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miércoles, 26 de diciembre de 2018

LA BONDAD AMOROSA


La bondad amorosa es la mejor medicina
TULKU THONDUP RINPOCHE
Nuestra mente – no nuestro cuerpo – es lo que realmente somos, dice Tulku Thondup Rinpoche, y la mente que es tranquila, dichosa y profundamente amorosa es la base de la verdadera salud y la sanación.


La esencia de la bondad amorosa es desear dicha para los demás.
Como una madre amorosa para su hijo,
Sirve a los demás ofreciendo todo tu cuerpo, riqueza y méritos
Y soporta todas las heridas causadas por ellos.

—Rigdzin Jigme Lingpa
El Buddha dijo: «La mente es la cosa principal y es el líder.» El cuerpo no es nuestra identidad. La mente es nuestra identidad. Es quienes somos. Por eso, desde la perspectiva del Buddha, obrando con la mente es la base de la salud y de la sanación. Si nuestra mente es amorosa y pacífica, de manera espontánea nos tornaremos fuertes y sabios, aun si nuestros cuerpos tienen dificultades. El modo de alcanzar esto es por medio de la práctica de la bondad amorosa.

Según la medicina tibetana, una mente tranquila y dichosa ayudará a equilibrar los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire, que son los componentes básicos de nuestro cuerpo y hará que la circulación de nuestro sistema energético funcione normalmente. Y al final de nuestra vida, cuando nuestra mente abandone el cuerpo y comience a migrar, las experiencias saludables que hemos generado a través de la práctica de la bondad amorosa nos asegurarán un renacimiento pacífico y alegre. Entonces, si honestamente deseamos cuidarnos a nosotros mismos y servir a este planeta de una manera significativa, para sanarnos a nosotros mismos y a los demás, es la verdadera bondad amorosa la que debemos generar firmemente en nuestra propia mente y corazón.

Bondad amorosa (maitri en sánscrito, metta en pali) no es simplemente una cualidad que tenemos. Es una importante meditación budista que podemos aprender a practicar regularmente, así como la más poderosa forma de generar salubridad. La bondad amorosa, junto con la compasión, la dicha comprensiva y la ecuanimidad, es una de las cuatro actitudes inconmensurables que sanan las enfermedades temporales de nuestra vida y despiertan las cualidades iluminadas que todos tenemos heredadas.

Como la primera de las cuatro actitudes inconmensurables, la bondad amorosa es el fundamento de las demás. Está basada en tener el siguiente deseo: “Que todos los seres que no tienen felicidad, qué puedan ellos tener felicidad y las causas de la felicidad. Cuán feliz sería para que todos tengan felicidad. Trabajaré para que todos tengan felicidad. Ruego al Budha de Bondad amorosa para que la alegría surja en la vida de todos los seres.” 

La segunda de las actitudes inconmensurables es la compasión, que implica hacer este deseo: “Qué puedan todos los seres sufrientes liberarse del sufrimiento y de las causas del sufrimiento.”

La tercera, la dicha comprensiva, toma la forma de este deseo: “Qué todos puedan gozar de la felicidad y nunca ser separados de la felicidad.”

La cuarta, ecuanimidad, es tener la misma bondad amorosa hacia cada ser sensible que la que tienen hacia vuestra propia amorosa madre, sin apego u odio.

Si tenemos verdadera bondad amorosa, experimentamos todas las demás actitudes inconmensurables: compasión para los que sufren, alegría por los que tienen felicidad y una sensación de ecuanimidad hacia todos los seres. También practicamos las seis perfecciones, los paramitas que forman la base del camino del bodhisattva: generosidad, moralidad, tolerancia, entusiasmo, tranquilidad y visión penetrante.

