamientos y sentimientos de bondad. El Buddha de la bondad amorosa no está solo frente a ustedes, sino también en vuestra mente y cuerpo. Reconózcanlo. Entonces, todo lo que digan o hagan, todas son palabras y expresiones de bondad amorosa, la verdadera fuente de alegría para ustedes y para muchos otros. Sintiendo que toda vuestra mente y cada partícula de vuestro cuerpo están floreciendo por completo con los sonidos de las ondas de energía de bondad amorosa, cantar:

Om ma-ni pad-me hung,
¡Oh, Buddha con la joya y el loto, la Quintúple Sabiduría está en mí!
Tercera plegaria: Tan pronto como esa bondad amorosa se despierte en ustedes, y mientras permanezcan en ella, todo lo que vean, escuchen y sientan serán las imágenes, los sonidos y las sensaciones de bondad. Dense cuenta de esto. Viendo, escuchando y sintiendo cada ser y a todo el universo como la tierra pura del Buddha y la bondad amorosa, cantar:

Om ma-ni pad-me hung,
¡Oh, Buddha con la joya y el loto, la Quintúple Sabiduría está en todo!

MEDITAcIóN FINAL
Contemplen al descansar en la conciencia de la paz máxima, la verdadera bondad amorosa, el resultado de la meditación, sin aferrarla o pensar en ella.

MEDITAcIóN de cierre
Concluya la meditación ofreciendo todos los méritos creados por la meditación a todos los seres, que son considerados como vuestras madres. Este mérito es la causa de realizar la bondad amorosa absoluta. Haga aspiraciones para que todos se beneficien de la bondad amorosa.

 

Tulku Thondup Rinpoche nació en el este del Tíbet, donde, siendo un niño, fue reconocido como un maestro budista reencarnado. En 1958, huyó de la invasión china comunista y se estableció en la India, enseñando literatura tibetana y tibetana a nivel universitario. En 1980, Tulku Thondup fue invitado a Harvard como académico visitante. Vive en Cambridge, Massachusetts, donde traduce y escribe sobre el budismo tibetano. Su libro más reciente es Peaceful Death, Joyful Rebirth.

domingo, 23 de diciembre de 2018

EL DOMINIO OBSESIVO DE LA MENTE


EL DOMINIO OBSESIVO DE LA MENTE
DZIGAR KONGTRUL RINPOCHE| OCTOBER 5, 2017
El dominio obsesivo de la mente,
dice Dzigar Kongtrul Rinpoche, no es otra cosa que el dominio del auto aferramiento. Si nuestro objetivo es liberarnos de los miedos e inseguridades interminables que nos acechan, entonces hay que cortar a través del auto aferramiento, cultivando la visión de la vacuidad.


En el viejo Tíbet, los practicantes iban a los osarios, a manantiales, a casas encantadas, árboles embrujados, etc., para revelar cuán profundamente su práctica había cortado con el núcleo de sus temores y apegos. La práctica de cortar a través de su núcleo de apegos y temores más profundos se llama nyensa chödpa. Nyensa chödpa significa “cortar a través del dominio obsesivo de la mente”. No es que les estoy animando a ir a esos lugares encantados para probarse a sí mismo, pero es importante para todos los practicantes comprender la visión detrás de nyensa chödpa, porque solo hasta que somos desafiados no sabemos cuán profundo puede ir nuestra práctica.

Podemos ser practicantes establecidos; podemos estar cómodos con nuestra práctica y el trabajo con nuestra mente; todo podría ir sin problemas. Como mi maestro Dilgo Khyentse Rinpoche solía decir: «La práctica es fácil cuando el sol está en tu espalda y tu vientre está lleno». Pero cuando se presentan circunstancias difíciles y nos estamos totalmente sacudidos desde dentro, cuando hemos tocado fondo, o cuando algo nos está atormentando y nos sentimos totalmente vulnerables y expuestos a toda nuestra neurosis, entonces es otra la historia.

Las circunstancias difíciles nos revelan cuánto hemos aprendido del buddhadharma, cuánto hemos aprendido del tantra y cuánto hemos aprendido de nuestra práctica de meditación y de la experiencia de nuestra mente. Pero no necesitamos esperar circunstancias desafiantes para descubrir nuestros temores ocultos y apegos. No tenemos que esperar para que nuestra burbuja de felicidad estalle, para que alguien querido muera, o para saber que tenemos una enfermedad fatal. Hay un montón de oportunidades de practicar nyensa chödpa aquí en nuestra propia mente. Hay muchas oportunidades porque hay mucho auto aferramiento.

