domingo, 23 de noviembre de 2008

“LA GRAN PAZ NATURAL” 

SOGYAL RIMPOCHÉ

 

Las enseñanzas de Buda son extensas. Sólo las “palabras de Buda” llenan más de cien volúmenes. A continuación, los comentarios y tratados de los grandes eruditos indios ocupan más de doscientos volúmenes, y ello sin contar todas las obras de los grandes maestros tibetanos.


Pero aún siendo así, las enseñanzas de Buda pueden ser sintetizadas de una forma muy profunda. Recuerdo que mi maestro, Dilgo Khyentse Rimpoché solía decir:

“Las enseñanzas de Buda son al mismo tiempo ‘extensas’ y ‘profundas’: ‘extenso’ se refiere al enfoque del erudito, del pandita, y ‘profundo’ al del yogui.”

Cuando se le pidió a Buda que resumiera sus enseñanzas, dijo:

 

No cometer ni una sola acción negativa,

Cultivar un tesoro de virtudes,

Domesticar esta mente nuestra;

Ésta es la enseñanza de todos los Budas.

 “No cometer ni una sola acción negativa” significa abandonar las acciones malsanas, perjudiciales y negativas, que son la causa del sufrimiento, tanto para nosotros mismos como para los demás. “Cultivar un tesoro de virtudes” es adoptar acciones positivas, benéficas y sanas que son la causa de la felicidad, una vez más, tanto para nosotros mismos como para los demás.

Sin embargo, el punto más importante es “domesticar la mente”. De hecho, maestros -como Ñoshul Khen Rimpoché-, dicen con frecuencia que esta frase por sí sola capta la esencia de las enseñanzas de Buda. Porque si podemos comprender la verdadera naturaleza de nuestra mente, ahí radica el punto esencial, tanto de las enseñanzas, como de toda nuestra existencia.

La mente es la raíz de todo: creadora de la felicidad y creadora del sufrimiento, creadora del samsara y creadora del nirvana. En las enseñanzas tibetanas, a la mente se la llama “el rey responsable de todo” – kun ye gyalpo-, el principio universal que lo rige todo. Tal como el gran Guru Padmasambhava dijo: “No intentes cortar la raíz de los fenómenos, corta la raíz de la mente”. Esta es la razón por la que encuentro tan evocadoras estas palabras de Buda: “Somos lo que pensamos, y todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos creamos el mundo. Habla o actúa con una mente pura y la felicidad será el resultado”. Si tan solo pudiéramos recordar esto y guardar nuestro corazón y nuestra mente puros, la felicidad se produciría de verdad. Por lo tanto, todas las enseñanzas de Buda están enfocadas hacia el entrenamiento de la mente, y mantener el corazón y la mente puros.

Esto empieza por la práctica de la meditación. Con ello permitimos que todos nuestros pensamientos y emociones turbulentas se sosieguen tranquilamente en un estado de paz natural. Como Ñoshul Khen Rimpoché decía:

Descansa en la gran paz natural, mente exhausta, golpeada incansablemente por el karma y las ideas neuróticas, como el furor implacable de las olas en el infinito océano del samsara. Descansa en la gran paz natural.

¿Cómo se sosiegan los pensamientos y las emociones? Si dejas un vaso de agua turbia en reposo, sin tocarlo, la suciedad se posará en el fondo, y la claridad del agua se hará evidente. Del mismo modo, en la meditación permitimos a nuestras ideas y emociones sosegarse naturalmente, en un estado de confort natural.

Hay un dicho maravilloso de los grandes maestros del pasado. Recuerdo que cuando lo oí por primera vez fue como una revelación, porque en estas dos frases se muestra a la vez lo que es la naturaleza de la mente y como permanecer en ella, lo que constituye la práctica de la meditación. En tibetano es precioso, casi musical: chu ma ñok na dang, sem ma chö na de. A grosso modo significa: “El agua, si no la agitas, se aclara; la mente, cuando no se la altera, encuentra su propia paz natural”.

Lo increíble a propósito de esta instrucción es el énfasis en la naturalidad y en que dejemos que la mente simplemente sea, sin alteraciones y sin cambiar nada en absoluto. Nuestro verdadero problema es la manipulación, la fabricación, y que pensamos demasiado. Un maestro solía decir que la causa primordial de todos nuestros problemas mentales es que pensamos demasiado.

