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jueves, 23 de agosto de 2018


Instrucciones para el Tonglen
Pema Chödrön

Cuando usted haga tonglen en el lugar, simplemente inspire y expire, inhalando dolor y exhalando espaciosidad y alivio.
Cuando haga tonglen como una práctica formal de meditación, hágalo en cuatro etapas:
Primero, ponga en reposo por un instante su mente, por uno o dos segundos, en un estado de apertura a la espaciosidad y claridad fundamentales.
Segundo, trabaje con la textura. Inspire una sensación de calor, oscura y pesada – una sensación de claustrofobia --, y expire una sensación de frescura, brillosa y ligera –una sensación de frescura. Inspire completamente por todos los poros de su cuerpo y expire, irradie, completamente a través de todos los poros de su cuerpo. Hace esto hasta sentir esto sincronizado con su inspiración y su espiración.
Tercero, trabaje con situación personal – cualquier situación dolorosa que es real para usted. Tradicionalmente con hacer tonglen para alguien que le interesa y desea ayudarlo. Sin embargo, como explico, si está atascado, haga la práctica para el dolor que está sintiendo y simultáneamente para todos aquellos como usted que sienten esta clase de sufrimiento. Por ejemplo, si se siente inadecuado – inspira para usted mismo e inspira para todos los demás en la misma situación – y envía confianza o alivio en la forma que desee.
Finalmente, hace más ampliamente el tomar y enviar.  Si está haciendo toglen por alguien que ama, amplíe esto a todos los que están en semejante situación. Si está haciendo tonglen para alguien que ve en la televisión o en la calle, hágalo por todos los demás que están igual – abarcando más que solo a una persona. Si está haciendo tonglen por todos los que están sintiendo cólera o miedo o lo que sea que ha escogido, quizás esto es suficientemente grande. Pero puede ir más lejos en todos los casos. Puede hacer tonglen para las personas que considere ser vuestros enemigos – aquellos que le dañan o dañan a los demás. Hacer tonglen por ellos, pensando que ellos tienen la misma confusión y atascamiento como su amigo o usted mismo. Inspire su dolor y envíeles alivio.
Se dice que el tonglen puede se ampliado indefinidamente. En cuanto haga la práctica, gradualmente a lo largo del tiempo, su compasión se ampliara naturalmente y así se dará cuenta que las cosas no son sólo como pensaba. En cuanto haga esta práctica, gradualmente en su propia paz, se sorprenderá que de encontrarse usted mismo más y más capaz de estar para los demás hasta en lo que ve usualmente como situaciones imposibles.

Practicar Tonglen en el acto.
Estudiante: ¿Qué hay acerca de las dificultades para respirar en la práctica de tonglen?
Pema: Esa es una pregunta muy común. Esta es una de las cosas que produce cierta tensión cuando se hace tonglen en el acto, porque cuando estamos en medio de la situación, aquí y ahora, se tiene una sensación mucho más fuerte de lo que está ocurriendo, de que las cosas están verdaderamente cerradas, obstruidas, por lo que tanto el inhalar como el exhalar ayudan a crear apertura, a que las cosas se abran y se liberen esas obstrucciones. Debido a la forma misma en que inhalamos, podemos realmente tener la sensación de que nuestra garganta se cierra, pero a medida que practicamos podemos ver que tanto inhalar como exhalar ayudan a abrirse cada vez más.
Puede ser muy útil tener presente que muchas personas se encuentran en esa situación de cerrazón, de obstrucción., y podemos sentirlo mientras exhalamos, aunque para muchos no se siente como algo muy real.
Por esta razón, puede ser mejor pensar en la inhalación y la exhalación o envío, como formas de abrir, de crear apertura, puede que no nos preocupemos mucho por cuando estamos inhalando y cuando estamos exhalando, lo importante aquí es simplemente mantener el proceso de inhalación y exhalación aunque no nos concentremos tanto en ello. Si no lo hacemos así, si no seguimos respirando, nos morimos ¿verdad? [risas] Además, podemos hacer - a diferencia de lo sucede en la meditación sentada – que nuestras respiraciones sean un poco más exageradas, inhalando y exhalando de manera profunda.
Creo que puede ayudar mucho en todo esto, el ser capaces de tener presente el dolor nuestro y el de los demás y abrir nuestros corazones, hacer de nuestro cuerpo algo lo suficientemente abierto, como si nos volviéramos como el cielo, y simplemente nos abrimos a ese dolor. Y como alguien bien dijo, no hay posibilidad en verdad de que podamos atorarnos o estancarnos en algún punto, porque no es como si estuviésemos inhalando una bola de cañón, en realidad es sólo la tendencia a aferrarse la que estamos tratando de revertir o deshacer. Es una tendencia a cerrarse y apretar el estómago, apretar nuestro ser en su totalidad, lo cual estamos casi relajando físicamente, a medida que inhalamos y exhalamos.
De hecho, existe un libro muy útil, escrito por Linda Jones, que contiene sus comentarios y los de otras personas. Linda señala que hay como tres o cuatro maestros que recomiendan mucho trabajar un tiempo sólo con la inhalación y luego sólo con la exhalación, hasta que logramos hacer bien las dos cosas con una sensación de fluidez.
A mí siempre se me enseñó que debía sincronizar la inhalación con la exhalación, pero creo, como siempre digo, que cada cual sabe lo que le sucede y como le funcionan las cosas, no hay nadie que esté juzgando nuestra práctica, es nuestra práctica, es algo personal.
Así que podemos hacer lo que más nos funcione, mientras logremos obtener cada vez más el hábito de interconectar la inhalación y la exhalación en términos de que se ayuden y refuercen mutuamente.