El dominio obsesionado de la mente es el dominio del auto aferramiento. Es el mundo del yo y de todas las esperanzas y temores que vienen de intentar fijarlo. Nuestros esfuerzos para garantizar al yo dan lugar a todas las emociones negativas. Si no estuviéramos tan preocupados con la actitud de apreciar y proveer al yo, no habría ninguna razón para el apego. La agresión, también, no tendría razón para surgir si no hubiera ningún ego para proteger. Y los celos, que se manifiestan cada vez que pensamos que el yo carece de algo, no tendrían ningún impulso para devorar nuestra paz interior porque estaríamos contentos con la riqueza y la confianza naturales de nuestra propia mente. Si no tuviéramos ninguna necesidad de proteger a todas las cosas embarazosas sobre el yo que nos hace tan inseguros, no tendríamos ninguna causa para la arrogancia. Finalmente, si no estuviéramos tan obsesionadas con el yo, podríamos confiar en nuestra inteligencia innata en lugar de dejar que nuestra estupidez nos acompañará a través de las actividades que nos traen tanto dolor una y otra vez.

Así las emociones mismas no son la causa del problema. Sin embargo hasta llegar a la raíz de nuestras emociones negativas, estarán allí, esperando en la cola para “salvarnos” de nuestras inseguridades fundamentales. A menos que dejemos de aferrarnos al yo con todas sus intrigas egoístas para salvarse a sí mismo de la manera habitual, sólo seguiremos imponiendo una más y más fuerte creencia en la solidez del yo. Si el objetivo de la práctica es liberarnos de nuestras inseguridades sin fin, nosotros debemos cortar a través del auto aferramiento. Hasta que lo hagamos, el auto aferramiento definirá nuestra relación con el mundo, ya sea el mundo interior de nuestra propia mente o en el mundo externo a nosotros.

Desde la perspectiva del yo, el mundo está o bien con nosotros o bien contra nosotros. Si está con nosotros, su propósito es alimentar nuestros apegos infinitos. Si está contra nosotros, debe ser rechazado y añadido a nuestra paranoia infinita. Es o bien nuestro amigo o bien nuestro enemigo, algo para atraer o rechazar. Cuanto más nos aferramos a un yo, más crece nuestra creencia en un mundo sólido, objetivo que existe independiente de nosotros. Cuanto más lo vemos como sólido y separado, más el mundo nos obsesiona: Estamos obsesionados por lo que queremos del mundo y estamos obsesionados por nuestra lucha para protegernos de él.

Los numerosos problemas que vemos en el mundo hoy y que también encontramos en nuestras propias vidas personales, surgen de la creencia de que el enemigo o la amenaza están “fuera” de nosotros. Esta fractura se produce cuando nos olvidamos de cuán profundamente conectados estamos a los demás y al mundo que nos rodea. Esto no es decir que la mente y el mundo fenoménico son uno y que todo lo que experimentamos es un mero producto de nuestra imaginación. Simplemente significa que lo que creemos que es un yo, y lo que creemos que es distinto del yo, están inextricablemente vinculados, y que, en verdad, el yo sólo puede existir en relación con el otro. Verlos como independientes es realmente la más primitiva forma de ver y participar de nuestras vidas.

Ver la conexión o interdependencia de todas las cosas es ver de un modo amplio. Se reduce la separación artificial que creamos entre el yo y todo lo demás. Por ejemplo, cuando sostenemos firmemente un yo, la ley natural de la no permanencia surge como una amenaza a nuestra existencia. Pero cuando aceptamos que somos parte de este flujo natural, empezamos a ver que la entidad a la que nos aferramos como si fuera un ser estático, inmutable e independiente es sólo un flujo continuo de experiencia compuesta de pensamientos, sensaciones, formas y percepciones que cambian de momento a momento. Cuando aceptamos esto, nos convertimos en parte de algo mucho mayor, el movimiento de todo el universo.

