domingo, 23 de abril de 2017

LOS CUATRO DHARMAS DE GAMPOPA
Por Thrangu Ripoche


Capítulo 1
El Linaje de los Cuatro Dharmas de Gampopa
Se sostiene que las enseñanzas del linaje Kagyu[1] se originaron en el dharmakaya del Buddha Vajradhara. Aunque podríamos argüir: “Un momento, pensaba que las enseñanzas budistas provienen del Buddha Shakyamuni.” Sin embargo, la mente del Buddha es el dharmakaya y se manifestó en nuestro mundo en un cuerpo como el Buddha  Shakyamuni,  en una emanación nirmanakaya.[2]  Por lo tanto, no hay diferencia entre el  dharmakaya  y el Buddha Shakyamuni, que nació en la India hace 2,500 años.

El dharmakaya no es algo que nace y luego muere;  no es algo que necesita ir más allá del samsara. El dharmakaya tiene tres cualidades: conocimiento, compasión y medios hábiles. Esas tres cualidades no sólo son cualidades del Buddha, sino que son la misma naturaleza de la sabiduría  (sánscrito: jnana). Esta sabiduría del dharmakaya surge en los estudiantes de dos maneras. La primera, aparece en los estudiantes altamente realizados, en la forma de sambhogakaya. Por ejemplo, estos practicantes puros cuando visitan las tierras puras verán a Vajradhara y a otros  bodhisattvas  tal como figuran en una thangka, con varios ornamentos, etc.

La segunda manera es el nirmanakaya, en la forma de un ser ordinario, como fue la aparición del Buddha Shakyamuni en la India hace muchos siglos atrás. Sin embargo, esas dos formas no son fundamentalmente diferentes una de otra, porque Vajradhara es la mente tanto del sambhogakaya como del nirmanakaya. El sambhogakaya Vajradhara solo puede ser conocido por los grandes bodhisattvas y los grandes siddhas. Para ellos es posible encontrarse cara a cara con el sambhogakaya  Vajradhara.  Por  ejemplo,  el gran siddha Tilopa conoció directamente al sambhogakaya  Vajradhara.  Cuando Tilopa  se encontró con el sambhogakaya Vajradhara en el décimo siglo, el nirmanakaya Buddha Shakyamuni ya no estaba en este mundo. Sin embargo, encontrarse con el sambhogakaya Vajradhara no es distinto a encontrarse con el nirmanakaya Buddha Shakyamuni.  La razón es que ambos son emanaciones de la mente del dharmakaya.

El gran pandita Naropa era estudiante de Tilopa. En ese tiempo, Naropa era abad de la universidad monástica de Nalanda, que era el mejor lugar de estudio del Dharma  en la  India. Un día, Naropa estaba estudiando los textos tántricos, conocidos como Guhyasamaja. Una dakini de sabiduría apareció en la habitación dónde estaba estudiando este tantra. Mientras Naropa miraba el texto, tuvo la sensación como si repentinamente hubiera aparecido una sombra o una mancha sobre lo que estaba leyendo. Dijo: “¿qué es esto?” y alzando los ojos, vio una viejita espantosa en la habitación.  Ella le preguntó “¿Entiendes las palabras o entiendes el significado de este texto?”  Él le contestó: “Entiendo las palabras.”  Esta respuesta alegró mucho a la mujer y empezó a sonreír y luego a gesticular. Entonces, Naropa pensó: “Bueno, si está tan contenta de escuchar que entiendo las palabras, se sentirá aún más encantada de saber que igualmente entiendo el significado.” Por lo tanto, añadió: “También entiendo el significado.” En ese momento, la cara de la mujer se tornó sombría, se puso muy triste y totalmente abatida. Viendo esto, Naropa reflexionó: “Bueno, esto es muy extraño. Cuando le dije que entendía las palabras estaba feliz y ahora que digo que conozco el significado, está muy triste. Tengo que preguntarle por qué.” Entonces lo hizo y ella le contestó: “Efectivamente, eres una persona muy erudita y entiendes las palabras: esto es verdad y me alegré mucho. Sin embargo, no conoces el significado del texto. Entonces cuando dijiste que conocías el significado, no era verdad y por eso me puse triste.”  Oyendo esto, Naropa  le dijo a la viejita: “Muy bien, entonces dime ¿quién sí conoce el significado de estas palabras?” Ella le respondió: “En la parte este de la India, hay un  mahasiddha, una persona altamente realizada, llamada Tilopa. Él entiende el significado de estas palabras.” Bastó escuchar la palabra “Tilopa” para que en Naropa se generara una tremenda sensación de fe y confianza. Por lo que pensó: “Debo de hacer todo lo posible para encontrarme con esta persona.”

Debido a que Naropa era un gran maestro, tenía muchos estudiantes y muchas responsabilidades en la universidad de Nalanda. Cuando anunció que iba a buscar al gran siddha  Tilopa,  los estudiantes y otros profesores le dijeron: “No puedes irte así no más. Por favor, quédate porque te necesitamos.” Naropa lo pensó y llegó a la conclusión que si solo conocía las palabras sin el significado, entonces no era un beneficio real su presencia en la universidad y que era realmente indispensable buscar a Tilopa.

Para encontrar a Tilopa, Naropa sufrió muchos obstáculos, viajando hasta dónde estaba Tilopa y luego cuando lo encontró pasó muchos sufrimientos entrenándose bajo su guía. Pero, finalmente, Tilopa le dio las enseñanzas sobre la naturaleza de la mente y las instrucciones orales de cómo practicar la comprensión de la verdadera naturaleza de la mente.  Naropa puso en práctica esas instrucciones, alcanzando la capacidad suficiente para lograr la realización profunda en el continuo de su ser.

El traductor tibetano, Marpa, fue discípulo del gran maestro Naropa. Le solicitó enseñanzas a Naropa. Naropa nombró a Marpa como su regente en el Tibet y pronosticó que al igual como los hijos de una garuda se vuelven más fuertes y poderosos que la madre que los alumbró, así cada generación de estudiantes de Marpa en el Tíbet se volverían más realizados que sus propios gurús.

Para comprobar si esta profecía es verdadera, podríamos ver las generaciones que sucedieron a Marpa. Marpa pasó las enseñanzas a su discípulo,  Milarepa;  Milarepa  las pasó a su discípulo, Gampopa.  En el momento que las enseñanzas fueron dadas a Gampopa,  no solo recibió las enseñanzas sobre el mahamudra, conocidas como los Seis Yogas de Naropa,  sino que las combinó con las instrucciones orales de cómo entrenar la mente, del gran maestro indio  Atisha.

Podemos decir que esos dos linajes de enseñanzas sobre el mahamudra que recibió  Gampopa de parte de Milarepa, eran extremamente profundas. Muestran cómo practicar el camino vajrayana. Las instrucciones del gran maestro Atisha versan sobre la manera en que todos principiantes pueden entrar en el camino budista y establecer la motivación inmaculada de practicar el dharma que permite a uno realizarse.   Las instrucciones de Atisha son muy sutiles y guían cuidadosamente el entrenamiento de la mente.


La historia de Atisha
El  dharma budista fue originalmente transmitido al Tíbet desde la India por medio del gran gurú Padmasambhava y Shantarakshita en el siglo 8 después de Cristo.  En base a sus enseñanzas el  Dharma  empezó a florecer en el Tíbet. Sin embargo, en el año 905 el rey Langdarma reprimió el Dharma en el Tíbet y casi lo hizo desaparecer por completo.  La gente tuvo que huir a las altas regiones montañosas del país. Debido a estas condiciones, los grandes maestros indios dejaron de venir al Tíbet. Lo que significó que aunque la gente en el Tíbet contaba con textos y enseñanzas sobre el budismo, sin embargo tenía que especular sobre el significado de esas enseñanzas. Una persona decía: “Bueno, pienso que significa así” y otro decía: “No,  creo que significa asá.”  Discutían de esta manera y como resultado el Dharma se corrompió y ya nadie sabía realmente cuál era el verdadero Dharma. Después del rey Langdarma, gobernó un rey llamado Yeshe  Ö  de  Guge  que pensó en la necesidad de purificar el  Dharma.  Por lo tanto, invitó al más elevado maestro de la India, Atisha,  para que viniera a purificar el Dharma en el Tíbet.

¿Cómo se degradó el Dharma? Las enseñanzas que habían abundado en el Tíbet eran de una visión muy avanzada, profunda y sutil, de modo que la gente ordinaria no podía practicar inmediatamente. Para alcanzar esta visión avanzada, la gente necesitaba practicar primero las enseñanzas muy básicas.[3] Primero, los practicantes debían generar la decisión de liberarse del samsara. Esto es hecho a través de la toma de refugio en las tres joyas del Buddha, el Dharma y la sangha. Luego necesitaban despertar la bodhichitta o corazón de la iluminación, antes de entrar en las prácticas avanzadas. La generación de  bodhichitta  es la aspiración de obtener la iluminación completa por sí mismo con el objetivo de beneficiar a otros. También necesitaban practicar la meditación de “enviar y tomar” (Tib. tong len), que implica el intercambio de uno mismo con otros. Inicialmente, uno entrena su mente en las prácticas descritas más arriba; entonces, cuando se combina esas prácticas  con las enseñanzas sobre la visión muy profunda del mahamudra, la práctica de uno progresará muy bien.


Capítulo 2
El Primer Dharma

Concédame su bendición para que mi mente pueda ser una con el Dharma

El primer Dharma de Gampopa es frecuentemente traducida como: “Pueda mi mente ser una con el Dharma,”  pero una traducción más  literal sería  “Pueda mi mente  ir hacia el Dharma.”  Para los principiantes no existe mucha diferencia si las actividades del cuerpo están o no conformes con el Dharma. Ni que nuestra habla sea conforme con el Dharma. Pero que nuestra mente sea conforme con el Dharma está toda la diferencia. Cuando la mente es conforme con el Dharma, entonces el habla y las acciones del cuerpo automáticamente serán conforme con el Dharma. Y si la mente no se hace una con el Dharma, entonces no importa lo que se haga realmente con el cuerpo y el habla; en todo caso no será en realidad muy beneficiosa. Por eso, al inicio lo más importante es que la mente se vuelva una con el Dharma.

Los problemas de la flojera
Para que la mente se vuelve una con el Dharma, es necesario abandonar la causa por la cual la mente no se hace una con el Dharma.  Esta causa es la flojera y por ociosidad uno no es capaz de practicar. Hay tres tipos de flojera. El primero es el de subestimarse,  pensando: “Bueno, la situación en que estoy es más o menos buena. No creo que pueda realmente hacer más que esto. Simplemente no estoy preparado para  hacer algo más. Es fantástico hablar sobre la iluminación, pero no son cosas que pueda lograr. No soy esta clase de persona y realmente es algo inalcanzable para mi.”  Pensando de esta manera, uno empieza a deslizarse en una actividad más degradada y esta actitud se vuelve una gran obstrucción para ser capaz de practicar el Dharma.