Masoquismo
Estudiante: Tengo la sensación de que si le comento y explico la práctica de tonglen a alguien, va a sonar como si fuera masoquismo.
Pema: Creo que lo importante aquí es ¿Qué es lo que tú te dices a ti mismo? Ahora mismo por ejemplo, ¿Sientes que es algo masoquista?
Estudiante: No, no creo que lo sea.
Pema: No hay problema si piensas lo contrario.
Estudiante: No, no pienso eso, para nada.
Pema: ¿Y por qué no?
Estudiante: Porque siento que con la práctica estoy ayudando.
Pema: ¿Y cómo es que ayudas? ¿Por qué?
Estudiante: Porque estoy cambiando la visión de mí, y me doy cuenta de que tengo cosas para dar, para entregar. Tengo algo positivo para dar.
Pema: Bueno, eso es lo mismo que le puedes decir a quien le estés comentando la práctica. Puedes decir algo como: “mira, entiendo por qué me dices eso, pero mi experiencia es otra”. Se trata de algo que te abre el corazón en circunstancias en que por lo general lo cerramos. Todos sabemos lo común que es respirar para relajarnos, inhalando aquello que es agradable y exhalando o botando aquello que es desagradable ¿verdad? Creo que es una visualización muy común que casi todo el mundo ha hecho alguna vez. Desde el punto de vista de la lógica, eso es lo que queremos ¿no? Si queremos sentirnos felices, inhalamos aquello que es agradable y nos deshacemos de lo demás.

La práctica de tonglen es un poco más sofisticada que eso, está un poco más en contacto con las raíces del sufrimiento y la infelicidad o desdicha. Se trata de que si queremos realmente profundizar en la raíz verdadera del sufrimiento y de la infelicidad, tenemos que abrir nuestro corazón y disolver nuestra armadura o coraza.
Lo que hacemos es ir directamente hacia aquello contra lo cual generalmente nos protegemos y levantamos nuestro escudo protector. Del mismo modo, cuando hay apego o adicción, nos entrenamos para dejar ir esas cosas. En realidad no tiene que ver con la moralidad o la ética en si, sino que simplemente se trata de ver qué cosas nos producen felicidad, y qué cosas producen felicidad en general en una forma más amplia. Como sea, es muy bueno para nosotros mismos realzar esta práctica, eso es lo interesante.
No hacemos tonglen para que todo el mundo esté feliz, y por ello estamos dispuestos a sufrir, aunque las enseñanzas puedan sonar  así. Pero la verdad es que se trata de algo que también produce felicidad en nosotros, en nuestras vidas.
Es una práctica que requiere un poco de coraje, por eso es que se utiliza mucho la imagen del guerrero o bodhisattva, como aquél que cultiva el coraje. Y esto es porque se necesita coraje para poder trabajar con este tipo de energías, las que generalmente rechazamos. Sea que sepamos o no cuál es la esencia o el corazón del miedo, de la confianza, creencia o fe, sabemos cómo se siente esa energía.
Sabemos que queremos salir y escaparnos de esas situaciones. Entonces comenzamos a tomar conocimiento de cuáles son nuestros pensamientos, cuáles son las maneras en que evitamos esas situaciones: es la culpa de ella; es la culpa de él; es por mí culpa; soy una mala persona, y así, miles de formas que nunca terminan, que nunca llegan a un fin.

jueves, 19 de octubre de 2017

La Práctica de Tonglen
Pema Chödron


P
ara tener compasión por otros, tenemos que poder tener compasión por nosotros mismos.

En particular, ocuparse de otras personas que tienen miedo, están enojadas, celosas, superadas por adicciones de todo tipo, son arrogantes, orgullosas, quejosas, egoístas, significa – usted lo identifica-  tener compasión y cuidar de estas personas, no huir del dolor de encontrar estas cosas en nosotros mismos.

De hecho, la propia actitud hacia el dolor puede cambiar. En lugar de defenderse y esconderse de él, se puede abrir el propio corazón y permitirse sentir ese dolor, sentirlo como algo que nos suavizará y purificará y nos hará mucho más amorosos y amables.