Como dijo Buda: “con nuestros pensamientos creamos el mundo”. Pero si mantenemos nuestra mente en un estado de pureza y le permitimos reposar, tranquilamente, en su estado natural, lo que ocurre al practicar es sumamente extraordinario.

La primera práctica en el camino budista de la meditación se llama “shamata” –en tibetano “shiné”-, morar en calma o “meditación de la tranquilidad.” Cuando empezamos, es una práctica de atención. La práctica de shamata puede ser con un objeto o soporte o sin él. A veces usamos una imagen de Buda como objeto o, al igual que sucede en todas las escuelas budistas, observamos la respiración levemente y con atención. El problema para todos nosotros es que nuestra mente siempre está distraída. Y cuando está distraída, la mente crea pensamientos sin cesar. No hay nada en lo que no pueda pensar o hacer. Si nos fijáramos, veríamos el poco discernimiento que tenemos, y las muchas veces que simplemente dejamos surgir todo tipo de pensamientos y nos perdemos en ellos. Se ha convertido en la peor de todas las malas costumbres. No tenemos disciplina, así como tampoco disponemos de ningún medio para fijarnos en qué tipo de pensamientos nos ocupan; surja lo que surja, nos dejamos arrastrar por una espiral de historias e ilusiones que nos tomamos tan en serio que, no tan sólo nos las creemos, sino que se vuelven parte de nosotros mismos.

Por supuesto, no deberíamos reprimir nuestros pensamientos y emociones, pero tampoco deberíamos complacernos en ellos. Lo que ocurre es que nos hemos complacido en exceso a la hora de pensar. El resultado son las enfermedades mentales, e incluso físicas.
Muchos médicos tibetanos han notado la preeminencia en el mundo moderno de desórdenes debidos a desequilibrios del prana o aire interno, causados por un exceso de agitación, preocupaciones, ansiedad y pensamientos, que se añaden a la velocidad y a la agresividad que dominan nuestras vidas. Lo que necesitamos de veras es tan sólo paz. Es por esta razón que nos damos cuenta que sentarnos, aunque solo sea un momento, inspirar y expirar dejando a nuestros pensamientos y emociones posarse tranquilamente, puede constituir un maravilloso descanso.

Cuando nos abandonamos a la distracción y a pensar en exceso sin prestar
atención, cuando nos perdemos en pensamientos e invitamos a los problemas
mentales y a la angustia, el antídoto a aplicar es la atención. La disciplina de la práctica de shamata es hacer que la mente vuelva una y otra vez a la respiración.

Si estás distraído, en el instante en que te des cuenta, sencillamente vuelve a
centrarte en la respiración. No hay que hacer nada más. Incluso preguntarse: “¿por qué diablos me he distraído tanto?” es otra distracción. La simplicidad de la atención, de volver a traer continuamente la mente a la respiración, la calma progresivamente. Cuando intentas acostar a un niño, lo que le apetece es ponerse a jugar y, si le haces caso, se excitará cada vez más y nunca querrá irse a la cama.

Tienes que cogerlo en brazos y quedarte un rato con él, tranquilamente atento, y entonces acabará por calmarse. Con la mente ocurre exactamente lo mismo: no importa lo agitada que esté, sigue trayéndola de vuelta, una y otra vez, a la simplicidad de la respiración. Gradualmente, la mente se aquietará en la mente.

Al principio, claro, puede que nos sintamos un tanto extraños, creyendo que al observar tenemos el acto de respirar, quién respira y la respiración, cada uno por su lado. Pero lentamente, a medida que perfeccionemos la práctica y que nuestra mente se aquiete, el acto de respirar, quién respira y la respiración se volverán uno y, al final, será como si nos hubiéramos convertido en la respiración.

Los maestros siempre aconsejan que al practicar la meditación del “permanecer en calma”, lo importante es no concentrarse excesivamente. Por esta razón recomiendan poner tan sólo un 25 % de la atención en la respiración. Pero entonces, como puedes haber notado, la atención por sí sola no es suficiente. Mientras que se supone que estás observando tu respiración puede suceder que, tras unos pocos minutos, te encuentres jugando un partido de fútbol o protagonizando tu propia película. Por lo tanto, hay que dedicar otro 25% a una conciencia continua y vigilante que supervisa y comprueba si sigues atento a la respiración. El otro 50% de tu atención lo dejas permanecer, espaciosamente. Por supuesto, la exactitud de los porcentajes no es tan importante como el hecho de que estos tres elementos –atención, conciencia y espaciosidad-- estén presentes.