La bondad amorosa es sobre todo un pensamiento creado por nuestra mente – nuestra corriente de conciencia – y también es una experiencia disfrutada por la mente. Tan pronto como se despierte la bondad amorosa, el amor incondicional, y en tanto lo mantengamos, nuestra mente permanecerá en la paz y la alegría suprema, sin caer en el apego. No podrá surgir ninguna energía insana – como los celos, el resentimiento, la codicia o el aferramiento del ego — que impida que florezca nuestra naturaleza y nuestras cualidades buenas. De manera espontánea daremos lugar a palabras y hechos positivos que promuevan la paz y la alegría en nuestra familia, vecindario, comunidad y, de hecho, en todo el mundo, directa o indirectamente, a un nivel visible o invisible.

La idea de desear felicidad para todos los seres no es vaga, poco profunda o superficial. Emerge desde la profundidad de nuestros corazones.

Hace que nuestra mente, cuerpo y vida florezcan con pensamientos positivos y expresiones beneficiosas. Desde la oscuridad del sueño ignorante y las pesadillas egoístas, nuestro corazón se despierta con pensamientos de imágenes amorosas, palabras amables y sentimientos gozosos.

Este deseo no es pequeño o limitado. Es inmenso. El corazón de la bondad amorosa extiende el ilimitado deseo de la felicidad para todos, para el universo entero. Deseamos que los seres inconmensurables tengan una dicha ilimitada como el fundamento del ser; inconmensurables acumulaciones de méritos y sabiduría como el camino; e inconmensurables cualidades iluminadas como el resultado.

Podemos ver el tremendo poder de la bondad amorosa en el ejemplo de un gran maestro de meditación que pasó veintidós años en un campo de trabajos forzados como prisionero político. Después de su liberación, cuando tenía setenta años, dijo: «Físicamente, sufrí los años de duro trabajo, pero mentalmente, no recuerdo haberme sentido triste. Me enfrenté a la situación con dos meditaciones. Primero, acepté mis desgracias como resultado de mi propio karma, las consecuencias de mis fechorías pasadas, y luego me regocijé, ya que el karma ahora estaba siendo purificado.»

«En segundo lugar, medité sobre la compasión y la bondad amorosa para aquellos que fueron responsables de ponernos en prisión y obligarnos a trabajar muy duro. Como eran responsables del sufrimiento de tantos, yo sabía que ellos, en el futuro, sufrirían gravemente como resultado de lo que estaban haciendo. La idea de su sufrimiento futuro me permitió generar compasión».

Este tipo de actitud por parte de un prisionero victimizado puede parecer increíble, pero sé que simplemente estaba diciendo la verdad, y confío en la sabiduría que él estaba compartiendo. Salió de la prisión mucho más viejo, pero también mucho más sabio, y ahora está sirviendo a muchas personas en oriente y occidente.

Algunos podrían ser escépticos acerca de este tipo de actitud, pensando: “Ver tu desgracia como algo causado por ti mismo no ayudará a curarte. Solo debilitará aún más tu confianza en ti mismo.” Sin embargo, de acuerdo con el budismo, todo lo que nos está sucediendo ahora es el resultado de nuestras propias acciones pasadas. Aceptar esto es el primer paso práctico importante, porque tal aceptación nos obliga a asumir la responsabilidad de corregir los errores del pasado y evitar que se repitan.

Cuando culpamos a otros de nuestras desgracias, podemos sentir un alivio temporal, pero en realidad, culpar a otros acabará causándonos más daño. Estamos volviendo a poner en marcha un ciclo negativo y sembrando las semillas de consecuencias kármicas más dañinas para nosotros. Ver nuestros problemas como lo que son, aceptarlos, no cometiéndolos de nuevo, y purificarlos es el enfoque más saludable. Esto lleva a una sanación muy profunda.

Algunas personas podrían preguntarse si una actitud de bondad amorosa universal hacia todos no nos hará demasiado vulnerables en un mundo duro y difícil. Podrían pensar: "Tener bondad amorosa hacia los perpetradores de actos dañinos es imprudente y contraproducente". Pero el budismo nos enseña que no debemos permitir que los encuentros negativos nos derroten al hacernos perder la preciosa paz y el amor por los demás en nuestro corazón. Es permisible usar palabras duras o incluso acciones duras para salvar a las personas de lastimarse o de lastimar a otros, y para protegernos, pero nunca debemos hacerlo por odio o enojo. Puede que no sea fácil mantener y generar bondad amorosa frente a la agresión, pero es el enfoque más valioso, el que menos daño causa y sana los daños causados por los males del pasado. Si observamos de cerca, veremos la increíble sabiduría que se encuentra en el corazón de la actitud de bondad amorosa.