La práctica de Tonglen es un método para conectarse con el sufrimiento -el nuestro y el de todo lo que nos rodea- dondequiera que vayamos. Es un método para superar el miedo al sufrimiento y para disolver la dureza de nuestro corazón. Principalmente es un método para despertar la compasión que es inherente a todos nosotros, sin importar cuán cruel o fríos podamos parecer.

Comenzamos la práctica aceptando el sufrimiento de una persona que sabemos que está sufriendo y a quién deseamos ayudar. Por ejemplo, si usted sabe de un niño que está siendo lastimado, usted inspira el deseo de retirar todo el dolor y miedo de ese niño. Luego, mientras espira, usted le envía felicidad, gozo o aquello que alivie su dolor. Este es el centro de la práctica: inspirar  el dolor de otros para que puedan estar bien y tener más espacio para relajarse y abrirse, y espirar, enviándoles relajación o aquello que usted sienta que les traería alivio y felicidad. Sin embargo, a menudo no podemos hacer esta práctica porque nos enfrentamos con nuestro propio miedo, nuestra propia resistencia, enojo, o cualesquiera sean nuestro sufrimiento o estancamiento personal en ese momento.

Es ahí que usted puede cambiar el foco y comenzar a efectuar tonglen por aquello que usted está sintiendo y por millones de otros como usted que en ese mismo momento están sintiendo exactamente el mismo estancamiento  y miseria. Puede ser que usted sea capaz de identificar claramente su dolor como terror, repulsión, enojo o deseo de venganza. Así que usted inspira por todos aquellos que están atrapados en esa misma emoción y les envía alivio o aquello que abra espacio para usted y los innumerables otros. Puede ser que usted no identifique lo que esté sintiendo. Pero puede sentirlo – una dureza en el estómago, una oscuridad pesada, o lo que sea. Sólo contáctese con lo que está sintiendo e inspírelo, llévelo adentro – por todos nosotros y envíe alivio a todos nosotros.

La gente frecuentemente dice que esta práctica va en contra de la naturaleza de cómo  nos fortalecemos  usualmente.  En verdad, esta práctica va en contra de las cosas que queremos según nuestro código, de querer que funcionen para nosotros sin importar qué suceda a los otros. Esta práctica disuelve la armadura de la propia pro-tección que tan fuertemente hemos creado alrededor nuestro. En lenguaje Budista uno diría que disuelve la fijación y adhesión al ego.

El Tonglen revierte la lógica usual de evitar el sufrimiento  y buscar el placer y en el proceso, nos liberamos de una prisión muy antigua de egoísmo. Comenzamos a sentir amor por nosotros mismos y otros y también comenzamos a ocuparnos de nosotros y otros. Despierta nuestra compasión y también nos introduce a una visión más amplia de la realidad. Nos introduce al espacio ilimitado que los Budistas llaman Shunyata. Al hacer la práctica nos comenzamos a conectar con la dimensión abierta de nuestro ser. Al principio experimentamos esto como que las cosas no son tan importantes o tan sólidas como antes lo parecían ser.

La práctica de Tonglen puede ser efectuada para aquellos que están enfermos, para quienes están muriendo, o acaban de morir, o para aquellos que tienen un dolor de cualquier tipo. Puede realizarse como una práctica de meditación formal o súbitamente en cualquier momento. Por ejemplo, si usted está caminando y ve a alguien que sufre – inmediatamente usted puede comenzar a inspirar el dolor del otro y enviarle algún alivio. O, más probable, usted podría ver a alguien que sufre y mirar hacia otro lado porque eso actualiza su propio miedo o enojo; actualiza su resistencia y confusión.

Así es que inmediatamente usted puede efectuar tonglen para toda la gente que son como usted, para todos los que desean ser compasivos pero en cambio tienen miedo, para todos los que desean ser valientes pero en cambio son cobardes.
En lugar de castigarse a usted mismo, use su propio estancamiento como un peldaño para comprender aquello que la gente rechaza en todo el mundo.

Inspire por todos nosotros y espire por todos nosotros.

Use lo que parece veneno como medicina. Use su propio sufrimiento personal como camino de compasión hacia todos los seres.

Traducción del inglés: Mabel Sara Benedini

martes, 4 de agosto de 2015

Los hechos de la vida

Pema Chödrön



El Buddha enseñó que hay tres características principales de la existencia humana: impermanencia, ausencia de yo y sufrimiento o insatisfacción. Según el Buddha, la vida de todos los seres está marcada por estas tres cualidades. Reconocer que estas cualidades son reales y verdaderas en nuestra propia experiencia nos ayuda a relajarnos con las cosas como son.

Cuando escuché por vez primera esta enseñanza me parecía remota y académica. Pero cuando estuve alentada a prestar atención --por curiosidad acerca de lo que estaba pasando con mi cuerpo y mi mente-- algo cambió. Desde mi propia experiencia pude observar que nada es estático. Mi estado de ánimo está cambiando continuamente como el clima. Definitivamente no controlo qué pensamientos o emociones van a surgir, ni puedo detener su flujo. La quietud es seguida por el movimiento, los flujos del movimiento vuelven a la quietud. Incluso el más persistente dolor físico, cuando le presto atención, cambia como las mareas.