La espaciosidad es realmente maravillosa. A veces, el simple hecho de ser
espacioso basta para sosegar nuestra mente. La espaciosidad capta toda la esencia de la meditación; también es la generosidad de base de la meditación. En la práctica de shamata, cuando conseguimos aliar la espaciosidad a la atención puesta en la respiración, la mente se va calmando progresivamente. Y al calmarse, ocurre algo extraordinario: todos nuestros aspectos fragmentados vuelven a casa y nos unificamos. La negatividad y la agresividad, el dolor, el sufrimiento y la frustración se desvanecen de verdad. Experimentamos una sensación de paz, de espacio y de libertad y, como resultado de este aquietamiento, surge una profunda tranquilidad.

Según vamos perfeccionando esta práctica y nos unificamos con la respiración, al cabo de un tiempo, incluso la respiración en sí como objeto de atención en nuestra práctica, se disuelve y nos encontramos reposando en el momento presente. Este es el estado de estar centrado en un único punto que constituye el fruto y la finalidad de shamata. Permanecer en el momento presente y en la tranquilidad es un excelente logro, pero volvamos al ejemplo del vaso de agua turbia: si la dejas quieta, la suciedad se irá al fondo y el agua recuperará su nitidez, pero a pesar de ello, la suciedad seguirá estando ahí, en el fondo. Si un día la remueves de nuevo, la suciedad se pondrá de manifiesto una vez más. Mientras cultivemos la tranquilidad, es posible que disfrutemos de paz, pero cada vez que nuestra mente se agite un poco, los pensamientos engañosos volverán a invadirnos.

Permanecer en el momento presente de shamata no va a permitirnos evolucionar ni tampoco nos va a conducir a la iluminación o a la liberación. El momento presente se vuelve un objeto muy sutil y la mente que mora en el momento presente, un sujeto sutil. Mientras permanezcamos en el terreno del objeto-sujeto, la mente seguirá en el mundo conceptual ordinario del samsara.

A través de la práctica de permanecer en calma, nuestra mente se ha apaciguado en un estado de tranquilidad y ha hallado estabilidad. Al igual que la imagen de una cámara fotográfica se vuelve nítida al enfocarla, la atención centrada en un punto de shamata, permite que surja una creciente claridad de la mente. Según van desvaneciéndose gradualmente los oscurecimientos y el ego y su tendencia al aferramiento empiezan a disolverse, la “visión clara”, o “vislumbre” de vipashyana, -en tibetano lhak tong- se manifiesta. En ese momento ya no necesitamos el ancla que supone morar en el momento presente y podemos progresar avanzando, yendo incluso más allá de nuestro yo, hacia la apertura que representa la sabiduría que comprende la ausencia de ego. Esto es lo que va a arrancar de cuajo la ilusión y a liberarnos del samsara.

Examinemos el impacto de esto sobre la forma en que manejamos los
pensamientos y las emociones. Al empezar, sin ninguna seguridad o base, nuestros pensamientos nos invaden y nos dispersan; es por esta razón que en la práctica de la atención nos centramos en un objeto: la respiración.

Pero sean cuales sean los pensamientos que surjan, todos surgen de nuestra mente y de ningún otro sitio, de una forma tan natural como los rayos emanan del sol o como hay olas en el océano. Al estar ahora, pues, en un estado de permanecer en calma, todo lo que surge de nosotros –que nunca ha existido al margen de nosotros mismos-- va a encontrarse con una persona diferente. Ya no hay razón para tener miedo de perder el equilibrio o de distraernos; no tenemos porque seguir obstaculizando lo que surge, ahora que la apertura de la visión profunda se ha manifestado. Nos hemos convertido en una roca que hace frente al viento y las tormentas, a diferencia de la pluma que éramos antes, arrastrada de un lado a otro por la brisa. Todo lo que tenemos que hacer ahora es mantener nuestra conciencia.