Lo que experimentamos como “nuestra vida” es resultado de la relación interdependiente entre el mundo “externo” — el mundo de color, forma, sonido, olor, gusto y tacto — y nuestra conciencia. No podemos separar la conciencia, el conocedor, de lo que es conocido. ¿Es posible, por ejemplo, ver sin un objeto visual u oír sin un sonido? Y ¿cómo podemos aislar el contenido de nuestros pensamientos de la información que recibimos de nuestro entorno, de nuestras relaciones y de las impresiones de nuestras percepciones sensoriales? ¿Cómo podemos separar nuestros cuerpos, de los elementos que los componen o de la comida que comemos para mantenernos vivos, o de las causas y condiciones que traen nuestros cuerpos a la existencia?

De hecho, hay poca consistencia en lo que consideramos ser yo y lo que consideramos que es el otro. A veces incluimos nuestras emociones como parte del yo. Otras veces, nuestro enojo o depresión parecen perseguirnos o incluso amenazarnos. Nuestros pensamientos también parecen definir quiénes somos como individuos, pero a menudo nos agitan o excitan como si existieran como otros. En general, identificamos el cuerpo con yo, sin embargo, cuando caemos enfermos, a menudo nos encontramos diciendo: “Mi estómago me está molestando” o “Mi hígado me está causando problemas”. Si investigamos cuidadosamente, inevitablemente concluiremos que no es realmente posible identificar donde el yo se va y donde el mundo comienza. Lo único que podemos observar es que todo lo que surge, tanto lo que consideramos que es el yo como lo que consideramos que no es el yo, lo hace a través de una relación de interdependencia.

Todos los fenómenos dependen de otros para surgir, expresarse y desaparecer. No hay nada que se pueda encontrar que exista por sí mismo, independiente y separado de todo lo demás. Ese yo y los otros al carecer de límites claramente definidos, no significa que nos arrojemos a un estado vago de no saber quiénes somos y cómo relacionarnos con el mundo, o de que perdamos nuestra inteligencia discernidora. Simplemente significa que, al aflojar el apego que tenemos a nuestra pequeña noción estrecha yo, comenzamos a relajarnos en la verdadera naturaleza de todos los fenómenos: el estado no dual de vacuidad, que trasciende tanto al yo y al otro.

Al haber ido más allá de la mente dualista, podemos disfrutar de la “unidad singular” de nuestra propia naturaleza dharmakaya profunda. La “singularidad” de la vacuidad no es única en oposición a muchos. Es un estado más allá de uno o dos, sujeto y objeto, y el yo y el mundo exterior; es la naturaleza singular de todas las cosas. Al reconocer la naturaleza de la vacuidad, nuestra propia ilusión – la falsa dualidad de sujeto y objeto – se separa y se disuelve. Esto nos alivia de la pesadez producida por la sutil creencia subyacente de que las cosas tienen una naturaleza separada o sólida. Al mismo tiempo, aprehendemos la interconexión de todo y esto trae una gran visión a nuestras vidas.

Cultivar una profunda convicción en la visión de la vacuidad es todo lo que trata la práctica de nyensa chödpa. Nyensa se refiere a lo que nos persigue: aferrarse al yo y a todos los temores y engaños que esto produce. Chödpa significa “atravesar”. ¿Qué es lo que corta nuestro aferramiento, nuestros miedos y nuestro engaño? Es la realización de la vacuidad, la realización de la verdad. Cuando la visión de la vaciedad surge en nuestra experiencia, aunque sea por un momento, el aferramiento al yo se disuelve naturalmente. Es entonces cuando comenzamos a desarrollar confianza en lo que es realmente posible.

Impresionada por la confianza inquebrantable del yogui Milarepa en la visión de la vacuidad, la Ogresa de la Peña, mientras intentaba atormentarlo y asustarlo, hizo esta famosa declaración, que ilustra muy bien la visión de nyensa chödpa. Ella dijo:

Este demonio de tus propias tendencias surge de tu mente, si no reconoces la naturaleza [vacua] de tu mente. No voy a irme solo porque me dices que me vaya. Si no te das cuenta de que tu mente es vacua, hay muchos más demonios además de mí. Pero si reconoces la naturaleza [vacua] de tu propia mente, las circunstancias adversas te servirán solo para mantenerte, e incluso yo, Ogresa de la Peña, estaré a tu disposición.