Siento gratitud hacia el Buddha por señalar que lo que luchamos contra todo en nuestras vidas puede ser reconocido como experiencia ordinaria. La vida continuamente va con subidas y bajadas. Las personas y situaciones son impredecibles, como también todo lo demás. Todo el mundo conoce el dolor de conseguir lo que no queremos: Santos, pecadores, ganadores, perdedores. Me siento agradecida de que alguien vio la verdad y señaló que no sufrimos este tipo de dolor a causa de nuestra incapacidad personal para hacer bien las cosas.

Que nada es estático o fijo, que todo es fugaz y efímero, es la primera marca de la existencia.  Es la situación normal de las cosas.  Todo está en proceso. Todo: cada árbol, cada brizna de hierba, todos los animales, insectos, seres humanos, edificios, lo animado y lo inanimado, está siempre cambiando, momento a momento. No tenemos que ser místicos o físicos para saber esto.  Sin embargo, en el nivel de experiencia personal, nos resistimos a este hecho básico. Significa que la vida no siempre va a seguir según nuestro modo. Significa que hay tanto pérdida como ganancia. Y no nos gusta esto.

Cierta vez estaba cambiando de trabajos y de casas al mismo tiempo.  Me sentía insegura, incierta y sin base. Esperaba que dijera algo que me ayude a trabajar con estos cambios, me quejé ante Trungpa Rinpoche acerca de los problemas con las transiciones.  Él me miró fijamente y dijo: "Siempre estamos en transición". Luego dijo: "Si sólo puedes relajarte con eso, no tendrás ningún problema."

Sabemos que todo es impermanente; sabemos que todo se desgasta. Aunque podemos adquirir intelectualmente esta verdad, emocionalmente tenemos una arraigada aversión hacia ella.  Queremos permanencia; esperamos permanencia.  Nuestra tendencia natural es buscar la seguridad; creemos que la podemos encontrar. Experimentamos la impermanencia a nivel cotidiano como frustración. Utilizamos nuestra actividad diaria como un escudo contra la ambigüedad fundamental de nuestra situación, gastando enormes energías tratando de alejar la impermanencia y la muerte. No nos gusta que nuestros cuerpos cambien de forma. No nos gusta envejecer. Estamos temerosos ante las arrugas y la flacidez de la piel.  Utilizamos productos de salud como si en realidad creyéramos que nuestra piel, nuestro cabello, nuestros ojos y dientes, podrían de alguna manera escapar milagrosamente a la verdad de la impermanencia.

Las enseñanzas budistas aspiran a liberarnos de este limitado modo de relacionarse. Ellas nos animan a relajarnos gradualmente y de todo corazón en la ordinaria y clara verdad del cambio. Reconocer esta verdad no significa que buscaremos en el lado oscuro. Lo que esto significa es que comenzamos a entender que no hay ni uno solo que pueda mantener todo junto. No creemos más que haya gente que ha manejado evitar la incertidumbre.

La segunda marca de la existencia es la ausencia de yo.  Como seres humanos somos tan efímeros como todo lo demás. Cada célula en el cuerpo está continuamente cambiando. Los pensamientos y las emociones surgen y desaparecen sin cesar. Cuando estamos pensando en que somos competentes o que estamos desesperados; ¿en que nos basamos?  ¿En este momento fugaz? ¿En el éxito o el fracaso de ayer? Nos aferramos a una idea fija de qué somos y nos incapacita. Nada ni nadie esta fijado.  Si la realidad del cambio es una fuente de libertad para nosotros o una fuente de ansiedad horrible, hace una diferencia significativa. ¿Hace que los días de nuestras vidas agreguen más sufrimiento o aumenten la capacidad para la alegría? Es una pregunta importante.

Algunas veces la ausencia de yo se denomina no-yo. Estas palabras pueden ser engañosas. El Buddha no implicaba que desaparezcamos, que podríamos borrar nuestra personalidad. Como un estudiante una vez le preguntó; "No experimentar la ausencia de yo ¿hace a la vida un tipo de grisura?" No es así. El Buddha señalaba que la idea fija que tenemos sobre nosotros mismos como sólidos y separados entre sí está dolorosamente limitándonos.  Es posible moverse a través del drama de nuestras vidas sin creer tan fervientemente en el personaje que actuamos.  Es un problema para nosotros el que nos tomemos tan en serio a nosotros mismos, que seamos tan absurdamente importantes en nuestra propia mente.  Nos sentimos justificados en estar molestos con todo el mundo. Nos sentimos justificados en denigrarnos o en sentir que somos más inteligentes que otras personas.  La auto importancia nos duele, nos limita al estrecho mundo de nuestros gustos y disgustos. Terminamos muertos de aburrimiento con nosotros mismos y con nuestro mundo.  Nunca acabamos satisfechos.