Por otro lado, la verdad es que no hay razón por la que uno no sea capaz de practicar, porque efectivamente tenemos la capacidad de lograr grandes cosas. Tenemos dentro de nosotros las condiciones para liberarnos y convertirnos en personas iluminadas. Esta falta de empuje que sentimos es infundada, porque ya hemos logrado una situación de ser libre y privilegiado. También tenemos una mente maravillosa que tiene  sugatagarbha, que  literalmente significa “la esencia de quién ha ido a la felicidad” y comúnmente es traducida como “naturaleza búdica” o “esencia búdica.” Esta sugatagarbha se refiere al potencial de convertirse en una persona completamente iluminada, en un Buddha.

Somos afortunados de haber encontrado una situación que puede conferirnos gran beneficio. Es decir, hemos obtenido un nacimiento humano que nos permite practicar el Camino. Ser hombre o mujer, joven o viejo, grande o pequeño, fuerte o débil, hermoso o feo, todo esto no establece ninguna diferencia. Tenemos un cuerpo que efectivamente puede practicar el Dharma. Al contrario de los animales, tenemos la capacidad del habla, por lo que podemos discutir cosas con otras personas y mejorar nuestro entendimiento. Tenemos una mente que es apta para pensar sobre las cosas y no está fuera de nuestra capacidad, reflexionar sobre lo que hemos escuchado y empezar a entenderlo.

Se dice en las instrucciones orales que obtener un nacimiento humano es haber encontrado un cuerpo que es igual a una joya preciosa. La razón de esta metáfora es que la joya vale mucho dinero y con una joya preciosa podemos conseguir lo que queremos. De manera similar,  ahora tenemos un cuerpo que nos permite hacer lo que queremos. Por eso no debemos adoptar una actitud de flojera en la que creemos que no tenemos los prerrequisitos para hacer grandes cosas en esta vida.

La segunda razón, por la que no debemos sentirnos desanimados sobre nuestra situación, es que en nosotros tenemos el sugatagarbha que es la raíz desde donde pueden desarrollarse e incrementarse todas las buenas cualidades de inteligencia (prajna) y sabiduría (jnana). Todos los seres con conciencia sin excepción poseen este sugatagarbha, que es la esencia del sugata, aquel que ha ido a un estado de felicidad. Salvo por no poner el esfuerzo necesario, no hay ninguna razón por la que no podamos lograr la iluminación plena. Dado que tenemos esta naturaleza que nos permite lograr la iluminación, nunca deberíamos de pensar: “Podría practicar eternamente sin obtener ningún beneficio.”

El segundo tipo de flojera es llamado la “flojera del apego a las malas acciones.” Generalmente, la gente le gusta hacer buenas acciones, pero hay personas que disfrutan hacer todo clase de malas acciones. Si uno se involucra en malas acciones, esto crea un obstáculo para su felicidad y bienestar. Por lo tanto, si uno tiene a este tipo de flojera, necesita un antídoto para ella. El antídoto para este tipo de apego es meditar en la no permanencia de la vida y en el karma y sus efectos.

Los seguidores de otras tradiciones religiosas dicen que el budismo es malo, porque todo esto de hablar sobre la no permanencia y el no-yo tiende a deprimir a la gente, en tanto que una tradición religiosa más bien debería animar a la gente. Pero la verdad es que pensar en la no permanencia lleva a que uno haga esfuerzos. Contemplando la no permanencia,  el encanto en toda clase de cosas disminuye y uno empieza a sentir un poco de arrepentimiento y remordimiento. Aunque al inicio puede pasar esto, es solo un estadio temporal. Pensar sobre la no permanencia tiene tres beneficios. Primero, al inicio nos llama al Dharma y nos exhorta a practicar el Dharma y pensar sobre él. Segundo, cuando uno avanza en el camino, en todo momento uno recuerda la no permanencia, esto nos llama de regreso a nuestra práctica y nos inspira para hacer mayores esfuerzos. Cuando nos distraemos por otra cosa, el pensamiento de no permanencia nos regresa a la práctica. Y tercero, dicen que la no permanencia es el amigo para obtener el disfrute de nuestra práctica, es decir, nos inspira a una acción vigorosa  y que a través de este esfuerzo el logro estará “en la palma de tu mano.”

Además de pensar sobre la no permanencia, hay que pensar en el karma. “Karma” literalmente significa “acción” y es el vínculo entre causa y efecto. Actualmente la palabra “karma” es relativamente conocida y generalmente la gente lo entiende como que significa que estamos desamparados. Cuando pasa algo malo, dicen: “Oh, bueno, es mi karma miserable y no hay nada que pueda hacer”, significando que están condenados, que no son independientes ni libres. Pero es lo contrario de lo que realmente significa karma. La enseñanza del karma es una enseñanza de que efectivamente  tenemos el control. Nosotros podemos crear lo que queremos. Puesto que todo el mundo sin excepción busca la felicidad, la gente puede tener la felicidad que desee. Entonces, si practicamos una actividad apropiada y virtuosa, la felicidad llegará como su efecto. Si uno desarrolla comprensión y fe en esta enseñanza sobre la relación entre las acciones en el presente y los efectos experimentados posteriormente, la comprensión del karma destruirá la flojera del apego a la actividad no-virtuosa.

El tercer tipo de flojera es el desinterés. Es lo que normalmente entendemos por flojera. Es simplemente no hacer nada. No tenemos ganas de hacer algo bueno ni tampoco algo malo. Simplemente estamos aburridos y no queremos hacer nada de nada. No obstante, esta es una situación muy peligrosa. El antídoto a este tipo de flojera es pensar sobre lo erróneo de estar inmerso en el samsara. El samsara tiene la naturaleza de cambio y de sufrimiento y por esto hay que entender el samsara. La definición misma del samsara es  “aquello que tiene  sufrimiento y obstrucciones.” Pero, a menudo, pensamos que hay otra razón, algún detalle en particular que necesitamos cambiar para obtener la felicidad y casi siempre pensamos que es nuestra incapacidad para modificar la situación que causa nuestro sufrimiento. Pensamos: “no tengo la mujer o el hombre adecuado y esto es el problema” o “si  establezco una relación con una mujer o un hombre bueno, entonces todo estará bien.”  O pensamos: “Hay algo inadecuado en mi trabajo, necesito encontrar un mejor trabajo y todo estará bien.” Pero en el fondo no es esta la situación, porque el sufrimiento es la naturaleza de samsara. Cuando entendemos que el problema no es solo alguna circunstancia como estar en una situación inadecuada o no tener suficiente dinero, sino que este sufrimiento es la naturaleza innata del samsara, nos damos cuenta que sólo el Dharma nos permite lograr la liberación del samsara. Esto significa lo de: “Pueda mi mente hacerse una con el Dharma.”


Capítulo 3
El Segundo Dharma:
Concédame su bendición para que el Dharma pueda ser el camino

El primer Dharma de Gampopa habla de la necesidad de practicar el Dharma, este capítulo hablará del segundo Dharma de Gampopa que implica la necesidad de la motivación que llevará al fruto final del camino, que es la iluminación. Existen dos tipos de motivación. Una es buscando la felicidad para uno mismo, la cual se llama la motivación del hinayana. La otra es la motivación de buscar la felicidad para todos los seres, que son ilimitados como el espacio y que es la motivación pura y excepcional del mahayana.

La motivación de la hinayana  es una buena motivación. Pero dado que se ocupa solo del propio bienestar de uno, resulta una motivación limitada. Por lo tanto, es necesario abandonarla y asumir la motivación más amplía del mahayana o del vajrayana. Uno necesita la amplia motivación de obtener bienestar y felicidad para todos los seres en conciencia que existen en todo el espacio. Todo el mundo desea felicidad y quiere estar libre del sufrimiento. Por lo tanto, entendiendo esto, uno aspira a lograr el bienestar para todos los seres en conciencia sin excepción y esta es la motivación que uno necesita.

Pero a ambas motivaciones se les refiere como “generación o desarrollo de la mente”. Existen dos maneras en que nuestra mente puede ser atraída hacia el Dharma. La primera es el hinayana  y la segunda es la manera muy especial y extraordinaria del mahayana.  Con la motivación  mahayana  uno será capaz de obtener bienestar para uno mismo y para todos los demás seres sensibles. Sin una motivación así, uno obtendrá algo bueno, pero no logrará la plena iluminación y la realización extraordinaria del bienestar de los otros. La motivación mahayana se llama “despertar nuestra mente hacia la iluminación suprema.”

¿Cómo es que seres ordinarios como nosotros podemos despertar una actitud tan extraordinaria de buscar la iluminación suprema a través de lograr el bienestar para todos los seres sensibles? Tener esta actitud depende del refugio en el  Buddha, el Dharma y la Sangha.  Uno reconoce al Buddha como el maestro del camino que lleva a la iluminación y afirma al Buddha como su propio maestro, diciendo: “Voy a seguir las enseñanzas que dio el Buddha.” Luego uno necesita identificar las enseñanzas y el camino que enseñó el Buddha. Entonces es a través de ir a buscar al  Buddha  y al  Dharma  que se inicia el refugio y se está capacitado para generar la motivación.

Para que tu mente pueda desarrollar la motivación mahayana, se necesita una mente que esté tranquila, relajada, pacífica, domada y bien entrenada. Hay una variedad de sistemas para lograrlo. Algunos toman primero refugio, luego despiertan a la bodhichitta,  en seguida hacen las prácticas preliminares o ngöndro. Al completar el ngöndro, se practicará los métodos de meditación del shamatha para poner la mente en un estado relajado, pacífico y lúcido. Otra manera de hacerlo es practicada por Vajradhatu según las enseñanzas de Trungpa Rinpoche. Él enseña empezar con la práctica de la meditación de la tranquilidad (Sánsc.  shamatha), con la finalidad de desarrollar cierta tranquilidad de la mente, cierta relajación, que se vuelve la base para recibir los votos de refugio y el desarrollo de la aspiración del mahayana. Luego se introduce el ngöndro A mi me parece una manera muy beneficiosa, muy práctica y sensible para realizarla. Es particularmente útil en países desarrollados, donde todo el mundo lleva una vida muy ocupada y agitada y la gente tiene muchas preocupaciones. Entonces en estos países desarrollados, necesitamos en primer lugar practicar los métodos de pacificar la mente.