Según Lhaje Gampopa, el gran maestro de meditación y médico del siglo XII que fue el principal estudiante del famoso yogui Milarepa, cuando realmente deseas que cada ser consciente tenga dicha, has desarrollado verdadera bondad amorosa. Cuando las lágrimas caen y los vellos se erizan con la sensación de amorosa bondad, has desarrollado una gran bondad amorosa. Cuando experimentas el mismo grado de bondad amorosa para todos los infinitos seres, has desarrollado una bondad amorosa inconmensurable.

Una meditación de bondad amorosa
Hay diferentes formas de meditar sobre la bondad amorosa. Basado en muchas enseñanzas budistas, les enseñaré una meditación en la que la bondad amorosa se genera principalmente al pensar y sentir el amor incondicional del Buddha de la bondad amorosa y la compasión (Avalokiteshvara). Hacemos esto a través del poder de nuestra devoción – la energía que abre nuestro corazón con dicha y confianza – en el Buddha.

Usamos cuatro herramientas para construir esta meditación:
  1.   Ver imágenes positivas de Avalokiteshvara, el Buddha de la bondad amorosa, y sus bendiciones;
  2. Reflexionar sobre esto con palabras positivas y plegarias;
  3.   Sentir la energía de la bondad amorosa;
  4.  Confiar sin duda alguna en el poder de la devoción, de la bondad amorosa y de las bendiciones de los budas.
En la vida ordinaria, debido a nuestros hábitos usuales, dejamos que nuestras propias percepciones de objetos y situaciones externos controlen nuestra vida. Por ejemplo, cuando percibimos a una persona que se acerca a nosotros como un asesino, nos sentiremos asustados. Instantáneamente, todo se convierte en un mundo de terror. Pero tan pronto como lo reconocemos como uno de nuestros mejores y más amables amigos, toda la situación se vuelve pacífica y alegre.
De modo similar, tan pronto como vemos y sentimos la imagen del Buddha como una presencia del amor incondicional y la sabiduría omnisciente, nuestra mente cambiará desde un estado negativo o neutral a uno pleno de pensamientos y sentimientos positivos.
En la medida en que apreciamos y disfrutamos del amor incondicional del Buddha, en la misma medida nuestro corazón se transformará y florecerá en un corazón con amor incondicional. Es por esto que en las meditaciones budistas visualizamos al Buddha con cualidades iluminadas, le rezamos a él o ella y recibimos bendiciones para despertar nuestras propias cualidades internas, como la bondad amorosa.
MEDITACIÓN DE APERTURA
Es importante comenzar la meditación con intención iluminada (bodhichita). Piensen: "Voy a meditar para desarrollar bondad amorosa en los corazones de todos los seres".

MEDITAcIóN principal
En medio de un cielo puro e ilimitado, visualizan al bello Buddha de la bondad amorosa sentado en una esplendorosa flor gigante y un brillante cojín lunar. Su cuerpo juvenil, de tez blanca, es un cuerpo de luz radiante – claro, luminoso e intangible – como si la luz de miles de lunas estuviera brillando.

Su mente es omnisciente y sabe todo de manera simultánea. Su corazón de bondad amorosa se preocupa incesantemente por todos los seres como si fueran su único hijo. Su poder ilimitado satisface las necesidades de todos aquellos cuyos corazones están abiertos a tal oportunidad.

El Buddha de la bondad amorosa es la encarnación de todos los iluminados: los Budas, los santos y los sabios. Él es la manifestación de la verdadera naturaleza y las cualidades puras de todo el universo. Él es el reflejo de la naturaleza búdica y de la verdadera bondad amorosa de vuestra propia mente, como si estuvieran viendo vuestro propio reflejo en un espejo.