Tenemos dos alternativas: O bien ponemos en duda nuestra creencia de que no es así.  O bien aceptamos nuestras versiones fijas de la realidad, o comenzamos a desafiarlas.  En opinión del Buddha, prepararse en mantenerse abierto y curioso --  entrenarse en disolver nuestros supuestos y creencias -- es el mejor uso de nuestras vidas humanas.

Cuando nos entrenamos en despertar la bodichitta, estamos nutriendo la flexibilidad de nuestra mente.  En los términos más comunes, la ausencia de yo es una identidad flexible. Se manifiesta como curiosidad, como adaptabilidad, como humor, alegría.  Es nuestra capacidad para relajarse con no saber, no calcular todo lo externo, a no estar en absoluto seguros de que somos - o de que nadie sea tampoco.

El hijo único de un hombre fue reportado muerto en la batalla. Inconsolable, el padre se encerró en su casa durante tres semanas, rechazando todo apoyo y bondad.  En la cuarta semana el hogar el hijo regresó. Viendo que no estaba muerto, la gente del pueblo estaba conmovida hasta las lágrimas. Muy contentos, acompañaron al joven a casa de su padre y tocaron la puerta. "Padre, llamó al hijo, estoy de vuelta." Pero el anciano se negó a responder. "Tu hijo está aquí, no fue muerto," le decía la gente. Pero el anciano no acudió a la puerta. “¡Vayánse y dejenme hacer el duelo!  gritó.  "Sé que mi hijo se ha ido para siempre y no puede engañarme con sus mentiras". Así pasa con todos nosotros. Estamos seguros de quiénes somos y cómo son los demás y esto nos ciega. Si otra versión de la realidad llama a nuestra puerta, nuestras ideas fijas nos impiden aceptarlo.

¿Cómo vamos a pasar esta vida breve? ¿Vamos a fortalecer nuestra capacidad perfeccionada para luchar contra la incertidumbre, o nos vamos a entrenar en dejar ir?  ¿Vamos a aferrarnos tercamente a "yo soy así y tú eres así"?  ¿O vamos a ir más allá de esta mente estrecha?  ¿Podríamos empezar a entrenar como un guerrero, aspirando a reconectarse con la flexibilidad natural de nuestro ser y ayudar a otros a hacer lo mismo? Si empezamos a movernos en esta dirección, comenzarán a abrirse posibilidades ilimitadas.

La enseñanza sobre la ausencia de yo apunta a nuestra dinámica, a nuestra naturaleza cambiante. Este cuerpo nunca ha sentido exactamente lo que está sintiendo ahora. Esta mente está pensando en un pensamiento que, por repetitivo que parezca, no será nunca estar pensando una y otra vez. Puedo decir: "¿No es esto maravilloso?" Pero generalmente no lo experimentamos como maravilloso; lo experimentamos como desconcertante y peleamos por tenerlo. El Buddha fue lo suficientemente generoso para mostrarnos una alternativa. No estamos atrapados en la identidad del éxito o fracaso, o en cualquier identidad en absoluto, ni en términos de cómo otros nos ven ni en cómo nosotros nos vemos.  Cada momento es único, desconocido, completamente fresco. Para un guerrero en formación, la ausencia de yo es una causa de alegría, en lugar de una causa de temor.

La tercera marca de la existencia es el sufrimiento, la insatisfacción.  Como lo dijo Suzuki Roshi, solo practicando a través de una sucesión continua de situaciones agradables y desagradables es cómo adquirimos verdadera fuerza. Aceptar que el dolor es inherente y vivir nuestras vidas desde esta comprensión es crear las causas y condiciones para la felicidad.

Para decirlo de manera concisa, sufrimos cuando nos resistimos a la verdad noble e irrefutable de la impermanencia y la muerte. Sufrimos, no porque somos básicamente malos o merecemos ser castigados, sino por tres malentendidos trágicos.

En primer lugar, esperamos que lo que está cambiando siempre debe ser abarcable y predecible. Nacemos con un deseo por la resolución y la seguridad que gobierna nuestros pensamientos, palabras y acciones. Somos como personas en un barco que se está cayendo a pedazos, tratando de mantenerlo a flote.

La dinámica, la energética y el flujo natural del universo no es aceptable para la mente convencional. Nuestros prejuicios y adicciones son patrones que surgen del miedo a un mundo fluido.  Sufrimos, porque tomamos equivocadamente como permanente lo que siempre está cambiando.

En segundo lugar, procedemos como si estuviéramos separados de todo lo demás, como si fuéramos una identidad fija, cuando nuestra realidad es carente de yo. Insistimos en ser un yo, con Y mayúscula.  Tenemos seguridad de definirnos a sí  mismos como inútiles o dignos, superiores o inferiores.