Las nueve etapas de la meditación shamata
Existen nueve maneras de calmar la mente acompañadas de varios antídotos para obtener un estado pacífico, relajado, lúcido y calmo de la mente. La primera se llama “estableciendo la mente” que trata de cómo entrar en meditación. Más que esforzarse arduamente, uno simplemente deja que su mente se relaje, aceptando cualquier cosa que aparezca. Si la mente se relaja por un período largo o muy corto, si está estable o no, todo está bien. En esta etapa uno está tratando de experimentar que la mente esté en calma sin que se generen muchos pensamientos.

Cuando uno es capaz de poner su mente por un momento en este estado relajado, libre de pensamientos, se entra en la segunda fase llamada “estableciendo la mente continuamente.” Básicamente, uno es capaz de poner su mente en un estado de relajación por un momento más largo. En la primera fase hay más distracción que  atención.  En la segunda fase el balance cambia, es decir,  cuando uno se distrae y la mente empieza a vagar, no sigue en la distracción por mucho tiempo. Más bien aparece la atención y la mente se vuelve más lúcida y es capaz de meditar otra vez.

En esta segunda fase, cuando ocurre un pensamiento o distracción, uno aún lo sigue por un momento. En la tercera fase, cuando un pensamiento surge, uno es capaz de verlo como  un pensamiento y vuelve simplemente a colocar la mente en un estado relajado. Esta tercera fase se llama “estableciendo otra vez.”  Uno trata de practicar la meditación shamatha y colocar la mente en un estado de paz. Entonces, en este punto se reconoce que uno efectivamente tiene pensamientos. Pero estos pensamientos siguen surgiendo y uno se desanima. A veces la gente dice, “Aquí estoy tratando de meditar y tengo todos estos pensamientos surgiendo.”  Sin embargo, hay una razón por la cual uno no debe sentirse desanimado, así es justamente nuestra mente. Tenemos esta explosión no domada de pensamientos surgiendo de la nada y por esta razón necesitamos practicar la meditación. En el pasado, todos esos pensamientos también estaban surgiendo, pero estábamos totalmente inconcientes de esto. No había atención ni meditación en ese entonces. Pero con la meditación desarrollamos la habilidad de reconocer los pensamientos como pensamientos y esto es una cualidad positiva.

La discusión sobre tener tantos pensamientos se ha tratado en diversos manuales de instrucción de meditación. Se dice que cuando uno empieza a tener un poco de progreso en meditar, empieza a pensar que definitivamente las cosas están empeorando. Uno piensa, “antes cuando no practicaba meditación no tenía tantos pensamientos y ahora que estoy practicando  hay un montón más que antes.”  También dicen en esos tratados que para nada es el caso: antes de iniciar la práctica de meditación, uno siempre estaba distraído. Teníamos muchos pensamientos, pero nunca los reconocíamos como tal y por lo tanto nunca los experimentamos. Después de practicar un tiempo, somos capaces de identificar los pensamientos como pensamientos y se dice que la irritabilidad que motivan todos esos pensamientos es una señal efectiva de que la mente está empezando a calmarse un poco.

Después de que ya somos capaces de reconocer nuestros pensamientos como pensamientos, normalmente desarrollamos un apego hacia nuestros pensamientos. Empezamos a pensar, “estos pensamientos son muy importantes y buenos.” Y así seguimos pensando en ellos, siguiéndolos porque parecen ser importantes. Para no caer en la fascinación por nuestros pensamientos, tenemos que aplicar un antídoto. Tenemos la tendencia de pensar que nuestros pensamientos son extremamente importantes, porque estamos haciendo planes sobre qué vamos a hacer. Es apropiado decirnos firmemente, “Muy bien, tengo planes que hacer, pero puedo hacerlo después. Ahora, se supone que estoy meditando.” Un ejemplo tradicional es que cuando un chancho entra en el jardín y empieza a comer todas las flores y vegetales; el jardinero debe venir con un palo y golpearlo en el hocico. Entonces, el chancho huirá. Si el jardinero por el contrario hubiera sido muy amable y hubiera acariciado al chancho, el chancho se habría comido rápidamente todas las flores y vegetales. Esto es comparable con nuestros pensamientos. Si los pensamientos surgen y pensamos “Oh, esto es muy importante, tengo que pensarlo”  y no paramos esos pensamientos desde el inicio, nos perderemos en ellos. Es decir, es más difícil deshacerse de los pensamientos después que decirles “no” enseguida.

La cuarta fase se llama “establecimiento cercano.” En este punto de la meditación uno es capaz de echar los pensamientos tan pronto aparecen. Uno simplemente los pone de lado. Pero hacerlo así requiere una fuerte disciplina, a través de  las técnicas de atención plena y alerta conciente.  A estas alturas, la atención plena es básicamente una cuestión de recordar que uno está practicando meditación.  Alerta conciente, por otro lado, es mirar dentro de la mente y ver que está pasando en la práctica de uno. Con atención plena y alerta conciente se es capaz de lograr el cuarto nivel de calmar la mente.

El bodhisattva Shantideva abordó esta cuarta fase en su tratado sobre el camino del bodhisattva llamado  Una Guía en el estilo de vida del Bodhisattva en la que dijo que todos esos pensamientos pueden ser comparados con ladrones.  Dijo: cuando alguien tiene la intención de robarte, mirará dentro de tu casa para ver si los guardianes que protegen tu casa son inteligentes y fuertes. Si encuentran que es así, simplemente se irán a otro lado. Sin embargo, si ven que los guardianes son tímidos y no muy fuertes, se impondrán, entrarán en la casa y se llevarán tus posesiones. Algo similar ocurre con la atención plena y la alerta conciente, que son los guardianes de tu práctica de meditación. Si no son muy fuertes, los pensamientos vendrán y simplemente te llevarán a otra parte. Pero si la atención plena y la alerta conciente están bien establecidas, entonces los pensamientos no pueden entrar ni asumir el mando. En esta metáfora particular, Shantideva apunta a que nuestra mente se parece a una puerta.  Es como la entrada a un banco donde algo muy valioso está guardado. Si el guardián del banco es una persona fuerte y alerta y lleva un arma, los ladrones se irán hacia otro lado. Dirán simplemente,  “esto no va a funcionar, no vamos a poder entrar.” De manera similar, atención plena y alerta conciente son los guardianes de los tesoros de nuestra mente, que son la virtud y el mérito acumulado en nuestra práctica. Si  la atención plena y  la alerta conciente están bien establecidos, entonces las emociones perturbadoras (sáns: kleshas) no entrarán para robar nuestra virtud acumulada y para dañar nuestra práctica.

La quinta etapa de la práctica se llama “domesticación”. En este punto, uno ya ha estado practicando meditación por un período extenso y la mente se torna cansada. Es muy difícil de practicar y uno realmente ya no tiene ganas de practicar. La mente se ha puesto densa y pesada, la está faltando libertad o independencia. Este es el momento de recordar el propósito de practicar meditación y sus buenas cualidades. Uno se anima y recuerda las razones por lo cual está meditando, pensando: “Si soy capaz de continuar y tengo éxito en esta práctica y voy mas allá de este obstáculo, obtendré verdadera felicidad de cuerpo y mente y  conseguiré el fruto verdadero de mi práctica. Pero si dejo que mi mente continúe con esta pesadez, no seré capaz de lograr estas cosas.” Este es el momento de recordar los verdaderos beneficios y las buenas cualidades de la meditación, una vez actuado así, uno estará contento de continuar,  encantado con la meditación.

Estando complacido con practicar la meditación se nos hace más fácil. Entonces, esto nos lleva al sexto estado, que se llama “apaciguamiento.”  A esta altura, uno empieza a mirar más de cerca a los pensamientos que interrumpen la práctica de la meditación. Más que simplemente darse cuenta de los pensamientos con un: “Oh, era un pensamiento”  uno empieza a examinarlos y decir: “Hummm..., la meditación no va tan bien hoy. ¿Qué son esos pensamientos? ¿Es apego, es agresión, es duda, es desilusión?  ¿Qué está pasando exactamente ahora?”

Así, reconociendo el apego, la agresión, la duda, etcétera, se puede  tratarlos de este modo: Si los pensamientos son de apego o deseo, se puede recordar que no hay ningún beneficio real que trae el apegarse.  Entendiendo que perseguir deseos no rinde beneficio, es la clave para abandonar la emoción del apego. En el caso de odio o agresión, se reconoce que el odio daña tanto a uno mismo como a lo demás y que no beneficia a nadie. Esto es realmente clave para ser capaz de superar el odio. Para enfrentarse con la duda, hay que comprender que uno es el más consumido por la duda, mientras más se piensa en ella, peor se vuelve. Dudando de las cosas no ayuda realmente a solucionar el asunto, solo se acumula más y más dudas. Por lo tanto, durante la meditación, es realmente inútil quedarse en la duda. Es una manera inadecuada de tratar las cosas. Entonces, acercándose a mirar los asuntos y así superarlos paso a paso  es la manera de apaciguar la mente.

A estas alturas, hemos abandonado los problemas más gruesos que surgen en la meditación. Ahora necesitamos hablar sobre los obstáculos más sutiles, por lo mismo más difíciles de superar. Aunque han estado presentes todo el tiempo, recién en este punto empezamos a enfocarnos en ellos.  Ellos son llamados, por un lado, la pesadez de la mente y, por otro lado, la parte salvaje o la turbulencia de la mente. Mente salvaje significa simplemente no ser capaz de poner la mente en un estado de tranquilidad. Podría pensar en un juego que le gusta practicar o en un lugar donde le gustaría estar. Cualquier cosa que sea, su mente empieza a enfocarse en ella y ya no es posible soltar simplemente la mente en un estado pacífico y relajado, porque está atrapada en algo. El otro tipo de problema es la pesadez u obscuridad de la mente, en la que la mente empieza a sumirse y se vuelve extremamente no-lúcida e inflexible.

Para superar el estado salvaje y la pesadez de la mente, primero debemos identificarlos como tal. Básicamente, la mente salvaje ocurre cuando estamos muy excitados y realmente interesados en el asunto sobre el que pensamos. Este recurso es necesario para contener tu mente.