Cuando ven y sienten la presencia y las cualidades de los Budas, vuestra mente se transforma al instante. Todas las murallas de vacilaciones y limitaciones que le impiden progresar espiritualmente se derriten. Todos los pensamientos negativos y las emociones que causan los diversos tipos de sufrimiento, cesan. El ciclo de visiones y sentimientos positivos, la causa de la paz y la alegría eternas, se pone en marcha.

Primera plegaria: Recen al Buddha con devoción – la energía de la alegría y la confianza totales – desde la profundidad de vuestra mente. Canten el mantra plegaria en dulces melodías, escuchen y sientan todos los sonidos del mundo, y los sonidos que provienen de las ondas de energía de respiración de cada partícula de vuestro cuerpo, como el sonido de dicha y celebración. Vuestro corazón y cada partícula de vuestro cuerpo florecen sin límites con la energía de la devoción al Buddha, como las flores que se abren ante el calor de la luz del sol. 


Canten repetidamente:

Om ma-ni pad-me hung,

Oh, Buddha con la joya [que simboliza la bondad amorosa] y el loto [que simboliza la sabiduría omnisciente], por favor escúchenme/nos.
Luego, vean y sientan que la sabiduría omnisciente del Buddha, el amor incondicional y el poder ilimitado emanan de sus cuerpos en forma de rayos de luz infinitos y similares a los del arco iris. Todas vuestras aflicciones mentales y emocionales y enfermedades físicas – visualizadas en forma de oscuridad o inmundicia en vuestro cuerpo – son disipadas por el brillo de la luz, arrastradas por el torrente de néctar de luz, barridas por el viento y la escobilla de luz, o quemado con el fuego de luz.

En este momento, cada partícula de vuestros cuerpos está llena de la luz brillante de la sabiduría omnisciente del Buddha, el amor incondicional y el poder ilimitado. Sientan intimidad y felicidad a medida que la luz del Buddha del amor incondicional acaricia cada partícula de vuestros cuerpos. Mientras el cuerpo disfruta de las bendiciones, vuestra mente se purifica, se sana y se transforma, ya que en realidad vuestra mente es la que inicia y disfruta de todas las transformaciones.

Luego mediten en un ser querido, como su madre amorosa, visualizándola frente a ustedes con claridad y pensando: “Madre, me diste la vida, criaste a un niño para ser una persona. Te sacrificaste por mí y siempre me mantuviste en tu cálido y amoroso corazón. Algunas veces cometiste errores, ya que tú también has sido víctima de emociones fuertes, lo entiendo completamente. Me valoraste como la cosa más preciosa del mundo; lo recuerdo claramente. Siempre me preocupé por tu felicidad, y hoy soy muy afortunado de tener un gran regalo, las bendiciones del Buddha y el amor puro de mi propio corazón, para compartir contigo. ¡Qué feliz soy!” Luego, con gran amor, mientras cantan el mantra, meditan, rezan, la purifican, sanan y la transforman con las luminosas bendiciones del Buddha, como lo hicieron antes para sí mismos.

Luego, compartan las mismas meditaciones con una persona neutral, luego con alguien con quien ustedes están en oposición, y, finalmente, con todos los seres reconociéndolos como sus amadas madres en sus infinitas vidas pasadas.

El objetivo de la bondad amorosa es servir a todos, pero es importante comenzar la meditación con uno mismo y luego con un ser querido. De esa manera, experimentarán la bondad amorosa directa, vívida y profundamente, sin deambular en ideas superficiales o generales y sentimientos vagos o superficiales.