Perdemos tiempo precioso exagerando o idealizando o menospreciándonos con una seguridad complaciente que sí, que es lo que somos.  Confundimos la apertura de nuestro ser - el asombro inherente y la sorpresa de cada momento – por un yo sólido, irrefutable.  Sufrimos, a causa de este malentendido.

En tercer lugar, buscamos felicidad en todos los lugares equivocados. El Buddha llamó a este hábito "tomar erróneamente el sufrimiento por felicidad," como una polilla volando hacia la llama.  Como sabemos, las polillas no son los únicos que se destruyen a sí mismas con el fin de encontrar alivio temporal. En cuanto buscamos la felicidad, todos estamos como el alcohólico que bebe para detener la depresión que se intensifica con cada trago, o el drogadicto que se sobrepasa para conseguir alivio al sufrimiento que aumenta con cada dosis.

Un amigo que siempre está en una dieta, indica que esta enseñanza sería más fácil de seguir si nuestras adicciones no ofrecieran alivio temporal. Debido a que experimentamos satisfacción efímera con ellas, nos mantenemos enganchados.  En nuestra búsqueda repetida de gratificación instantánea, perseguimos todo tipo de adicciones - algunas aparentemente benignas, algunas obviamente letales – para continuar reforzando los viejos patrones de sufrimiento. Fortalecemos los patrones disfuncionales.

Así nos volvemos menos capaces de vivir con hasta la más fugaz inquietud o malestar.  Nos habituamos a alcanzar algo para aliviar el nerviosismo del momento.  Lo que comienza como un leve cambio de energía -- una tension menor de nuestro estómago, una sensación vaga, indefinible de que algo malo está a punto de pasar -- se intensifica en la adicción. Esta es nuestra manera de intentar hacer la vida predecible.  Porque confundimos siempre lo que resulta en sufrimiento como lo que nos traerá felicidad, seguimos atrapados en el hábito repetitivo de incrementar nuestra insatisfacción. En la terminología budista este círculo vicioso se llama samsara.

Cuando empiezo a dudar de que tengo todo lo necesario para estar presente con la impermanencia, la ausencia de yo y sufriendo, me animo a recordar la advertencia cariñosa de Trungpa Rinpoche de que no existe remedio para el calor y el frío. De que no hay remedio para los hechos de la vida.

Esta enseñanza sobre las tres marcas de existencia puede motivarnos a dejar de luchar una y otra vez contra la naturaleza de la realidad. Podemos dejar de dañar a otros y a nosotros mismos en nuestro esfuerzo por escapar de la alternancia de placer y dolor. Podemos relajarnos y estar completamente presentes en nuestras vidas.


Versión al español, el editor.

miércoles, 8 de octubre de 2014

LA ENSEÑANZA DE LOS TRES 

SEÑORES DEL MATERIALISMO

Pema Chödron


Una enseñanza que nos ofrece soporte en este proceso de desbloquear la bodhicitta es esta de los tres señores del materialismo. Son tres los modos con que nos escudamos de la fluidez de la bodhicitta, un mundo no inmovilizado; tres estrategias que empleamos para darnos la ilusión de seguridad. Esta enseñanza nos anima a familiarizarnos con estas tres estrategias del ego, para ver lucidamente como continuamos buscando confort y facilidad que sólo fortalece nuestros miedos.

El primero de los tres señores del materialismo es llamado el Señor de la forma. Este representa el cómo buscamos que lo externo nos ofrezca un sólido fundamento. Podemos comenzar prestando atención a nuestros métodos de escape. ¿Qué hago cuando me siento ansioso(a) y deprimido(a), aburrido(a) y solitario(a)? ¿Es mi evasión, la “terapia de comprar”? ¿O cambio a alcohol o comida? ¿O me animo con drogas o sexo, o buscando aventuras? ¿O prefiero retirarme en la belleza de la naturaleza o en el mundo delicioso ofrecido por un libro realmente bueno? ¿O lleno el espacio llamando por teléfono, surfeando en internet, viendo por horas la TV? Algunos de estos métodos son dañinos, algunos son chistosos, otros hasta benignos. La cuestión es que podemos abusar de cualquier sustancia o actividad para alejarnos de la inseguridad. Cuando nos volvemos adictos al señor de la forma, estamos creando las causas y condiciones para intensificar el sufrimiento. No importa cuán duro lo intentemos, no podemos conseguir alguna satisfacción duradera. En lugar de tener verdaderos sentimientos, estamos intentando escapar de conseguir fortaleza.