Hay varias maneras para contrarrestar específicamente la mente salvaje: pensando en la motivación de uno para practicar, o involucrándose en una actitud particular, o visualizando un objeto en particular en su meditación. Por ejemplo, para tratar la mente salvaje, se puede cambiar la motivación de uno, uno puede pensar en la no permanencia, o en los defectos del samsara, o en las desventajas de no ser capaz de meditar. Esto hará bajar en cierta manera la turbulencia de la mente.  Para contrarrestar la turbulencia de la mente a través de la conducta, si la habitación está muy clara, uno puede simplemente obscurecer la habitación, convirtiéndola en una cueva.  Ayudará a la mente a relajarse. También se puede calentar un poco más el lugar, lo cual relajará el cuerpo y a su vez aflojará la tirantez y la tensión de la mente. Para contrarrestar la turbulencia de la mente con la visualización, se puede visualizar un loto negro con cuatro pétalos a la altura del corazón que están ligeramente inclinados hacia abajo y visualizar una gota negra (Sánsc. bindu) descendiendo de los pétalos de la flor. Simplemente visualizando esto reducirá la turbulencia y tensión de la mente.

Para superar la pesadez o embotamiento de la mente hay otra vez tres maneras principales: en cuanto a cambiar la motivación, uno debe de alentarse y alegrarse. El método que se recomienda tradicionalmente es pensar en las notables cualidades del Buddha y del Dharma. Pensando en esas cosas tiende a elevar la mente. En relación a la conducta, uno puede contrarrestar la pesadez de la mente ajustando su postura, sentándose muy adecuada y rectamente. También se puede enfriar e iluminar la habitación, lo que tendrá un efecto para superar la pesadez que se impuso. Respecto a la visualización, se puede visualizar un loto blanco con muchos pétalos con una gota blanca a nivel del corazón y hacer subir la gota lentamente a través del cuerpo hacia el Brahmarundhara en la coronilla de la cabeza. Esta gota blanca sube y se queda allí.

La sétima etapa de calmar la mente se llama “pacificando a fondo” y es una extensión de la sexta etapa de “pacificando.” Como en la fase anterior, uno todavía trabaja principalmente con los obstáculos de pesadez y turbulencia y se trabaja de igual manera.

Ahora, la octava etapa de calmar la mente es llamada “enfocando en un punto.”  En esta fase se trabaja todo tipo de obstáculos y se necesita una variedad de antídotos. En las primeras fases uno ha estado principalmente involucrado en mantener la mente dentro de la práctica de la meditación y trabajando en las cualidades más sutiles de pesadez y turbulencia de la mente. En esta octava etapa, el meditador necesita investigar qué es lo que está pasando dentro de la mente y practicar el antídoto apropiado.

La novena etapa se llama “estableciendo la mente en equilibrio.” En esta etapa es necesario mayor esfuerzo. Más bien uno desiste de aplicar las variadas técnicas usadas hasta ahora y simplemente permite a la mente permanecer en un estado relajado y lúcido, que se llama el estado de estar “procesado profundamente” o shin jong en tibetano. Hay una cierta independencia de la mente; realmente solo es una cuestión de abandonarse en un estado de meditación.



[1] Hay cuatro escuelas principales en el budismo tibetano: la más antigua es el linaje Nyingma, fundado por Padmasambhava, el linaje Sakya fundado por Khon Konchug Gyalpo, el linaje Kagyu fundado por Marpa el traductor, y el  Gelugpa fundado por  Tsong Khapa y que es el linaje del Dalai Lama.
[2] Existen tres cuerpos de  Buddha: el  nirmanakaya, el sambhogakaya  y el dharmakaya. El dharmakaya  es el cuerpo de completa sabiduría de  Buddha.  Desde este espacio se manifiesta en el  sambhogakaya, en los reinos puros que pueden ser visitados por los bodhisattvas realizados.  El sambhogakaya  se manifiesta solamente a los bodhisattvas en las tierras puras. El nirmanakaya es la manifestación corporal en el mundo, como ocurrió con el Buddha Shakyamuni histórico.

[3] En otras enseñanzas,  Thrangu  Rinpoche  describe como la posición de “sólo por examinar la mente se lograría la iluminación”,  fue defendida por Hasang Mahayana  y que fue rebatida por el discípulo de Shantarakshita, llamado  Kamalashila, que defendió la posición de que “se debería empezar por proceder a través del camino gradual de acumulación de mérito y  sabiduría”.  Kamalashila ganó el debate y desde entonces, los monasterios tibetanos han propuesto el enfoque gradual.

viernes, 14 de abril de 2017

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Una entrevista con su Santidad el Catorce Dalai Lama

En el occidente, hay muchas escuelas diferentes del budismo. ¿En dónde se encuentra el terreno común?

Me gustaría decir que todos somos los estudiantes de un maestro, el Buddha. Un maestro muy amable, sabio. Es lo más importante. Como seguidores o estudiantes de este gran maestro, debemos tomar su propia vida como modelo. Su sacrificio — abandonar su palacio y vivir en el bosque durante seis años. Su trabajó duro para volverse iluminado. Cuando el Buda comenzó a enseñar, él consideró la mentalidad de su público, su disposición mental y, en consonancia con ello, dio las enseñanzas.

A veces, ponemos menos énfasis en el modo de vida del Buda. Preferimos una forma de vida más lujosa. A veces, al explicar o enseñar el Buddharma, hay una leve actitud de imponer la opinión propia.
Todas las tradiciones en el budismo tienen sus propias particularidades. Pero en esencia, todos somos estudiantes del mismo maestro.

Personas en todo el mundo son muy inspiradas por su negativa a ceder a la ira o a la desesperación o a la venganza sobre la situación en su país. En este país, podemos mostrar más ira sobre un coche que nos adelanta en la autopista, que lo que hace frente a China. Vemos que para usted esto tiene algo que ver con una formación religiosa profunda. ¿Puede alejarnos de la clase de ira que experimentamos cada día sin una formación religiosa?

En mi caso, si el coche se retrasa, también me irrito. Pero para cosas más serias, quizás tengo más paciencia y calma. Por supuesto, el entrenamiento de la mente, o de creencia religiosa, y sin duda en mi caso, como budista, es un método. La formación implica no sólo un único método, sino muchos métodos. Es como construir un avión enorme. Tiene tantas piezas que todas tienen que encajar para que funcione. De la misma manera la transformación de nuestras mentes, o el establecer el tipo de actitud mental adecuada, toma tiempo.


Así es sin duda en mi vida diaria, en mi actitud mental hacia mí mismo, hacia otros seres humanos, hacia los problemas, hacia los enemigos; tal vez hay algunas diferencias debido al largo proceso de entrenamiento en varios métodos.


A menudo ha dicho que debemos permanecer en nuestras tradiciones. ¿Nos puede decir qué significa eso?
De modo general, es mejor mantener la tradición propia. Es más conveniente. Pero entre algunas personas en occidente generalmente son cristianos, judíos y, en cierta medida, musulmanes hay un interés en el budismo. A veces, a causa de sus disposiciones mentales individuales, no encuentran en su propia tradición mucho que sea eficaz, pero aún quieren una práctica espiritual. Sienten una fuerte atracción hacia el budismo y, luego, por supuesto, es su derecho seguir al budismo. Después de todo, todas las religiones pertenecen a la humanidad. Lo importante es que una vez que tomamos una decisión de seguir otra religión, debemos mantener en nuestras mentes que debemos evitar criticar a nuestra propia tradición anterior. Debemos mostrar respeto por ella.

¿Qué cree que está sucediendo en el occidente que hace al budismo tan atractivo para nosotros?

La variedad, tal vez. La gente siempre quiere algo nuevo, algo nuevo. Nuevos muebles, nueva moda, un nuevo color para su cabello. Todas estas cosas. Algunos incluso quieren cambiar la cara (risas). Les gusta como algo nuevo. Es un factor.

Otro factor más serio es que las personas a veces son muy escépticas de las creencias religiosas. Entonces descubren que algunas de las tradiciones asiáticas se basan en el trabajo, o en la inteligencia y no buscan simplemente aceptar las enseñanzas en base a la fe. Hay mucho de explicación que sigue a la investigación, así que para aquellos que son escépticos de los sistemas basados puramente en la fe, las tradiciones asiáticas pueden ser muy atractivas. Esa es una razón. Luego, otra cosa: todas las principales tradiciones religiosas tienen enseñanzas sobre la práctica de la compasión, amor, perdón, pero el Buddha se ha convertido en un símbolo de la no violencia en el mundo, un símbolo de compasión. Todos los antiguos maestros enseñan el mismo mensaje, pero el mensaje del Buda no es sólo para la humanidad únicamente; es para todos los seres sensibles. Pone un fuerte énfasis en el respeto de todas las formas de vida. Y creo que es por esto tal vez que el Buddha se ha convertido en un símbolo universal de la compasión y la no violencia y por qué muchos son atraídos al budismo.


¿Cree que el budismo puede atemperar algo de la violencia en este país?
Así lo creo.

¿Cómo cree que el budismo afecte a los valores de nuestro país?
En cuanto a los conceptos o filosofía budista, creo que no habrá ningún cambio sustancial. Pero las antiguas tradiciones de India han tratado de explicar las cosmologías. Así aquí, a la ciencia moderna — la ciencia de la cosmología y también la biología, la neurobiología, la psicología y la física — le será muy útil en el desarrollo de una comprensión más profunda de la realidad en estos campos.

Luego hay el Vinaya, el código monástico. En el Vinaya, el Buddha dio igualdad de derechos para hombres y mujeres. Aunque luego, en algunas formas de práctica, parece que existe cierta discriminación. En el pasado, solo tomamos estas dadas por hecho. No había conciencia sobre esto. En el occidente, hay una conciencia sobre la igualdad, especialmente cuando se trata de los derechos de las mujeres. Esta situación podría contribuir a abrir nuestras mentes. Y tal vez a alguna discusión o hacer alguna corrección o modificación.
Pero hay un problema: una sola persona no puede decidir el realizar cambios en el Vinaya. Este tipo de decisión debe hacerse con un grupo de sanghas, un grupo de bhikshus, porque esta es la práctica monástica del sistema tailandés o Theravada, el sistema tibetano, el sistema chino, y [en ese sentido] son esencialmente lo mismo. Así que lógicamente, esto necesita cambio o modificación por parte de un grupo de la sangha internacional. De lo contrario, es un poco difícil para nosotros los tibetanos hacer solos el cambio. Durante muchos años he estado deseoso de tener un encuentro internacional de bhikshus de todos los países budistas, especialmente por las tradiciones del Vinaya, para tener debates sobre las enseñanzas del Buddha y la realidad actual.

En los Estados Unidos una de nuestras realidades es el capitalismo. Usted ha dicho que el capitalismo se centra también en el dinero. ¿Esto presenta problemas especiales para el estudio del budismo y para la transmisión del budismo en un sistema de valores occidentales?

No creo. Ya sea socialistas o capitalistas, generalmente la gente por todas partes está relacionada con el dinero. Creo que es lo mismo. Oriental, occidental, capitalista, socialista; en todas partes, por lo general, las personas son atraídas siempre hacia la comodidad material y el dinero.