Segunda plegaria: En este momento, una gran transformación está teniendo lugar en ustedes. Todos los pensamientos y sentimientos de vuestra mente y cuerpo se están transformando en pensamientos y sentimientos de bondad. El Buddha de la bondad amorosa no está solo frente a ustedes, sino también en vuestra mente y cuerpo. Reconózcanlo. Entonces, todo lo que digan o hagan, todas son palabras y expresiones de bondad amorosa, la verdadera fuente de alegría para ustedes y para muchos otros. Sintiendo que toda vuestra mente y cada partícula de vuestro cuerpo están floreciendo por completo con los sonidos de las ondas de energía de bondad amorosa, cantar:

Om ma-ni pad-me hung,
¡Oh, Buddha con la joya y el loto, la Quintúple Sabiduría está en mí!
Tercera plegaria: Tan pronto como esa bondad amorosa se despierte en ustedes, y mientras permanezcan en ella, todo lo que vean, escuchen y sientan serán las imágenes, los sonidos y las sensaciones de bondad. Dense cuenta de esto. Viendo, escuchando y sintiendo cada ser y a todo el universo como la tierra pura del Buddha y la bondad amorosa, cantar:

Om ma-ni pad-me hung,
¡Oh, Buddha con la joya y el loto, la Quintúple Sabiduría está en todo!

MEDITAcIóN FINAL
Contemplen al descansar en la conciencia de la paz máxima, la verdadera bondad amorosa, el resultado de la meditación, sin aferrarla o pensar en ella.

MEDITAcIóN de cierre
Concluya la meditación ofreciendo todos los méritos creados por la meditación a todos los seres, que son considerados como vuestras madres. Este mérito es la causa de realizar la bondad amorosa absoluta. Haga aspiraciones para que todos se beneficien de la bondad amorosa.

 

Tulku Thondup Rinpoche nació en el este del Tíbet, donde, siendo un niño, fue reconocido como un maestro budista reencarnado. En 1958, huyó de la invasión china comunista y se estableció en la India, enseñando literatura tibetana y tibetana a nivel universitario. En 1980, Tulku Thondup fue invitado a Harvard como académico visitante. Vive en Cambridge, Massachusetts, donde traduce y escribe sobre el budismo tibetano. Su libro más reciente es Peaceful Death, Joyful Rebirth.

domingo, 12 de febrero de 2017

El perdón del Buddha


Ozmo Piedmont, Ph.D.


“Aferrare a la ira es como aferrarse a una brasa candente con el intento de tirársela a otro; tú eres el que se quema.”  Buddha, 563-483 B.C.E.

Cuando estamos manejando nuestra vida, ¿quién está conduciendo, nuestro karma o nuestra Naturaleza Búdica? En el Dhammapada se lee que el Buddha dijo: “Cuando un hombre gobierna el surgimiento de su ira como a un carruaje que se va de control, eso es lo que llamamos un conductor de carruaje.  El resto es sólo tener riendas.” (Curto, 2005, XVII, V. 222)  La ira es un aspecto de la aversión, uno de los tres venenos de la mente. Cuando la vida nos presenta situaciones que provocan la aversión, o sea, la ira, la irritación, la frustración, el enojo, la furia, la rabia, la molestia, la preocupación, o el miedo, son todas oportunidades para nuestra práctica espiritual. Estas sensaciones en sí no son el problema, sino nuestro apego a ellas, lo que reafirma patrones  y hábitos inconscientes basados en egoísmo e ignorancia.  Cuando esto pasa, estamos fuera de control y nuestras acciones pueden causar dolor, pena, y sufrimiento.  En otras palabras, hemos perdido las riendas del carruaje de nuestra mente.  En vez de adiestrar el cuerpo y la mente en cómo guiar el carruaje para resolver un problema con perspicacia, sabiduría, y compasión, de hecho estamos presos de tendencias negativas, las que se repiten miles de veces por nuestro karma negativo. Efectivamente, estamos causando sufrimiento tanto para nosotros como para los demás.  En cambio, cuando podemos practicar atención vigilante, como un buen conductor del carruaje, estamos en control de nuestras reacciones, absteniéndonos de las tendencias que nos desvían el carruaje con acciones erróneas, dándonos la oportunidad de guiarlo en la dirección apropiada.  