Comprender la vacuidad conceptualmente no es suficiente. Necesitamos entenderlo a través de la experiencia directa, de modo que cuando seamos sacudidos desde la profundidad de nuestro ser, cuando se desafíe todo el mecanismo del apego al yo, podamos descansar en esta visión con confianza. Cuando surgen circunstancias desafiantes, no podemos simplemente arreglar conceptualmente las cosas con las ideas que tenemos acerca de la vacuidad. Simple-mente pensar: “Todo es vacuo”, sirve de poco en esos momentos. Es como entrar en una habitación con poca luz, ver una cuerda en el suelo y confundirla con una serpiente. Podemos decirnos a nosotros mismos: “Es una cuerda, es una cuerda, es una cuerda”, todo lo que queramos, pero a menos que encendamos la luz y veamos por nosotros mismos, nunca nos convenceremos de que no es una serpiente, y nuestro miedo permanecerá. Cuando encendemos la luz, podemos ver a través de la experiencia directa que lo que confundimos con una serpiente era en realidad una cuerda, y nuestro miedo se disipa. De la misma manera, cuando nos damos cuenta de la naturaleza vacía del yo y del mundo que nos rodea, nos liberamos del aferramiento y del miedo que lo acompañan. Es esencial que tengamos una convicción basada en la experiencia, sin importar cuán grande o pequeña sea esa experiencia.

Sin esta convicción, cuando surgen circunstancias difíciles, podemos enfrentarnos a muchas dudas sobre nuestra práctica de meditación. Podemos preguntarnos por qué nuestra meditación no está funcionando. Si la meditación no nos sirve en tiempos difíciles, ¿qué más podemos hacer para rescatarnos del horror y el miedo que tenemos dentro? ¿Qué hay de todos los años de práctica que hemos hecho? ¿Nos estamos engañando a nosotros mismos? ¿Fue nuestra práctica alguna vez genuina?

En tiempos como estos, no debemos desanimarnos acerca de nuestra capacidad para practicar. Junto con el cuestionamiento de mente abierta, las circunstancias desafiantes pueden ayudar a profundizar y aclarar el propósito de nuestro camino, ya que exponen hasta qué punto nuestra práctica ha penetrado en el núcleo del aferramiento al yo. Aunque estas experiencias a menudo nos conmocionan o perturban, llaman nuestra atención sobre la experiencia inmediata de aferrarse y el dolor que genera, y comenzamos a pensar en dejarlo ir.

Muchas veces en el pasado, podemos haber tenido la experiencia de dejar de aferrarnos y descansar en la naturaleza del vacío, pero aún no hemos desarrollado confianza o convicción en esa experiencia. Podemos sentirnos seguros en el momento de ver cómo se derrumban nuestras percepciones comunes y confusas, pero a menos que confiemos en esa experiencia, no afectará el impulso de nuestros hábitos ordinarios y confusos. Rápidamente volveremos a creer en nuestra experiencia como sólida y real. Sin embargo, si somos capaces de confiar en la experiencia directa de la vacuidad, podemos, a través de la retrospectiva, unir esa comprensión con nuestra experiencia presente. Confiamos en el recuerdo de nuestro encuentro directo con la visión de cambiar la forma en que normalmente respondemos a situaciones difíciles.

Por otro lado, incluso si tenemos alguna convicción, no es como si porque lo hemos soltado una vez – "¡Eso es!" – ya lo dejamos ir por completo y nunca nos volveremos a aferrarnos. La mente habitual es como un rollo de papel: cuando lo desenrollas por primera vez, inmediatamente se enrosca hacia atrás. Debes aplanarlo continua-mente, y finalmente se mantendrá. Nuestro desafío constante como practicantes, el verdadero enfoque de nuestra práctica, es reducir el apego que tenemos en el centro de nuestra mente.

A medida que nos acercamos al dominio obsesionado con menos miedo, podemos encontrar algo de inteligencia en la experiencia de ser perseguido: aunque continuamente tratamos de protegernos, instintivamente sabemos que no podemos. Este conocimiento instintivo proviene de una inteligencia innata que ve la naturaleza dinámica e inasible de todas las cosas. Observa que las cosas surgen y desaparecen, tanto la felicidad como el sufrimiento y los cambios de nacimiento, vejez, enfermedad y muerte. Cuando nos aferramos al yo y a los demás, nuestra mente se siente profundamente conflictiva y temerosa porque aferrarse está en desacuerdo con nuestra inteligencia interna. Por supuesto, no nos estamos aferrando porque queremos sufrir; nos estamos aferrando porque queremos evitar el sufrimiento. Pero aferrarse por su naturaleza causa dolor. Cuando dejamos de aferrarnos y nos volvemos hacia nuestra inteligencia innata, comenzamos a experimentar una sensación de tranquilidad en nuestras mentes y comenzamos a desarrollar una nueva relación con lo que ordinariamente nos obsesiona.