Usted ha dicho muchas veces que su religión es la bondad. Y a veces escuchamos que esto significa algo más que "religión" como la conocemos.

Creo que es muy útil o importante tener un modo no religioso de acercarse a un no creyente para darle tranquilidad. Y de esa manera darle a la comunidad y a toda la humanidad en su conjunto. En cualquier caso, la mayoría de la población mundial de seis mil millones de personas tiene poco interés o seriedad cuando se trata de religión. Esa mayoría, ese grupo de personas, tiene una gran influencia en la sociedad, o un papel más importante en la sociedad,  que aquellos que son religiosos.

Tengo la impresión de que cuando la gente no está muy interesada en la religión, también descuidan valores como la compasión, un sentimiento de compartir, un sentido de cuidado, todo lo que consideran un mensaje religioso y lo rechazan. Ese es un error. Se trata de ética secular, no un mensaje religioso, y que es para todo el mundo. Todo el mundo puede entender que como ser humano, desea una vida feliz, una familia feliz, ser una persona feliz. Pero las cosas materiales no le proporcionarán verdadera paz o felicidad interior. Los valores humanos son imprescindibles. Debemos encontrar una manera de presentar los valores humanos básicos para todos y presentarlos, no como religión sino como ética secular que es esenciales sea si eres religioso o no.
De: Tricycle magazine, 2001.

Versión al español, el editor

miércoles, 29 de marzo de 2017

Disolviendo las raíces del sufrimiento
Meditación Zen, Psicoterapia y Enteógenos
Dokushô Villalba



Un sentimiento universal: el anhelo de felicidad
Sin lugar a dudas, el sentimiento más universal común a todas las formas de existencia sensibles es el anhelo de felicidad, sea como sea que cada ser individual imagine este estado. En la enseñanza budista se habla de tres tipos de gozo-felicidad: 

- El gozo-felicidad sensorial, producido por sensaciones agradables perceptibles por los ojos, los oídos, la lengua, la nariz y el cuerpo.
- El gozo-felicidad supra-sensorial producido por creaciones mentales-emocionales agradables perceptibles por la mente.
- El gozo-felicidad superior, surgido de la absorción de la consciencia en su naturaleza fundamental o vacuidad. 

No obstante, también la realidad del dolor y del sufrimiento es universal y común a todos los seres dotados de sensibilidad.

El Buda Sakiamuni habló de tres tipos de sufrimientos:

- Sufrimiento corporal, el dolor físico. Tiene como soporte el cuerpo y es común a plantas, animales y seres humanos.
- Sufrimiento mental-emocional. Nuestra capacidad de generar deseos es mucho mayor que nuestra capacidad de satisfacerlos. Por otra parte, las ideas, concepciones y expectativas que nos hacemos sobre la realidad no coinciden siempre con lo que la realidad es. Resultado de esto es la frustración, el desengaño, la desilusión. Es un tipo de sufrimiento propio de los seres humanos.
- Sufrimiento existencial o esencial. En la mayoría de los seres humanos, la consciencia surge asociada al ego, o autoconsciencia. Cada uno está identificado con su existencia individual. Como seres autoconscientes sabemos que vamos a morir. Debido a la identificación con la existencia individual tememos la muerte, porque el apego a la existencia individual implica un deseo de continuar viviendo y un rechazo de la propia disolución. Este apego a la autoperpetuación y este rechazo a la disolución de la existencia individual, genera la principal fuente de angustia y de ansiedad, es decir, una forma de sufrimiento propia de los seres autoconscientes. 2

Desde un punto de vista más preciso, los distintos tipos de sufrimientos tienen su origen en los distintos niveles de lo que, según la filosofía perenne, se llama la Gran Cadena del Ser. Existen diversas maneras de presentar estos niveles. Ken Wilber ha popularizado en su obra una versión bastante amplia y completa.3 Me gustaría ahora exponer brevemente mi visión de los distintos niveles de la Gran Cadena del Ser y de los tipos de sufrimientos asociados a ellos, utilizando básicamente los empleados por Ken Wilber pero añadiendo algunos aspectos que considero importantes.


A. REINO DE LA SUBCONSCIENCIA.

I. Zona pre-biográfica:

1. Nivel de las tendencia kármicas (sanskhara, en sánscrito). Desde el punto de vista del Budismo, la concepción de un nuevo ser requiere la presencia de tres elementos: padre-madre, circunstancias ambientales favorables y tendencias kármicas, es decir, la energía kármica liberada por los difuntos en el momento de su muerte y que, impulsadas por el deseo de existencia, tiende a materializarse durante la concepción de un nuevo ser. Esta energía kármica llega impregnada de tendencias y semillas kármicas que condicionan la concepción y el futuro desarrollo del nuevo ser. Parte del sufrimiento que experimentamos tiene su origen en estas tendencias kármicas.4

II. Zona Biográfica: 
Comienza con la concepción y en ella cabe distinguir la franja pre-personal y la personal.

Franja pre-personal:
2. Nivel Perinatal. Los trabajos de Stanislav Grof han puesto de relieve la profunda influencia que las experiencias vividas durante lo que él llama Matrices Perinatales (MPN) tienen en la formación ulterior del ser. Creo que estas Matrices Perinatales deben ser consideradas con un nivel más dentro de la estructura total del Ser. Según Grof, estas Matrices Perinatales constituyen el núcleo alrededor del cual se organiza la estructura de la personalidad. Muchos disfuncionamientos que aparecen después en otros niveles superiores tienen su origen en estas fases perinatales.5

3. Nivel fisico-sensorial. El hecho de ser cuerpo físico implica la posibilidad de experimentar sufrimiento y dolor físico. Si además, el cuerpo ha sufrido algún tipo de disfuncionamiento en su formación, el dolor y el sufrimiento se hacen más evidentes. En este nivel evolutivo tienen además su origen las psicosis autistas, las psicosis simbióticas, las esquizofrenias y las psicosis depresivas. 

4. Nivel emocional-sexual. Después del nacimiento extrauterino, el recién nacido debe afrontar aún su nacimiento emocional y psicológico. Este sigue pautas y fases que han sido estudiadas por la psicología evolutiva. Cualquier disfuncionamiento en una o algunas de estas fases se manifestará más tarde como dolor y sufrimiento emocional-sexual. Los trastornos narcisistas y bordeline tienen su origen en este nivel. 6

5. Nivel representativo. A través de la función representativa, la conciencia individual genera una imagen interior subjetiva de la realidad objetiva mediante el proceso cognitivo. No obstante, pueden darse errores en las fases de captación (por los órganos sensoriales), de transmisión (a través del sistema nervioso), de procesamiento (a través de las distintas zonas cerebrales). Los errores en el proceso cognitivo crean representaciones erróneas de la realidad y éstas se convierten en causas de dolor y de sufrimiento.7 Las neurosis bordeline y las psiconeurosis tienen su origen en este nivel.

B. REINO DE LA AUTOCONCIENCIA

Franja personal:
6. Nivel operacional (regla-rol). Si la imagen interior subjetiva generada durante el proceso cognitivo es errónea, el individuo no conseguirá adaptarse a la realidad. Su acción en y sobre el mundo (relaciones personales, sociales, con el medio ambiente, etc.) será torpe y no encajará realmente con lo que la realidad es en sí. Esta inadaptación es una de las causas de un tipo de dolor y de sufrimiento asociado al disfuncionamiento de la existencia individual en el seno de la trama de la vida. Las patologías relacionadas con el self-rol y del tipo guión-cognitiva tienen su origen en este nivel. 8

7. Nivel reflexivo-formal. Las crísis de identidad, neuróticas o no, tienen su origen en este nivel. ¿Quién soy yo? Las respuestas insatisfactorias o incompletas son causa de un tipo de sufrimiento asociado a la pérdida del sentimiento de identidad.

8. Nivel lógico existencial. ¿Cuál es el propósito y la función de la vida humana (y de la propia existencia individual) en el seno de la vida cósmica? ¿Cuál es el sentido de la vida y, en concreto, de mi propia existencia? En este nivel del ser, estas preguntas se vuelven dramáticamente urgentes e insoslayables. En muchas tradiciones indígenas americanas se practica la búsqueda de la visión, es decir, del propósito de la propia existencia individual. Sin un propósito claro, la vida humana se vuelve instintiva y mecánica. Gran parte de nuestros coetáneos sufren este sufrimiento existencial porque su mera inserción en el engranaje de producción-consumo no basta para darle un sentido a su existencia. Son los sufrimientos propios de las patologías existenciales.


C. REINO DE LA SUPRACONCIENCIA.

III. Zona trans-biográfica.

Franja trans-personal:
9. Nivel psíquico.
10. Nivel sutil.
11. Nivel causal.

Más allá de la mente lógico-racional y de la consciencia de ego se abren los llamados estados o niveles transpersonales. El individuo experimenta una expansión de su identidad y una identificación con aspectos de la realidad hasta entonces inconscientes o desconocidos. La irrupción y la consolidación de estos nuevos estados también están sometidos a trastornos o patologías (los llamados por Ken Wilber trastornos psíquicos, sutiles y causales) y a experiencias de dolor y de sufrimiento.9 La literatura de las tradiciones espirituales y esotéricas está llena de estos casos.

Más allá (y más acá) de cualquier nivel y actuando como el fondo blanco del papel sobre el que se ha escrito todo esto, fundido con todo lo que se ha escrito, se encuentra el nivel de la Realidad Ultima o No-dual.

Este no es el lugar adecuado para entrar en una descripción de cada uno de estos niveles, franjas, zonas y reinos, ni en su dinámica de desarrollo. Para ello remito al lector a la obra de Ken Wilber. Lo que aquí nos interesa es saber que los distintos tipos de disfuncionamientos, trastornos o patologías (sufrimiento) que experimentamos los seres humanos tienen su lugar de origen en uno o en varios de estos niveles.



La causa-raíz del sufrimiento
Hemos visto que cada tipo de sufrimiento específico tiene sus propias causas específicas. No obstante, desde el punto de vista de la enseñanza del Buda, todas las causas se resumen en una: la ignorancia. Hay diversas formas de definir esta ignorancia. Claudio Naranjo, basándose en un análisis budista, la identifica con el “vacío óntico”, o pérdida de la consciencia clara de la naturaleza del propio ser. Por mi parte, me gusta presentarla como un “error de percepción”, es decir, como una representación incorrecta o incompleta de la realidad del propio ser. El término japonés para designarla es mumyo: oscuridad, falta de claridad, en el sentido de ausencia de consciencia clara. Otra forma de presentar este estado de ignorancia es considerándolo como un error en el proceso cognitivo10 a través del cual la mente humana trata de aprehender la realidad. El resultado de este error es una imagen mental ilusoria (distorsionada) de la realidad. Debido a esta distorsión cognitiva, el individuo humano genera un comportamiento torpe e inadaptado a la realidad que es y que le envuelve. La manifestación de todo ello no es otra que el dolor y el sufrimiento, es decir, un estado de existencia desgraciado en el que no se realiza el anhelo fundamental de felicidad. Desde este punto de vista podríamos definir la felicidad como una perfecta adaptación física, emocional, mental, espiritual, social y medioambiental del ser humano en su verdadera realidad.