No nos desviamos ni en la dirección de la inactividad, ni en la dirección de emociones incontroladas.  Al notar el obstáculo en el camino, la situación nos exige actuar en el momento; nuestras sensaciones nos atraen la atención que deberíamos atender a algo.  Por ejemplo, si hay un bache en el camino, la sensación de preocupación, irritación, enojo, o miedo nos indica que hay peligro inminente.   Hay que evitar el bache.  Pero ¿cómo rodearlo?  Si estamos apegados a nuestra emoción de aversión, podríamos maldecir y soltar palabrotas al bache, lo que no sirve para nada.   Pero al notar la sensación surgiendo, la dejamos pasar, y en vez de dejar a la emoción dictar nuestro comportamiento, buscamos la forma más eficaz para evitar el bache.  Es el momento en nuestra práctica espiritual que preguntamos al Infinito “Qué es bueno hacer ahora?”, dándonos la oportunidad de considerar todas las opciones, mientras que ponemos fe en una sabiduría más profunda, con una perspectiva más amplia, para que  nos aconseje lo que pertenece a nuestra Naturaleza Búdica.  Al recibir su directiva, actuamos con pleno corazón.  En esta manera, evitamos el bache en el camino, igual como evitamos los choques interpersonales con el mundo de nuestras familias, el trabajo, o la sociedad.   

Es reconfortante recordar que no estamos solos en este camino de la vida, puesto que el consejo y la ayuda del Infinito son como tener estos sistemas de posicionamiento global en los automóviles.  Al apretar un botón, una voz computarizada  nos recomienda la ruta más directa para que lleguemos a la meta de nuestro viaje, diciéndonos “De vuelta a la derecha en la próxima esquina.”  Siempre se puede ignorar la voz, pero confiamos que está guiándonos para nuestro bien.  De igual forma, confiamos en el Infinito para guiarnos en la dirección más directa.  Por medio de la meditación, la práctica y la atención vigilante, estamos encendiendo el aparato de nuestra intuición espiritual, abriéndonos al consejo disponible en este momento.  Al preguntarle al Infinito, “¿Qué es bueno hacer ahora?” estamos apretando el botón que da lo Eterno la oportunidad para guiarnos en la vida cotidiana, ayudándonos para purificar nuestro karma y aliviar el  sufrimiento, así llegando por la ruta más directa en nuestras vidas a la meta divina: la paz.  Pero eso requiere nuestra capacidad para desapegarnos de los sentimientos negativos. 

Desde la perspectiva del Budismo, el perdón significa la habilidad de renunciar a la ira y el resentimiento, sin guardar rencor ni heridas, viviendo en el presente sin distracciones basadas en memorias del pasado ni proyecciones al futuro.  Si uno guarda ira, primero se hiere a sí mismo, y luego se crea sufrimiento para los demás por la violencia.  El Dalai Lama de Tíbet nos recuerda que la violencia solo genera violencia, y puede perjudicar nuestra salud:

“Con el perdón, hay dos niveles aquí.  Un nivel: el perdón significa que no deberías desarrollar sentimientos de venganza. Puesto que la venganza perjudica a la otra persona, por tanto es una forma de violencia. Con la violencia, hay normalmente contra violencia.  Esto genera más violencia aún – el problema nunca termina.  Esto es un nivel.  Otro nivel: el perdón significa que no deberías desarrollar sentimientos de ira hacia tu enemigo.  La ira no resuelve nada.  La ira sólo trae sentimientos incómodos a ti mismo.  La ira destruye tu paz mental.  No puedes sentir la felicidad mientras que mantengas la ira.  Creo que esto es la razón principal por la que debemos perdonar.  Con la mente tranquila, hay más paz mental, más salud para el cuerpo.  Una mente agitada nos destruye la salud, es muy dañino al cuerpo.  Este es lo que creo yo.”  (Lama, 2004, p. 234-235)