Cuando un pensamiento surja desde el estado de quietud, si simplemente lo reconocemos con esta conciencia, volverá a disolverse en la naturaleza de la mente. Los pensamientos y las emociones se vuelven como las olas en el mar, elevándose y disgregándose de nuevo en su propia inmensidad y nosotros nos volvemos como el mar mismo, extenso, espacioso y plácido. No nos queda nada más por hacer: tan sólo mantener esta conciencia.

Por supuesto, para un principiante el riesgo es que aquello que surja le desestabilice y desencadene sus viejas costumbres. En el momento en que lo que surge es visto como algo separado, nos hemos perdido y, por lo tanto, en este momento tan crucial antes de que se convierta en un pensamiento, debemos mantener la conciencia. Necesitamos, pues, ser conscientes de nuestra conciencia, contar con un recuerdo natural que nos haga volver en cada ocasión y sin el cual seremos arrastrados.

Lo que estoy describiendo aquí es un proceso que se conoce por quietud, movimiento y conciencia (ne gyu rig sum), y que adquiere un significado cada vez mayor a medida que alcanzamos etapas más profundas de comprensión. Según avanzamos, permitiendo a lo que surge disolverse y liberarse a la luz de nuestra conciencia, realzaremos y prolongaremos esta quietud, al igual que las olas no hacen más que realzar la belleza del mar. A través de la conciencia de la visión clara y la sabiduría que comprende la ausencia de ego, llegamos a la naturaleza de la mente. Según vayamos progresando, tendremos profundas intuiciones sobre la naturaleza de la realidad, así como sobre nosotros mismos ya que, a medida que la dualidad sujeto-objeto se disuelve, alcanzamos el estado de no-dualidad.

Llegados a este punto, nos encontraremos en un estado de profunda paz. Ñoshul Khen Rimpoché solía hablar de la Gran Paz Natural –rang shin shiwa chempo- , la profunda paz de la naturaleza de la mente, la paz de Madyamika, Mahamudra y Dzogpachempo. Tal como dijo Buda: “el nirvana es la verdadera paz”. Cuando llegas a la paz de la naturaleza de la mente, descubres la extensa expansión de la gran apertura. Es como cuando las nubes se dispersan y dejan al descubierto un cielo abierto infinito; a medida que los pensamientos y las emociones similares a las nubes se disuelven a través de la práctica de la meditación, lo que queda al descubierto es la naturaleza de la mente similar al cielo.

Brillando en este cielo se encuentra el sol de nuestra naturaleza búdica, nuestra bodichita, la esencia de la iluminación. El sol conlleva dos maravillosas cualidades: el calor y la luz. Su resplandeciente luz se asocia a la sabiduría, y su calor al amor y la compasión. Si preguntáramos ¿qué es la mente de Buda?, es exactamente eso: sabiduría y compasión. Y, como las enseñanzas afirman que todos tenemos la naturaleza búdica, todos somos budas en potencia. Cuando purificamos nuestra mente, se convierte en sabiduría y cuando purificamos nuestro corazón, éste se convierte en amor y compasión. Si purificáis vuestros pensamientos, esta inteligencia pura, que deja de estar oscurecida por la ignorancia, es la sabiduría. Cuando las emociones han sido purificadas, surgen en forma de compasión.

Por lo tanto, a través de esta práctica podemos llegar a la pureza profunda de la naturaleza de la mente, esta gran paz de la que Buda habló en el momento de su iluminación, hace aproximadamente dos mil quinientos años, bajo el árbol de Bodi, en el lugar que se conoce hoy en día como Bodgaya. Sus primeras palabras fueron:

“Paz profunda, simplicidad natural, luminosidad no compuesta...”

Con estas palabras, solía decir Dilgo Khyentse Rimpoché, Buda proclamó la esencia de su iluminación, que es el estado de Dzogpachempo, la Gran Perfección. Esta profunda paz es a lo que intentamos llegar a través de la práctica. De hecho, “domesticar la mente” se logra por completo al reconocer esta paz. Fíjate cómo, cuando nos sentimos conmovidos o inspirados por el amor, nos sentimos totalmente desarmados. Del mismo modo, cuando reconocemos la naturaleza de la mente a través de esta práctica, nuestros pensamientos y emociones corrientes se desarman y se disuelven. Entonces un amor y una compasión tremendos irradian de nosotros mismos, al igual que el sol lo hace con todo su calor.