¿Cómo disolver las causas del sufrimiento?
Puesto que existen distintos tipos de sufrimiento, distintos tipos de causas y distintos niveles del ser en los que se originan estas causas (o una misma causa que se manifiesta en distintos niveles del ser), las herramientas o medios terapéuticos destinados a la sanación del sufrimiento deben ser también variadas y distintas. Los distintos sistemas psicoterapéuticos actuales responden a esta realidad.

Por ejemplo, la terapia de regresión se manifiestan adecuadas para conectar con las tendencias kármicas, con las fases perinatales, con los trastornos propios de los niveles fisico-sensorial y emocional-sexual. Las técnicas para acceder a los estados regresivos son también variadas; hipnosis, hiperoxigenación o hipooxigenación, rebirthing, bañera de aislamiento sensorial y también terapias con LSD y terapias con Ketamina11, así como una mezcla de varias ellas. Ken Wilber da una idea acerca de qué sistemas psicoterapéuticos son apropiados para las patologías propias de cada nivel. 12

Campo de acción y dinámica interna de la meditación Zen
Originalmente, el Dharma Budista es un camino de sanación del sufrimiento existencial o esencial. La meditación zen opera mediante una tecnología interior tendente a favorecer la irrupción y la consolidación de los niveles transpersonales del ser. Cada una de las formas tradicionales que ha adoptado el Dharma budista se ha especializado en el desarrollo de uno o varios de estos niveles. Por ejemplo, la tradición del Budismo tántrico permite el desarrollo de los niveles psíquico, sutil y causal. Otras, como las tradiciones Dzogcheng y Zen, enfocan directamente los niveles causal y no-dual.

La tradición Zen se caracteriza por “apuntar directamente a la raíz, sin detenerse en las ramas o en las hojas”. Esto es, apunta directamente a la realización del nivel causal de la Suprema y Perfecta Sabiduría (anokutara samyaku sambodhi, en jap.). No obstante, en el Denkoroku12 o “Crónicas de la Transmisión de la Luz”, del patriarca soto zen japonés Keizan Jokin, encontramos un gran número de biografías de los maestros del linaje zen, especialmente de los maestros indios, en las que aparecen gran cantidad de experiencias que corresponden a los niveles psíquicos y sutiles.

En pocas palabras, la dinámica interna de la meditación Zen consiste en la generación de un estado de Presencia basado en una atención lúcida y mantenida instante tras instante, y desarrollada a través de sus dos aspectos de concentración y observación. Este estado de Presencia permite:

-  El apaciguamiento, la trascendencia, la observación y la integración de la actividad sensorial (nivel físico-sensorial)
-  El apaciguamiento, la trascendencia, la observación y la integración de la actividad emocional (nivel emocional-sexual).
-  El apaciguamiento, la trascendencia, la observación y la integración de la actividad mental (nivel representativo, operacional, reflexivo-formal y lógico-existencial).
-  El apaciguamiento, la trascendencia, la observación y la integración de la actividad de la conciencia alaya, (inconsciente individual, colectivo y cósmico) (nivel psíquico).
-   El acceso, la observación y la integración de la consciencia sutil (nivel sutil).
-   La realización, la trascendencia y la integración de la propia naturaleza de Buda (nivel causal) (amala, en el budismo).
-   La realización de la No-dualidad fundamental entre Vacuidad y Fenómenos (Realidad Absoluta No-dual).

Acerca de los enteógenos
Se han empleado distintos nombres para referirse a las sustancias o plantas que contienen fuerte poder de transformar la consciencia tales como psicotropos, psiquedélicos, alucinógenos, etc. Personalmente prefiero el término enteógeno (lit. surgimiento de la Divinidad –Absoluto- interior).13

Los enteógenos son sustancias o preparados, vegetales o sintéticos, que permiten al usuario liberarse momentáneamente de la percepción de la realidad creada por la mente lógico-racional y le ponen en contacto con experiencias procedentes de los demás niveles de la Cadena del Ser. Dentro del mundo vegetal encontramos la ayahuasca, el peyote, el cannabis, los hongos psilocíbicos, el yopo, la seta amanita muscaria, la salvia divinorum, el cactus San Pedro, la iboga, etc. por citar sólo los más conocidos. Los principios activos de muchos de ellos han sido ya sintetizados en laboratorios. Dentro de los sintéticos que no se encuentran fácilmente en la naturaleza encontramos el MDMA, el MDA, la ketamina, entre los más conocidos.14

Los enteógenos son herramientas y han sido utilizados como herramientas desde los orígenes de la Humanidad y cada vez cobran más pesos las teorías que los sitúan en la génesis misma de las religiones y tradiciones espirituales.15 

Siendo herramientas tienen un poder específico pero el resultado de su uso depende de la actitud y del propósito con los que se usa.

El poder terapéutico de los enteógenos
Es innegable el poder benéfico que el uso de estas sustancias tiene en el campo de la psicoterapia, dentro de un marco psicotarapeútico y usado con consciencia por profesionales honestos. La ibogaina está siendo usada en el tratamiento de desintoxicación de alcohólicos16 y de heroinómanos, así como la ayahuasca17 y la ketamina18. Los trabajos de Anne Shulgin y de otros han puesto en evidencia la eficacia del MDMA y del MDA en psicoterapia general19. S. Grof usó el LSD en la exploración y sanación de los trastornos generados en las matrices perinatales20. K.L Jansen está estudiando el uso de la ketamina en proceso psicoterapéutico relacionados con las experiencias de muerte-renacimiento21. R. Yensen sigue usando distintas sustancias enteógenas aplicadas a la psicoterapia en su centro de investigaciones de Baltimore.22 Muchos indígenas americanos han podido superar su adicción al alcohol mediante el uso ritual del peyote dentro de un contexto ritual y tradicional, etc.23

Creo que ningún practicante budista puede objetar nada al uso psico-terapéutico de los enteógenos, uso que tiene como propósito último el de sanar a un ser humano de algún tipo de trauma doloroso generado en algún momento de su evolución. Dado que una de las máximas en el Dharma Budista dice: “Que todos los seres puedan liberarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento”, no encuentro ninguna razón moralmente válida por la que los psicoterapeutas no puedan usar estas sustancias en pos de la sanación del dolor y del sufrimiento de los seres humanos, dado además que el uso racional de ellas no conlleva ningún tipo de daño físico ni mental, ni da lugar a la adicción.

El poder espiritual de los enteógenos
En las tradiciones chamánicas que han usado y siguen usando los enteógenos, el poder terapéutico y el poder de despertar espiritual de los enteógenos no está separado.24 El chamán es un sanador y un guía espiritual al mismo tiempo. De hecho, la mayoría de las veces la sanación surge precisamente de una experiencia de despertar espiritual. ¿Qué significa “despertar espiritual”? Sintetizando, podríamos decir que una experiencia de despertar espiritual es aquella en la que emerge uno o varios de los niveles llamados transpersonales o trascendentales (psíquico, sutil, causal y no-dual). Los enteógenos tienen el poder de favorecer la emergencia de estos reinos espirituales, inherentes a la naturaleza humana.

En efecto, al disolver el férreo control de la mente lógico-racional sobre la percepción de la realidad, los enteógenos propician, por un lado, la aparición y la observación de contenidos procedentes de los niveles pre-personales (aspecto regresivo) y por otro lado, la aparición y observación de contenidos procedentes de los niveles trans-personales (aspecto trascendental). Es entonces la responsabilidad del terapeuta o del guía el ayudar al experimentador a integrar adecuadamente estos contenidos, propiciando la sanación de los traumas, por un lado, y el acceso a estados de conciencia superiores, por otro.

La pregunta que mucha gente se hace es la siguiente: ¿Puede un budista serio, un meditador comprometido, usar eventual o sistemáticamente las sustancias enteógenas como herramientas de autoexploración y de apoyo en su búsqueda del despertar espiritual?

Mi respuesta es sí y sí, sí y no, no y sí, no y no. Al mismo tiempo. En una palabra: depende. Esto es, depende de porqué, de cómo, de cuándo, de con qué, de con quien, de para qué, de cuánto. Depende de las circunstancias externas e internas de cada uno en cada momento dado. Depende de lo que ha venido en llamarse el setting y el set. Y sobre todo depende, según mi propia experiencia, de la capacidad del explorador para enfocar/desenfocar la atención. En efecto, una atención no cultivada tiende hacia la fijación rígida (obsesión) o hacia la dispersión. Esto sucede también en los estados de consciencias ordinarios. La práctica budista es un entrenamiento de la atención que trata de evitar las actitudes extremas de la fijación rígida y la dispersión. El entrenamiento en meditación es una excelente ayuda para hacer frente a los estados expandidos de consciencia que generan los enteógenos y, a la inversa, la intensidad y la rotundidad de los estados expandidos es una gran ocasión para aplicar de forma rotunda los logros obtenidos mediante el entrenamiento en meditación. Una atención bien templada (ni fijación rígida ni dispersión) puede fluir con estabilidad y con flexibilidad en medio de experiencias mentales intensas. En el Budismo se habla de cinco tipos de estados de consciencia según el nivel de atención:

1. Estado ordinario, en el que la atención está centrada en el yo y en lo mío.

2. Estado de sueño inconsciente con sueños. En este estado, la atención funciona de forma inconsciente, enfocándose y desenfocándose rápidamente de un contenido a otro, siguiendo las tendencias kármicas (sanskharas) inconscientes.
3. Estado de sueño inconsciente sin sueños, durante el cual la consciencia reposa en su naturaleza original (dharmata), sin que haya consciencia de ello.

4. Estado del sueño consciente con sueños. Es el estado de sueño lúcido. La atención no está centrada en el yo y en lo mío, sino que actúa como un espejo que refleja sin elegir ni rechazar. Se trata del estado propio de la meditación profunda, que puede darse tanto en la postura de meditación sedente, como en la postura de meditación acostada. El maestro Zen chino Tozan Ryokai llamó a este estado Hokyo Zan Mai (El Samadhi del Espejo Precioso).