Una analogía tradicional para el dolor originado por el señor de la forma es la de un ratón cogido en una trampa porque no pudo resistir comer el queso. El Dalai Lama ofrece un vuelco interesante a esta analogía. Dice que cuando era un niño en el Tíbet frecuentemente trataba de atrapar al ratón, no porque deseaba matarlo, sino porque buscaba ganarle. Dice que el ratón en Tíbet puede ser más inteligente que el ratón ordinario, porque nunca capturaba exitosamente a alguno. Por el contrario se volvían sus modelos de conducta iluminada. El Dalai Lama sentía eso, muy distinto a nosotros, pues ellos habían figurado que la mejor cosa que podían hacer para sí mismos era refrenarse del corto placer del queso para tener el gran placer de vivir. El Dalai Lama nos invita a seguir su ejemplo.

No importa cómo intentemos atrapar, nuestra reacción común es no volvernos curiosos sobre qué sucede. No investigamos naturalmente las estrategias del ego. Muchos de nosotros solo buscamos ciegamente por algo familiar que nos relacione con el alivio y luego nos preguntamos por qué estamos insatisfechos. El abordaje radical de la práctica de la bodhicitta es prestar atención a lo que hacemos. Sin juzgar, nos preparamos en el amable reconocer de cualquier cosa que pase. Finalmente, podemos decidir poner alto a dañarnos con los mismos modos antiguos.
El segundo de los señores del materialismo es el Señor del habla. El señor del habla representa el cómo empleamos toda clase de opiniones para darnos la ilusión de certidumbre sobre la naturaleza de la realidad. Cualquier “ismo” – político, ecológico, filosófico, espiritual – puede ser mal usado de este modo. “Políticamente correcto” es un buen ejemplo de cómo opera este señor. Cuando creemos en la corrección de nuestro punto de vista, podemos tener mucha estrechez mental y prejuicio sobre las fallas de otra gente.

Por ejemplo, ¿Cómo reacciono cuando mis creencias sobre el gobierno son cuestionadas? ¿Cómo, en el caso que otros no aceptan lo que siento sobre la homosexualidad o los derechos de la mujer o el medioambiente? ¿Qué pasa cuando mis ideas sobre fumar o beber son impugnadas? ¿Qué hago cuando mis convicciones religiosas no son compartidas?

Los nuevos practicantes frecuentemente abrazan con entusiasmo apasionado la meditación o las enseñanzas budistas. Nos sentimos parte de un nuevo grupo, contentos de contar con una nueva perspectiva. ¿Pero, luego, juzgamos a la gente que ve el mundo de diferente modo? ¿Cerramos nuestras mentes a los demás porque no creen en el karma?

El problema no es con lo que creemos, sino cómo empleamos eso para conseguir tierra firme bajo nuestros pies, cómo lo usamos para sentirnos bien y hacer que alguien más se sienta equivocado, cómo lo tratamos para evitar sentir el desasosiego de no saber qué está pasando. Lo que me recuerda a un amigo que conocí en los sesentas, cuya pasión era protestar contra la injusticia. Siempre buscaba eso, como si un conflicto le gustara ser resuelto, él deseaba hundirse en un tipo de desesperanza. Cuando aparecía una nueva causa de atropello, nuevamente se volvía eufórico.
Javis Jay Masters es mi amigo budista que vive en prisión a la espera de su ejecución. En su libro Finding Freedom [Encontrando la libertad] cuenta una historia sobre qué sucede cuando somos seducidos por el señor del habla.

Una noche estaba sentado en su cama leyendo, cuando su vecino de celda, Omar, le gritó: “Eh, Javis, busca el canal siete.” Javis tenía la pantalla sin sonido. Buscó y vio un grupo de gente enfurecida moviendo sus brazos en el aire. Dijo: “Oye, Omar, ¿qué es lo que pasa?” y su vecino le respondió: “Es el Ku Klux Khan, Javis, están protestando y gritando sobre como todo es culpa de los negros y los judíos.”

Minutos después, Omar volvió a gritar: “Oye, Javis, mira lo que pasa ahora.” Javis buscó en la televisión y vio un gran grupo de gente marchando, agitando pancartas y consiguiendo ser arrestada. Él comentó: “Sólo puedo ver que son gente enojada acerca de algo. ¿Qué pasa con esta gente?” Omar le contestó: “Javis esa es una demostración de ambientalistas. Están pidiendo poner fin a la tala de árboles y a la matanza de focas y todo lo demás. Mira que una mujer se muestra enfurecida frente al micrófono y toda esa gente gritando.”

Diez minutos después, Omar le llamó otra vez: “¡Oye, Javis! ¿Estás aún mirando? ¿Puedes ver lo que está pasando ahora?” Javis miro y otra vez vio alguna gente en traje elegante que se encontraban en un tumulto sobre algo. Le preguntó: “¿Qué pasa con esos tipos?” y Omar contestó: “Javis, son el presidente y los senadores de Estados Unidos y están discutiendo y arguyendo en la TV nacional, cada uno tratando de convencer al público de que el otro es culpable de la terrible economía.”
Javis, dijo: “Bien, Omar, estoy seguro que aprendí algo interesante esta noche. Aunque ellos se vistan como Klan o ambientalistas o con trajes realmente caros, toda esta gente tiene las mismas caras amargas.”