En cuanto entramos en contacto con la pureza de nuestra naturaleza intrínseca, nuestra naturaleza búdica, lo que se pone al descubierto es nuestra bondad fundamental, nuestro buen corazón. Sencillamente, exudamos bondad, compasión y amor. Y así, no sólo entramos en contacto con nosotros mismos, sino que lo hacemos enteramente con los demás. Sientes que realmente eres uno con los demás. Ya no hay barrera alguna que se interponga entre tú y los demás; ni tan siquiera la barrera que pueda haber entre tú y tu mismo. A menudo las barreras, al igual que los problemas, provienen de uno mismo, estamos en guerra con nosotros mismos.

Ahora, con esta práctica, a medida que la tenaza del ego se afloja y que nuestra tendencia a aferrar se evapora, los conflictos, sufrimientos y dolores propios de la fragmentación y de la lucha con nosotros mismos, se disuelven. Por primera vez, un perdón profundo y fundamental hacia nosotros mismos se hace factible. Al mismo tiempo, las esperanzas, miedos y angustias se evaporan, y con ellos todos esos sentimientos --como el estar bloqueado y cerrado en banda, el no estar en contacto ni con nuestros propios sentimientos--, que nos impiden ser felices.

Lo que puede aportarnos esta práctica es increíble. Cada vez que escucho esta enseñanza de Buda, transmitida por los grandes maestros, y siento su autenticidad resonando en mi propio corazón, por la poca práctica que conozco, siento su enorme bendición. Lo más extraordinario es que realmente podemos experimentar la verdad de esta enseñanza. No es algo que se base tan sólo en creencias o en la fe, sino algo que puedes saborear y comprender por ti mismo.
¿Qué ocurrirá cuando lo experimentes? Sentirás la enorme compasión y el amor de los budas y una irresistible gratitud hacia ellos. Y lo que desearás por encima de todo, será compartirlo y ayudar a todos los seres a liberarse del sufrimiento y a adquirir la felicidad última, esta gran paz natural, la paz de Buda. Así que cada vez que experimentes esta clase de paz –aunque sólo sea un poco-- en tu meditación, reza desde lo más profundo de tu corazón, como en la práctica de la bodichita, en los preliminares del Dzogchen Longchen Ñingtik:

“Hipnotizados por la inmensa variedad de percepciones que son como el reflejo ilusorio de la luna en el agua,

Los seres vagan sin cesar perdidos en el círculo vicioso del samsara.

Para que puedan encontrar consuelo y bienestar en la luminosidad y el espacio que todo lo abarca de la verdadera naturaleza de sus mentes,

Engendro el amor, la compasión, la alegría y la ecuanimidad inconmensurables de la mente iluminada, la esencia de la bodichita.”

Tu deseo es que todos los seres encuentren paz y felicidad, en la verdadera naturaleza de su mente. Tengo la impresión de que en este siglo XXI, lo que mucha gente está buscando es la verdad que reside en ellos mismos. Todo el mundo parece preguntarse: “¿Quién soy?” y aspira fervientemente a comprender la autenticidad de su propio ser, más allá del yo egótico.

Mediante esta práctica, puedes llegar a experimentar tu verdadera naturaleza y, cuando la experimentes, tu mayor deseo será que los demás hallen también esta clase de comprensión al saber que, además de mostrarnos quienes somos realmente, esta comprensión nos libera de nosotros mismos.

Me parece importantísimo que contemos con una práctica como ésta. Todos deseamos paz. Todos ansiamos sentirnos bien, ser un buen ser humano, tener un corazón cálido y ser buenos, pero a menudo no sabemos cómo. Hay demasiadas cosas poblando nuestra mente y nuestro corazón parece estar siempre bloqueado.

No somos libres, y en medio de toda esta confusión, sufrimiento y dolor, perdemos fácilmente las esperanzas y nos sumimos en la desesperación. Sin embargo, el hecho de oír la sabiduría y la compasión presentes en esta enseñanza y saber que empiezan a abrir el ojo de nuestra sabiduría y nuestro corazón y nuestra mente a nuestra verdadera naturaleza y a la verdadera naturaleza de todo, puede llenarnos de alegría, de inspiración y de esperanza.