5. Estado del sueño consciente sin sueños. Este estado es propio de los meditadores muy avanzados, cuya atención entrenada les permite permanecer en la naturaleza no-nacida y no-extinta de la Consciencia en la que nada nace ni nada muere. El maestro Zen Eihei Dôgen llamó a este estado O-Zan Mai (El Samadhi Rey de los Samadhis).

Estos estados se corresponden con los distintos estados de bardo de los que se habla en el Budismo Tibetano. Por lo general, una mente no entrenada que se adentra en el universo de los enteógenos tiende a oscilar entre los estados 2 y 3 y raramente en el 4, y mucho menos en el 5. Por el contrario, una mente entrenada puede reconocer fácilmente que los estados generados por los enteógenos (salvando la potencia y las características propias de cada uno de ellos) son muy similares a los estados de meditación profunda o de sueño lúcido.

Si la mente está realmente bien entrenada, el explorador podrá dejar atrás el estado de sueño lúcido y acceder al de sueño consciente sin sueños.
Según mi propia experiencia, los enteógenos potencian en cada uno las actitudes internas y las tendencias kármicas de su propia mente. 

Siento que en el Dharma budista no hay ningún principio moral ni dogmático que aliente ni que prohiba el uso de enteógenos de forma total y universal. La decisión en un sentido o en otro depende exclusivamente de la conciencia y de la apreciación individual de cada uno, ya sea maestro del Dharma o simple practicante.


Acerca del Quinto Precepto “No intoxicar cuerpo ni mente”
Es cierto que en el Budismo existen los Preceptos (sila, en sáns.; kai en jap.). La articulación, la comprensión y la práctica de estos Preceptos difieren mucho de una tradición budista a otra. En la tradición Soto Zen los bodhisatvas y los monjes recibimos los Dieciséis Preceptos en el transcurso de la ceremonia de ordenación (jukai). Los tres primeros corresponden a la Toma de Refugio en los Tres Tesoros (Buddha, Dharma, Sangha). Los tres siguientes corresponden a los Tres Preceptos Puros (Evitar el Mal, hacer el Bien, beneficiar a todos los seres vivientes). Los diez siguientes corresponden a los Diez Preceptos Principales. Dentro de estos últimos, el quinto precepto dice: “No intoxiques el cuerpo ni la mente”. Otra forma de articularlo es “No te embriages” y también “No consumas ni vendas sustancias embriagantes”. Una lectura superficial de este preceptos puede hacernos llegar a la prematura conclusión de que los budistas serios tienen prohibido el uso de enteógenos. No obstante, deberíamos profundizar un poco más y clarificar el sentido de términos tales como “tóxico”, “ebriedad”, “embriagante”, “intoxicación del cuerpo y de la mente” etc.

Un simple vaso de buen vino tinto es un tóxico. Una buena comida también es un tóxico (genera toxinas en el interior del cuerpo y puede provocara un estado de somnolencia mental). El aire que se respira en las grandes ciudades es tóxico. Tomar el sol es tóxico. La aspirina es un tóxico. Los remedios naturales también son tóxicos. No debemos olvidar la frase de Paracelso, uno de los padres de la medicina occidental: “La única diferencia entre un veneno y un remedio es la dosis”.

Los enteógenos, tomados en la dosis apropiada, no son venenos que empozoñan el cuerpo y entontecen la conciencia (sólo relativizan momentáneamente la visión de la mente lógico-racional), sino medicinas que curan algunas enfermedades del cuerpo y disuelve ciertos venenos de la conciencia. La dosis es pues importante, así como el estado de la atención mental de cada uno.25

En los “Comentarios de Bodhidharma sobre los Preceptos de la Mente Única”, transmitido por Eihei Dôgen como la quintaesencia de los Preceptos del Buda en su obra Kyojukaimon (o “La Puerta de la Transmisión de los Preceptos”)26 encontramos los siguientes comentarios sobre este quinto precepto: 

“El Dharma es intrínsecamente puro. Cuando no aparece la ceguera de la ignorancia se practica el precepto de no embriagarse”. 

Esta es la médula del quinto precepto: el mayor tóxico de todos es la ignorancia. Cuando la consciencia se libera de la ignorancia, se practica el precepto “no embriagarse”. Desde mi punto de vista y desde mi experiencia personal, el uso correcto de los enteógenos permite el acceso a estados superiores de consciencia, caracterizado por mayor lucidez, mayor comprensión, mayor compasión y cambios importantes y medibles en la conducta. Esto es, facilitan la disolución de la ignorancia, entendida como percepción limitada de la realidad centrada en el yo y en lo mío.

Al decir esto, no estoy proponiendo “barra libre de enteógenos” para todos en todo momento y circunstancias. En todo momento los enteógenos deben ser usados con sabiduría (prasjña) y con medios hábiles (upaya), en el contexto apropiado (setting), con un propósito apropiado (bodaishin) y en un estado interior apropiado (sit). 

El contexto socio-cultural
Los entéogenos han sido usados tradicionalmente, y siguen usándose todavía en muchos casos, en contextos socio-culturales en los que eran y son aceptados como medicina para el cuerpo y el alma.

El contexto socio-cultural de Estados Unidos y el de los paises de la órbita estadounidense es diferente. En estos países la mayoría de los enteógenos están prohibidos, han sido puesto fuera de la ley y equiparado a drogas tales como la heroína, la cocaína, el crack, etc. Es decir, su uso ha sido y sigue siendo criminalizado. Personalmente soy partidario de la despenalización del cultivo, comercio y uso de los enteógenos. La prohibición es un problema político, económico e ideológico y de ninguna manera científico ni moral.

Dado el carácter ilegal del uso de los enteógenos, y de los correspondientes problemas con las leyes que cualquier practicante budista que los use puede encontrar, puedo comprender perfectamente que muchos maestros budistas desaconsejen a sus estudiantes relacionarse con ellos. Yo mismo no aliento a nadie a usar enteógenos ni los uso en mi comunidad, ni de ninguna manera dentro del marco de la práctica Zen. Mi investigación sobre los enteógenos es exclusivamente personal y privada y no los incluyo dentro del “cuerpo de enseñanzas” Zen que imparto a mis estudiantes. La razón por la que actúo así es precisamente por su carácter ilegal actual.

No obstante, es importante comprender que el problema no está en el uso en sí de los enteógenos, sino en el marco socio-cultural que lo prohibe y lo penaliza. Personalmente considero que la prohibición de los enteógenos es un atentado contra la libertad de conciencia y contra la libertad religiosa. En este sentido, como miembro del Consejo de Ancianos de la Organización de Tradiciones Unidas27, he propuesto la creación en el seno de dicho Consejo de un Grupo de Estudio sobre Enteógenos con los objetivos de clarificar el uso sacramental de los enteógenos que practican múltiples tradiciones espirituales del planeta y el de defender su derecho a este uso. 

Mi experiencia personal
No quisiera terminar este capítulo sin hacer una somera referencia a mi experiencia personal, no con la intención de erigirme en modelo sino como un simple testimonio.

Fumé mi primer cigarrillo de hachís a los dieciséis años, siendo estudiante de la Universidad de Sevilla (España). Tiempo después tuve mi primera experiencia con el LSD. Puedo decir sin lugar a dudas que ambas sustancias transformaron mi mente y prepararon el terreno sobre el que años más tarde construiría mi práctica espiritual del Budismo Zen. No obstante, las circunstancias externas e internas de aquella época (principio de los setenta) no eran las más propicias para extraer lo mejor de estas experiencias. Más bien lo contrario. Si bien las experiencias con LSD de esta época me hicieron experimentar estados de enorme alegría y felicidad ante la belleza y la armonía de la realidad percibida en estado expandido, también me pusieron en contacto con contenidos muy dolorosos de mi propia sombra y me hicieron descender a los reinos del inframundo. Dado que no contaba con ningún guía experto, no pude integrar adecuadamente estas experiencias y, al cabo de cierto tiempo de uso, me encontré inmerso en una profunda crísis emocional, mental, existencial y espiritual.

Tuve entonces la gran oportunidad de entrar en contacto con la práctica del Budismo Zen. Zazen cambió mi vida por completo: ordené mi forma de vida, me hice vegetariano, me corté los cabellos, cambié de forma de vestir, dejé los círculos de amigos y conocidos en los que me había movido hasta entonces, dejé de tomar cualquier tipo de sustancia, volví a la universidad (la había abandonado un año antes) y un torrente de aire fresco y de energía renovada entró en mi vida. Tenía veinte años.

Me dediqué intensamente al estudio y a la práctica del Zen. Un año después, recibí la ordenación de monje del maestro Taisen Deshimaru Roshi, en París. Bajo su dirección estudié y practiqué el Zen hasta 1982, año de su muerte. Entonces continué estudiando con el maestro japonés Shuyu Narita Roshi, abad del templo Todenji, en el norte de Japón. Fundé un centro de meditación en Madrid y la Asociación Zen de España. Durante varios años viajé a Japón una vez al año por periodos de uno a tres meses, practicando en los principales templos zen japoneses. En 1987 recibí la transmisión del Dharma de mi segundo maestro. En 1989 fundé el templo Luz Serena, en el que vivo actualmente con una pequeña comunidad de practicantes, y la Comunidad Budista Soto Zen española que engloba a varios centros de práctica repartidos por el país.

En 1995 conocí a Aurelio Díaz Tekpankalli, un indio mexicano purepecha que había sido instruido e iniciado en la tradición lakota. Aurelio es un Jefe espiritual lakota, fundador de la Iglesia Nativa Americana de Itzachilatlan, con sede en Dakota del Sur. Fui invitado a participar en un temascal (cabaña de sudación) y a un Círculo de Medicina en el que Aurelio dirigiría una ingestión ritual de peyote. Hacía veinte años que no tomaba ningún enteógeno. La experiencia fue impactante. Reconocí en Aurelio a un hermano espiritual y al peyote como un potente maestro y una gran medicina. Un año después le invité a participar en el I Encuentro de Tradiciones Espirituales que celebramos en el templo zen Luz Serena. Allí sellamos una Alianza de Hermandad Espiritual. Aurelio me inició en el uso sacramental del peyote. Algún tiempo después yo mismo dirigiría una sesión especial para un grupo de terapeutas y de personas que acababan de terminar un proceso psicoterapéutico de cinco años. Los resultados fueron alentadores. A partir de entonces comencé a interesarme cada vez más por las culturas chamánicas tradicionales y el uso sacramental de las distintas plantas maestras. 