Entonces, en vez de fomentar más y más negatividad, perjudicando a nosotros y a los demás, hay que perdonar, incluso a nuestros enemigos, porque incluso los pensamientos crean mal karma.  De hecho, nuestros enemigos pueden enseñarnos las lecciones más importantes en como amar y perdonar.  El médico personal del Dalai Lama, Dr. Choedrak, fue encarcelado en 1959 por los chinos durante veintiún años.  Sobrevivió a la tortura y el abuso de una forma bien sana por practicar cuatro puntos de comprensión: 1.  Aunque tuvo que enfrentar gran sufrimiento e injusticia, podía responder con amor.  2. Sus captores estaban sufriendo en condiciones iguales a él, y por la ley de karma, iban a sufrir mucho más en el futuro, mereciendo su compasión por ellos como seres sufriendo más y más por su ignorancia y confusión.  3. Tuvo que aprender a como soltar los sentimientos de orgullo, auto-importancia, y soberbia falsa, puesto que todo ser humano ha hecho igual en el pasado basado en su ignorancia.  Si sus captores hubieran sabido mejor, habría hecho diferente. 4.  El odio, la ira, y el rencor no terminan nunca si reaccionamos con las mismas emociones.  Solo terminan siendo libre de ellas, o sea con amor. (Goldstein, pp. 125-126)  Como dijo el Buddha en la Dhammapada (Cap. 1, V. 5): “Las ocasiones de odio ciertamente nunca son apaciguadas mediante el odio.  Son apaciguadas estando libre de odio.  Esta es una ley eterna.” (Curto, p. 26)

El Buddha describió seis virtudes (paramitãs) de alguien en el camino espiritual llegando al Nirvana; una de ellas es la paciencia.  Tenemos que desapegarnos de la ira en nosotros, renunciando todo deseo de venganza o retribución.  Así, se puede liberar del dolor y el rencor, transformando lo que es negativo en algo positivo.  Eso no implica olvidarnos de lo que pasó.  Sólo se puede elegir no continuar con los sentimientos negativos, porque incluso los pensamientos pueden causar karma negativo, lastimando a los demás, y por tanto, lastimándonos a nosotros mismos.  El mero hecho de pensar en la venganza y retribución nos causa nuestro propio infierno de dolor y sufrimiento interior (Ratnaghosa, 2012).  Pero si podemos generar amor, compasión, y perdón, experimentamos la paz y la armonía, dos aspectos de la Naturaleza Búdica, lo más puro y libre en nosotros. 

Lo importante es resolvernos conscientemente a perdonar para quitarnos de las emociones y los sentimientos enfermos y venenosos, no para hacer el otro sentir culpable, sino para liberarnos de nuestro sufrimiento.  Cuando no sufrimos, estamos menos dispuestos a causar sufrimiento a los demás.  Se puede ayudar con la recitación de una frase positiva, pidiendo al otro que te perdone y perdonando al otro por el dolor y el daño causados. De hecho, el maestro budista Joseph Goldstein (2002) recomienda que se recite una frase de perdón antes o después de la meditación diaria en voz alta o en silencio en nuestros corazones como una limpieza continua del rencor y el resentimiento guardados en nuestro interior, repitiéndonos: “Si he herido o lastimado a cualquiera por mis pensamientos o palabras o acciones, pido perdón.  Y libremente perdono a cualquiera que me haya herido o lastimado.” (p. 110-111) 

Aprendiendo el perdón por los demás, se puede practicar paciencia con uno mismo, recordando que no somos malos por haber experimentado sentimientos negativos.  Incluso el Dalai Lama experimenta el enojo de vez en cuando.  Pero el punto es que no se apega a la emoción: “Por supuesto hay momentos cuando me enojo, pero en el fondo del corazón, no guardo rencor contra nadie.” Dalai Lama (Goldstein, p. 111) Cuando el veneno de la ira nos enferma, el perdón nos puede curar, revelándonos la paz y tranquilidad de nuestra Naturaleza Búdica.

Obras citadas:

Curto, Robert (Traductor). (2005). Dhammapada: Los Aforismos del Dharma.  Longseller: Buenos Aires.

Goldstein, Joseph. (2002) One Dharma.  Harper and Collins Publishers: N.Y., N.Y.

Lama, Dalai y Chan, Victor. (2004). The Wisdom of Forgiveness. Riverhead Books.
Citado en…
                >>http://en.wikiquote.org/wiki/Forgiveness

Ratnaghosa. (2012) The Helpful Enemy.
Transcribed Talks.