Mediante la práctica, puede ser que experimentemos un poco de esta paz mental, pero no podemos permanecer indefinidamente en este estado. Volvemos a caer en nuestra forma cotidiana de funcionar y nuestros esquemas mentales, que estaban esperando poder reaparecer. Es ahora cuando debemos estar más atentos que nunca y recordar constantemente que esta mente es como un cristal claro y puro.

Al igual que un cristal adquiere el color de cualquier superficie donde se ponga, la mente se transforma exactamente en lo que permitimos que la ocupe en cada momento. La mente en sí misma está más allá de elección, más allá de la dualidad entre bueno y malo. Como dijo Buda: “con nuestros pensamientos creamos el mundo” y somos los creadores de este mundo que disfrutamos o sufrimos, un mundo de fenómenos kármicos modelado por nuestros pensamientos y actos.

No obstante, una vez que hayas probado un poco de esta paz y adquirido esta visión, tendrás ganas de hacerte la promesa de no volver atrás nunca más. En la práctica budista de la confesión, que consiste en reconocer y purificar la negatividad y los errores, se habla de “cuatro poderes”: el poder de la presencia, que hace alusión a la presencia de los Budas; el poder del arrepentimiento, que consiste en el sentimiento de arrepentimiento con respecto a los errores que hayamos cometido; el poder de la resolución que consiste en decidir no volver a hacerlo nunca más; y el poder del método, que es la práctica –sea la que sea– que efectuamos para purificar el daño hecho.



De hecho en la práctica dzogchen confesamos el daño en la Darmadatu, el espacio que todo lo abarca de la naturaleza de la mente. Purificamos todos nuestros pensamientos negativos en la pureza de nuestra naturaleza inherente, y toda su oscuridad es purificada por esta luz. Al confesar, tomamos la firme resolución de no volver a caer en la oscuridad de lo negativo y de mantener nuestro corazón y nuestra mente puros. Porque ahora entendemos más que nunca que “somos lo que pensamos. Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos. Con nuestros pensamientos creamos el mundo. Habla o actúa con una mente impura y los problemas serán el resultado... Habla o actúa con una mente pura y la felicidad será el resultado...”

En todo caso, cuando mediante la meditación alcanzas el estado de bondad de la naturaleza de la mente, lo que quiera que digas será bondad, lo que quiera que veas será bondad, lo que quiera que toques será bondad, porque tú serás bondad. Serás naturalmente puro y ello no puede más que manifestarse a través de todo lo que hagas, pienses o digas.

Cuando pienso en Jamyang Khyentse Chöki Lodrö, Dudjom Rimpoché, Dilgo Khyentse Rimpoché y todos los grandes maestros, me pregunto cómo podían ser constantemente como son. ¿Cómo es posible que hagan lo que hagan suponga un beneficio para los seres? La respuesta es: porque se encuentran permanentemente en el estado de bondad. Por eso nos inspiran y nos llenan de esperanza.

Cuando la gente corriente como nosotros ve a Su Santidad el Dalai Lama, se despierta en nosotros la esperanza en la humanidad, y ver que existe semejante ser humano, aporta la comprensión de que nosotros también podemos convertirnos en un buen ser humano como él.

Los grandes practicantes, mujeres o hombres, encarnan este mismo tipo de bondad y hagan lo que hagan resulta benéfico, porque siempre están en este estado, gracias a la disciplina que consiste en mantener la pureza de la mente. No se pervierten bajo ningún concepto, permanecen siempre puros y actúan motivados por esta bondad en la que permanecen sólidamente anclados.

Lo cierto es que a veces nos sentimos en contacto con nosotros mismos, con los demás, con el universo, y tenemos verdaderamente la oportunidad de experimentar una profunda paz interior. Cualquiera que haya tenido la suerte de vivir un poco esta paz interior, debería de tomar la firme resolución de mantenerla, no sólo por su propio bien, sino por el del mundo. Cuando te encuentras en este estado, lo extraordinario es que, aunque no hagas gran cosa, tu ser por sí mismo puede beneficiar a los demás, sin siquiera pretenderlo, en tanto que mantengas esta bondad y pureza en tu mente y tu corazón, en tu motivación y en tu existencia. Y si queremos infundir una fuerza especial a nuestros actos, podemos invocar la bendición de todos los budas y maestros. Se dice que una de las cualidades de los budas es que en cuanto los invocamos, están ahí. A lo mejor piensas: “¿Cómo puede alguien como yo merecer que los budas le dediquen un poco de su tiempo?”. El mismísimo Buda dijo: “Quienquiera que piense en mí, me tiene enfrente.” Y Guru Padmasambhava prometió: “Nunca estoy lejos de los que sienten devoción por mí, pero tampoco estoy lejos de los que no la sienten”. Tal es la compasión de los budas.