En 1998 conocí a Josep Mº Fericgla, profesor de antropología de la Universidad de Barcelona (España), quien durante años había estudiado la cultura shuar de la amazonía ecuatoriana y, en concreto, el uso ritual de la ayahuasca. Gracias a él pude experimentar en varias ocasiones con la ayahuasca.

En los últimos años he estudiado las obras de R. Wasson, de Albert Hoffman, de Terence McKenna, de Jonattan Orr, de R. Yensen y otros. Mis investigaciones teóricas han sido acompañadas de algunas experiencias esporádicas con peyote, ayahuasca, hongos psilocíbicos y otras plantas y sustancias.

Al mismo tiempo he seguido practicando regularmente zazen cada día mañana y tarde, dirigiendo retiros intensivos de meditación zen, publicando dos libros al año sobre el Zen, preparando artículos, dando conferencias y seminarios sobre Budismo Zen y dirigiendo la comunidad de residentes del templo Luz Serena. Puedo decir que el estudio y las experiencias sobre y con enteógenos no sólo no me han “embriagado” sino que me han ayudado enormemente a ampliar mi percepción sobre la realidad, a clarificar los aspectos más oscuros de mi propia sombra personal, a experimentar con una gran intensidad estados superiores de la conciencia de los que antes sólo tenía referencias por la propia literatura budista, a encontrar nuevos cauces para mi creatividad y, en definitiva, a ser una persona mejor y un maestro zen más comprensivo y tolerante. Esto no es sólo el fruto de mis experiencias con enteógenos, sino de la interacción de estas con mi práctica espiritual en la tradición budista zen.

Actualmente estoy trabajando en la tarea de elaborar un mapa ampliado de la Consciencia que incluya la Gran Cadena del Ser presentada por Ken Wilber, combinada con los estados superiores de consciencias enseñados en la tradición budista (dhyana, samapatti, samadhi, nirvana), de forma que los estados expandidos de consciencia experimentados gracias a la meditación y a las sustancias enteógenas puedan ser cartografiados, identificados y usados de la mejor forma posible, en la medida en la que esto pueda hacerse.

A nivel práctico, estoy empeñado en la creación de un grupo multidisciplinar formada por médicos anestesiólogos, psicoterapeutas, lamas tibetanos y yo mismo, con el fin de poner a punto un taller experiencial de exploración de estados cercanos a la muerte inducidos por ketamina, siguiendo el modelo del Libro Tibetano de los Muertos y los testimonios occidentales sobre estados cercanos a la muerte. Estamos tratando de obtener autorización legal para dichos talleres, que aún se encuentran en fase de elaboración.

Resumen
Los enteógenos, usados en el marco apropiado, por personas capacitadas, con el propósito adecuado, en la dosis apropiada y en el estado interno correcto, manifiestan un gran poder de sanación de los distintos tipos de sufrimientos generados por distintas causas en los distintos niveles existenciales del ser humano. Puesto que el propósito ultimo, en el terreno de la psicoterapia, es que “todos los seres se liberen del sufrimiento y de las causas del sufrimiento” no siento que exista contradicción entre el uso de enteógenos en psicoterapia y la enseñanza y la práctica del Budismo Zen. 

Al mismo tiempo, los enteógenos facilitan la emergencia de los estados superiores de conciencia, estados que después deben ser integrados en el conjunto de la personalidad de quien los experimenta y en su vida cotidiana. Siento que el simple uso de los enteógenos no es suficiente para integrar estos estados en el conjunto de la personalidad y en la vida cotidiana, de la misma forma que una simple experiencia de satori o de insight no basta para generar una transformación real de la personalidad si no va acompañada de integración y vivencia cotidiana.

El uso de los enteógenos, como la práctica misma de la meditación, necesita una visión global y una base ética cuyo objetivo último tienda a la felicidad de todos los seres vivientes. Los enteógenos pueden ser usados erróneamente como meros embriagantes o narcóticos, de la misma manera que la religión, budista o cualquier otra, la política y la cultura o el beisbol pueden ser erróneamente usados como “opio del pueblo”. 

Por otra parte, no podemos encontrar en la enseñanza budista ningún principio que prohiba tajantemente la interacción de los enteógenos y la práctica budista, ya que el quinto precepto “No embriagarse” se refiere, en última instancia, a los Tres Venenos (ignorancia, aversión y apego) y, en su raíz, al veneno de la ignorancia. Aquellos que han experimentado estados superiores de consciencia con plantas maestras saben que su experiencia no es fruto de la embriaguez ciega sino de la lucidez y del conocimiento. El hecho de que un practicante budista decida usar o no usar enteógenos es algo que debería ser dejado a su exclusiva elección personal, siendo tan respetable una elección como la contraria.

El problema actual con los enteógenos en las culturas occidentales u occidentalizadas radica más en su ilegalidad que en su propia naturaleza interna. La ilegalización de los enteógenos responde a intereses económicos, políticos e ideológicos más que a criterios científicos o morales.

En mi experiencia personal, los enteógenos me están ayudando, entre otras cosas, a clarificar el propósito de mi existencia, a descubrir e integrar los aspectos más oscuros de mi sombra, a liberar mi creatividad, a experimentar con un intensidad inusitada el estado de sueño lúcido y el de sueño sin sueño en el que la Clara Luz del Ser brilla atemporalmente más allá del tiempo y del espacio, más allá del nacimiento y de la muerte.

• Breve reseña del autor:
Dokushô Villalba es maestro de meditación Zen. Fundador de la Comunidad Budista Soto Zen española y del templo Luz Serena (telf. 96.230.10.55), escritor, traductor, conferenciante.

• (Entre sus libros publicados están:
- ¿Qué es el Zen? Ed. Miraguano, Madrid 1984
- Vida simple, corazón profundo. Ed. Miraguano, Madrid 1998
- Fluyendo en el presente eterno. Ed. Miraguano, Madrid 1999
- Siempre ahora. Ed. Miraguano, Madrid 2000


 Notas
1 Majjhima Nikaya (sermones medianos). Sutra 29: “Sermon sobre las muchas clases de sensaciones”. Edición española a cargo de Amadeo Solé-Leris y Abraham Vélez de Cea. Ed. Kairós, Barcelona 1999.
2 Lama Anagarika Govinda, The Psychological Attitide of Early Buddhist Philosophy, III, 2. Samuel Weiser, New York 1974
3 Wilber, K. The Spectrum of Conciousness, Wheaton, Illinois, The Theosophical Publication House, 1977.
4 Stevesons, I. Twenty Cases Suggestive of Reincarnation, Charlottes-ville, University Of Virginia Press, 1966.
5 Grog, S. Beyond the Brain:Death and Trascendence in Psychotherapy, Albany, State Univerity New York Press, 1985.
6 Wilber, K. Psicología Integral, traducción española de David González. Ed. Kairós. Barcelona 1998.
7 Villalba, Dokushô, Aportaciones de la meditación Zen a la salud global, artículo aparecido en la revista FOMECO Vol. 8, Nº 2, Abril-Junio 2000, Editora Médica Internacional S.A. Madrid 2000
8 Cf. nota anterior.
9 Cf. nota 6.
10 Cf. nota 7.
11 Jansen, K.L.R. The ketamine Model of the Near Death Experience: A central role for the NMDA receptor. Journal of Near-Death Studies, vol 16, nº 1, London 1997
12 Cf. Wilber, Brown, Engler, Transformation of Conciousness. Conventional and contemplative perspectives on developement. Shambala, 1986.
13 Jokin, Keizan. Denkoroku, “The Record of Transmitting the Light”, translated by Francis H. Cook, Center Publication of Los Angeles, 1991.
14 Wasson, Gordon R. The wondrous mushroom. Mycolatry in Mesoámerica. Ethnomycological Studies nº 7, MacGraw Hill, New York 1980
15 Ott, J. Pharmacoteon, (edición en español) Los Libros de la Liebre de Marzo, Barcelona 1996
16 Cf. nota 13.
Y también: Soma: Divine Mushroom of Inmortality. Ethnomycological Studies, nº 1. Mouton and Co. La Haya. Holanda 1968;
Y también Traditional use in North America of Amanita Muscaria for Divinatory Purpose. Journal of Psychedelic drugs 11(1-2);
Y también: Persephone’s Quest: Entheogens and the Origins of Religions. Ethnomycological Studies. Nº 10. Yale University Press, Nwe Haven 1986.
Y también: The last meal of the Buddha. Journal of the American Oriental Society 1982
Y también: Mushroom and Japanese culture. The Transactions of the Asiatic Society. Third Serie.
17 Cf. www.ibogaine.desk.nl
18 Cf. “Una jornada en la comunidad Takiwasi” de Jacques Mabit. Newsletter of the Multicisplinary Association for Psychedelics Studies (MAPS) Vol.6, nº 3, 1999. Cf. www.maps.org
19 Cf. www.lycaeum.org
20 Notas personales suministradas por un asistente a la conferencia de Anne Shulgin durante las III Jornadas sobre Enteógenos, Barcelona, 1999.
21 Grof, S. Realms of the Human Unconscious; Observations from LSD Research, E.P. Dutton, New York 1976
22 Kungurtsev, Igor. Ketamine in Near-death Psychotherapic. Bulletin of The Albert Hofmann Foundation (Vol 2 No 4, Fall 1991).
23 Yensen, R. Hacia una medicina psiquedélica. Edición española: Los Libros de la Liebre de Marzo, Barcelona 1998.
24 Fericgla, J.M. El peyote y la ayahuasca en las nuevas religiones mistéricas americanas.
25 Harner, M. The Way of Shaman, Harper and Row, New York, 1980.
26 Majjhima Nikâya (sermones medianos). Sermón 2: “Acerca de las intoxicaciones“ (sabbâsavasuttam), en Diálogos con Buddha, traducido al español por Daniel de Palma. Ed. Miraguano. Madrid, 1998.
27 Incluido en el texto de la Ceremonia de purificación, confesión y renovación de votos (Ryaku Fusatsu). Editado por la Comunidad Budista Soto Zen española, Valencia 1992
28 La UTO (United Traditions Organization) fue creada en 1997 en el monasterio tibetano Karmaling (Francia), durante el Encuentro Intertradiciones presidido por S.S. el Dalai Lama. La carta fundacional de la UTO fue firmada por Lama Denys Teundreup, el sufí Faouzi Skali y el monje irtidixi Jean-Yves Leloup, en 1998 bajo el árbol de la Bodhi en Bodhgaya, en presencia de Beru Khyentse Rimpoché. Actualmente más de treinta tradiciones espirituales de todo el planeta forman parte de la UTO. Más información:
www.unitedtraditions.org


En: http://www.concienciasinfronteras.com/PAGINAS/CONCIENCIA/dokusho_sufrimiento.html