Ser capturados por el señor del habla puede comenzar con tan solo una convicción razonable de que lo que sentimos es verdadero. Sin embargo, si nos encontramos volviéndonos justamente indignados, es una indicación segura de que iremos más allá y que nuestra capacidad de efectuar cambios terminará obstruida. Las creencias e ideales solo se vuelven otro modo de colocar murallas.

El tercer señor, el señor de la mente, emplea, para todo, estrategias más sutiles y seductoras. El  señor de la mente se pone en juego cuando intentamos evitar el desasosiego buscando estados especiales de la mente. Así, podemos usar drogas. Podemos emplear deportes. Podemos enamorarnos. Podemos recurrir a prácticas espirituales. Existen numerosas maneras de conseguir estados alterados de la mente. Estos estados especiales resultan adictivos. Se sienten bien al quedar un momento libres de nuestra experiencia mundana. Pero queremos más. Por ejemplo, los nuevos meditadores con frecuencia tienen la expectativa de que con la preparación puedan trascender el dolor de la vida ordinaria. En su desilusión, por decir lo menos, se dice toman contacto con lo denso de las cosas, quedando abiertos y receptivos al aburrimiento así como al gozo.

A veces, de la nada, la gente tiene experiencias maravillosas. Recientemente una abogada me dijo que estacionada en una esquina esperando el cambio de luz, ocurrió una cosa extraordinaria. De improviso su cuerpo se expandió hasta sentirse tan grande como todo el universo. Sintió instintivamente que ella y el universo eran uno. No tenía ninguna duda que eso estaba efectivamente pasando. Sabía que no era ella, como creía previamente, separada de todo lo demás.

Sobra decir, la experiencia hizo temblar sus creencias y le hizo preguntar qué hacemos con nuestras vidas, gastando tanto tiempo en el intento de proteger la ilusión de nuestro territorio personal. Entendió cómo la difícil situación conduce a las guerras y a la violencia que se intensifican en todo el globo. El problema apareció cuando ella comenzó a colgarse en su experiencia, cuando quería regresar a ella. La percepción ordinaria no le resultaba más satisfactoria: le dejaba alterada y ausente. Sentía que si no podía estar en ese estado alterado pronto estaría muerta.

En los sesenta conocí gente que tomaba LSD cotidianamente en la creencia que podía permanecer en lo máximo. Al contrario, freían sus cerebros. Hasta conozco hombres y mujeres que son adictos a enamorarse. Como Don Juan, no pueden soportar cuando su fervor inicial comienza a apagarse; siempre buscan a alguien nuevo.

Aun las experiencias pico nos pueden mostrarnos la verdad e informarnos sobre porque estamos preparados, ellas no son esencialmente un gran negocio. Si no podemos integrarlas en los sube y baja de nuestras vidas, nos obstaculizarán. Podemos confiar en nuestras experiencias como válidas, pero luego tenemos que movernos y aprender a llevarnos bien con nuestros vecinos. Entonces, incluso los más notables insigths [visiones profundas] pueden empezar a impregnar nuestras vidas. Como dijo Milarepa, el yogui tibetano del siglo doce, cuando escuchó de las experiencias cumbres de su estudiante Gampopa: “Ellas no son ni buenas ni malas. Sigue meditando.” No es que los estados especiales sean en sí el problema, es su cualidad adictiva. Dado que es inevitable que todo lo que sube tiene que bajar, cuando tomamos refugio en el Señor de la mente, entonces, estamos condenados a la decepción.

Cada uno de nosotros tenemos una variedad de tácticas habituales para evitar vivir tal como es. En pocas palabras, ese es el mensaje de los tres señores del materialismo. Esta simple enseñanza es, al parecer, la autobiografía de todos. Cuando utilizamos estas estrategias nos volvemos menos capaces de disfrutar de la ternura y la maravilla que está disponible en la mayoría de veces sin complicaciones. La conexión con la bodhichitta es lo común.

Cuando nos alejamos de la incertidumbre ordinaria, perdemos contacto con la bodhichitta. Es una fuerza natural que quiere emerger. Es, de hecho, indetenible. 

Cuando no huimos de la incertidumbre diaria, podemos contactar con la bodichita. Es una fuerza natural que quiere surgir.  Es, de hecho, imparable.  Una vez que dejamos de bloquearla con las estrategias del ego, el agua refrescante de la bodichita definitivamente comenzará a fluir. Nosotros podemos lentificarla.  Podemos hasta contenerla.  Sin embargo, cada vez que hay una abertura, la bodhichita siempre aparecerá, como las malezas y las flores que aparecen fuera de la acera en cuanto hay una grieta.

* Extraído del capítulo 2 de The Places That Scares You. A Guide to Fearlessness in Difficult Times. [Los lugares que te asustan. Una guía para la audacia en tiempos difíciles] Shambala, Boston, 2002.

Versión al español: el Editor.