Como practicantes interesados en ir más allá de la ilusión, podemos encontrarnos intrigados por el dominio obsesionado de la mente. Podemos encontrar que, en lugar de tratar de evitar el dolor, queremos acercarnos a lo que nos obsesiona. Envalentonados por la experiencia de la vacuidad, podemos cuestionar la solidez o la verdad de nuestros miedos: tal vez las cosas no existen tal como parecen. De hecho, cada vez que vemos a través del dominio obsesionado de la mente, cuando vemos su naturaleza ilusoria o vacía, experimentamos el sabor de la verdadera liberación. Esta es la razón por la cual los grandes yoguis del pasado practicaban en lugares embrujados como los osarios. Los lugares que provocan los aspectos ocultos de la mente están llenos de posibilidades de liberación. De esta manera, el dominio obsesionado, ya sea un terreno de batalla o el dominio del miedo que resulta de nuestro propio aferramiento, sirve como base de nuestra realización.

No necesitamos aferrarnos al yo para disfrutar de la vida. La vida es de manera natural rica y abundante. No hay nada más liberador y agradable que experimentar el mundo que nos rodea sin aferrarse. No nos privamos de la experiencia si abandonamos nuestros apegos. Aferrarse realmente nos inhibe de disfrutar la vida al máximo. Nos consumimos tratando de organizar el mundo de acuerdo con nuestras preferencias, en lugar de deleitarnos en la forma en que nuestra experiencia se desenvuelve de forma natural.

Podemos apreciar tanto la vida cuando nos liberamos de las esperanzas y los temores relacionados con el aferramiento al yo, incluso de todos los problemas que generalmente tratamos de evitar y temer, como la vejez, la enfermedad y la muerte. La capacidad de apreciar todos los aspectos de nuestra mente, realmente dice algo sobre el magnífico potencial de la mente. Nos muestra que la mente es mucho más grande que las confusiones, los temores y los disturbios que a menudo nos acechan. Nos muestra que nuestro sufrimiento personal y el mundo de sufrimiento “fuera” de nosotros no son más que el mundo interno y externo de nuestra propia ilusión: el samsara.

Nyensa chödpa es cortar a través de la mente del samsara. ¿Qué podría ser mucho más obsesionado y temeroso que el samsara? ¿Qué podría ser un beneficio mayor que ir más allá del samsara y de nuestro aferramiento al yo? ¿Qué podría ser más significativo que reconocer que el samsara, aquello que nos ha hecho tan temerosos y sacudidos, es por naturaleza la naturaleza no dual de la vacuidad misma? Si hacemos la práctica de nyensa chödpa en nuestra vida cotidiana, es una manera maravillosa de vivir esta vida, y el trabajo que hacemos se medirá al final.


Dzigar Kongtrül Rinpoche nació en el norte de la India y ahora vive en el sur de Colorado. Él es el fundador de Mangala Shri Bhuti, una organización dedicada al estudio y la práctica de las enseñanzas del linaje Longchen Nyingthik del budismo tibetano. Escribió It's Up to You: The Practice of Self-Reflection on the Buddhist Path [Depende de ti: la práctica de la autorreflexión en el camino budista], publicado por Shambhala Publications.



El poder del tercer momento


El poder del tercer momento

WINTER 2017

La mirada que le diste al conductor que te cortó. El correo electrónico que no debiste haber enviado Hay una manera efectiva de evitar actuar sobre tus peores emociones.





Otro conductor te interrumpe y sientes una oleada de ira. Un compañero de trabajo obtiene la promoción que crees que mereces, y olas de celos te inundan. El mostrador de pasteles en la tienda de comestibles hace señas, y notas que tu fuerza de voluntad se disuelve. Enfado. Impaciencia. Choque. Deseo. Frustración. Te pasas los días bombardeado por las emociones.

Estas emociones a menudo son negativas, y si actúas en consecuencia, pueden descarrilarte. Ya sabes: no deberías haber enviado ese correo electrónico. La réplica rápida que no deberías haber verbalizado. El bajón oscuro que impregna cada experiencia y te impide sentir alegría. Afortunadamente, no tiene por qué ser así. Puedes aprender a reconocer las emociones dañinas en el momento y dejarlas ir.

ELEGIR EL KARMA QUE CREAS
El karma pasado moldea tu experiencia del mundo. Existe; no hay mucho que puedas hacer al respecto. Sin embargo, también estás constantemente generando un nuevo karma, y ​​eso te da una oportunidad de oro. Con tu reacción a cada experiencia, creas el karma que coloreará tu futuro. Depende de ti si este nuevo karma es positivo o negativo. Simplemente debes prestar atención en el momento correcto. Piensa en cómo funciona el karma, como si fuera un llavero. Parece sólido; puedes mover tu llave sin problemas alrededor del anillo. Sin embargo, en realidad hay un comienzo y un final para el llavero, y una brecha. Si sabes que la brecha está ahí, y tienes la habilidad, puedes sacar tu llave del anillo. De manera similar, el karma anterior crea tu experiencia de los eventos. Tu reacción, basada en tu experiencia, desencadena un nuevo karma y un nuevo ciclo de creación y experiencia. Puedes permitir que ese ciclo continúe en una secuencia sin fin. O puede encontrar la brecha, adquirir la habilidad y liberarte del ciclo, al tiempo que desarrollas tu compasión y mejoras tu sensación de tranquilidad interior.

La tradición budista está plagada de enseñanzas: sobre la compasión, sobre por qué debemos evitar el odio y los celos, y sobre el poder de una actitud positiva. Estas enseñanzas son extraordinariamente valiosas. Aclaran y profundizan nuestra comprensión, y nos inspiran. Pero las enseñanzas y sus explicaciones requieren lógica para analizar. En el calor de un intercambio emocional, es posible que no tengas el lujo de la lógica, porque la lógica requiere tiempo y una mente imparcial. La presión crea una crisis. No tienes tiempo para pensar, solo para reaccionar. Por lo tanto, necesitas una habilidad bien afilada y desplegada rápidamente, algo que sea breve, fácil de usar y eficaz. Este es el Método del Tercer Momento, una herramienta práctica que en muchos sentidos encarna el núcleo de la práctica budista.

COMPRENDER LOS TRES MOMENTOS
La vida se compone de una serie de experiencias, y cada una de estas experiencias se puede dividir en tres momentos.

El primer momento
SINTIENDO
En el primer momento, tus órganos sensoriales (tus ojos, oídos, nariz) perciben algún tipo de entrada. En este momento entra, por ejemplo, un sonido que llega a tu oído y tu oído lo percibe, es instantáneo. También es fácil, porque está conectado a tu sistema. En este momento, si alguien dice “limón”, ha escuchado el sonido, pero aún no has reconocido lo que significa ese sonido.

El segundo momento
PLANTEANDO
En el segundo momento, reconoces el sonido u otra sensación, y tienes una reacción instantánea, subconsciente, clasificándola como buena, mala o neutral. Esto también es automático, basado en la experiencia previa: recuerdos y comprensión derivados de tus arraigadas creencias culturales, creencias religiosas y percepciones lingüísticas. Sucede tan rápido que incluso puedes pensar que es parte del primer momento. Tienes una manifestación física de tu pensamiento cuando tu cuerpo responde a una entrada positiva, negativa o neutral, aunque una reacción “neutral” generalmente se inclina levemente hacia lo positivo o lo negativo.

Tal vez alguien está describiendo un jugoso limón que acaba de rebanar. Conectas el sonido “limón” a una idea almacenada en su memoria. Evoca una forma, un color, un aroma, un sabor. Tu memoria invita a una reacción emocional. Amas los limones y tu boca saliva; encuentras limones agrios y te encoges.

El tercer momento
REACCIONANDO
En el tercer momento, tienes la opción de aceptar la invitación de tu memoria teñida de emoción o no.

Tu reacción puede ser mental, verbal o física. Si has clasificado algo como bueno, te atrae, aunque no sea beneficioso. Si has clasificado algo como malo, lo alejas, a veces con más fuerza de la que es apropiada o necesaria. En cualquier caso, puedes hacer mucho daño que luego tendrás que intentar deshacer.

Pensemos en “limón” en un contexto diferente. ¿Qué pasa si tu mecánico dice que tu auto nuevo es un limón? ¿Cómo te sentirías? ¿Furioso? ¿Tonto? ¿Frustrado? ¿Qué le dirías a la persona que te aconsejó comprarlo? El tercer momento te proporciona el espacio para determinar su respuesta.
Tienes una opción sobre el tipo de vida que llevas. Puedes dejar que tu entorno dicte tu experiencia, en cuyo caso, a menos que resuelvas todos los problemas de todas las personas con las que interactúas, siempre enfrentarás cierta infelicidad. O puedes tomar el control de tu propia experiencia de vida. Para mí, este parece ser un mejor camino.

PRACTICANDO EL MÉTODO DEL TERCER MOMENTO
El método del Tercer Momento te ayuda a tomar este camino. En él, usas el Tercer Momento para no reaccionar sino para mirar, de una manera muy específica.

En el instante en que surge una emoción, haces pausa. Observas la emoción que estás experimentando. El tiempo es muy importante. Debes estar concentrado y consciente antes de que tu emoción se conecte con un pensamiento y se solidifique. Simplemente quiere ver la emoción por lo que es.

Puedes sentirte tentado a rastrear la fuente de tu emoción; eso es lógico, pero en este caso no es útil. En lugar de enfocarte en quién hizo qué para quién, simplemente observa tu emoción. No hagas esto como un observador, con dualidad entre ti y la emoción, como si fuera externa a ti. En cambio, mira tu experiencia real; trata de sentirla directamente. Siente tu emoción como si fuera un globo inflado, llenando tus entrañas. No prestes atención al globo en sí; presta atención a lo que hay dentro de él. ¿Cómo se siente? Sin racionalizar. Sin razonar. ¿Qué hay en el corazón del globo? Solo espacio. Esto no está re-etiquetando tu emoción como espacio. Es simplemente la conciencia de que la emoción en sí misma no existe en la forma en que creemos, como algo fijo y sólido. Con el tiempo, a medida que crezca la conciencia, comenzarás a sentirte cómodos, y tal vez hasta alegre.

Al ampliar la brecha entre la acción y la reacción, puedes ganar cierta distancia de tus respuestas automáticas y también obtener la oportunidad de conocer tus emociones. Puedes dejar de ser gobernado por estas emociones y en su lugar comenzar a gobernar tu experiencia de vida.

Sin embargo, para disfrutar realmente de esta libertad, debes practicar. Si puedes practicar el Método del Tercer Momento con frecuencia y profundidad, puedes experimentar la alegría incondicional que engendra misericordia y compasión.

Por supuesto, en el calor del momento, puede ser difícil recordar una práctica que aún no está arraigada. Puedes intentar simulacros de práctica: Crear mental-mente escenarios que evoquen emociones fuertes, y luego usar el Método del Tercer Momento para disiparlas. Esto comenzará a crear una memoria muscular mental. Sin embargo, en tu mente todavía sabes que la experiencia no es real, por lo que en muchos sentidos el efecto tampoco es real. La mejor práctica es la vida real.

BENEFICIOS DE LOS RESULTADOS
Recuerda: El Tercer Momento pasa muy rápido, y es fácil pasarlo por alto. Lo encuentras en el instante entre ver un correo electrónico desagradable y sonar una respuesta, escuchar una crítica y replicar, ver un postre pegajoso y alcanzarlo. Este es el momento de detenerse y practicar el Método del Tercer Momento.

Si realmente experimentas esto una vez, si realmente captas el momento, descubrirás que el Método del Tercer Momento no solo es fácil, sino también algo que querrás hacer a menudo. Intenta ser consciente de tus emociones y aprovecha cada oportunidad para practicar.

Si haces esto, encontrarás que tu mente está más fría, más clara y menos sesgada. Estás más conectado al momento presente. Eres consciente de que tus emociones no son realidad. Eso, a su vez, afecta la forma en que interpretas tus experiencias. También puedes descubrir que no solo interactúas con el mundo más fácilmente, sino también que tus relaciones son mejores, comenzando con tu relación contigo mismo.