Buenos o malos en apariencia, todos podemos recibir sus bendiciones. Seamos lo que seamos, sólo es temporal; todas nuestras ilusiones pueden purificarse porque nuestra naturaleza fundamental es buena. Puede que las nubes oscurezcan el cielo, pero basta con ir más allá de ellas para darnos cuenta de que hay un cielo infinito que nunca ha sido tocado por esas nubes. El ejemplo que se usa habitualmente en el dzogchen es el del espejo: nuestra verdadera naturaleza es como un espejo, refleja todo tipo de cosas, pero lo bonito es que lo reflejado jamás podrá ensuciar el espejo. Así que, sea cual sea nuestra apariencia, nuestra verdadera naturaleza es pura e impoluta. Cuando se dice que todos tenemos la naturaleza de Buda, de hecho es cierto. Se dice que ni tan siquiera los budas pueden mejorar la naturaleza de Buda; y que nosotros, los seres humanos, con toda nuestra confusión y negatividad, no podemos empeorarla. Esto significa que es intocable, inmutable, no creada. Es en verdad nuestra auténtica naturaleza, algo que nunca puede ser manchado o menguado. Es una bondad inalterable.

http://www.budismotibetano.net/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=273&Itemid=52

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Un altar para la Iluminación
Lama Guendun Rinpoche


A veces podemos asombrarnos al ver montones de ofrendas de luces, flores, incienso, agua, y comida en los templos budistas, o sorprendernos del dinero que se entrega para construir stupas y similares. Nuestra primera reacción puede ser preguntarnos: “¿De qué le sirve todo esto al Buda? ¿Qué hay detrás de todo esto?” 

Hemos de ver que son sólo maneras de contrarrestar nuestra tendencia habitual a desviarlo todo en nuestro propio beneficio. Hasta ahora, nuestra única preocupación ha sido satisfacer nuestro ego, protegerlo, y con este fin hemos tratado siempre de acaparar todo aquello que consideramos agradable, placentero o una fuente de felicidad. Esto es lo que nos ha conducido a este estado de sufrimiento e ignorancia en el que nos encontramos. Y lo mismo es aplicable a todos los seres vivientes. 

Hemos de librarnos de esa tendencia y la manera mejor de hacerlo es desarrollar una tendencia en la dirección opuesta, una que nos haga inclinarnos hacia la generosidad, el altruismo y el compartir, en oposición a la codicia, el apego y la posesividad. Por esto utilizamos al Buda como soporte, para que nos ayude en nuestros actos de generosidad. Por esto levantamos altares, construimos stupas y otros apoyos que actúan como un punto focal para nuestra transformación interna. 

Este acto de generosidad —para transformar nuestras tendencias basadas en el ego y sobre todo, la codicia y posesividad— va acompañada de un acto de confianza. Hacemos la ofrenda porque reconocemos la grandeza, la superioridad de Iluminación. Cada ofrenda es al mismo tiempo un acto de apertura, de entrega, y de generosidad. Nos lleva en una dirección que nos liberará de nuestro apego egoico y con seguridad nos conducirá a la Iluminación. 
De modo que el hacer ofrendas es una práctica muy importante, tanto si se realiza de forma muy simple como de una manera más elaborada. El elemento más importante es la intención o motivación subyacente que acompaña al propio acto. 

La ofrenda no es simplemente una acción; también es un estilo de vida, una actitud de totalidad, al igual que la codicia o el apego al ego. Cuando el apego al ego es el centro de nuestro comportamiento, esta tendencia habitual en nuestra mente inspirará todas nuestras acciones. Cuando somos egoístas y codiciosos, todas nuestras acciones se dirigen hacia nosotros. Para que la generosidad se convierta en nuestro estilo de vida, se ha integrar —en todos los aspectos— en nuestras actividades diarias. Todas nuestras acciones tienen que ser reconsideradas desde el punto de vista de la generosidad, no sólo cuando nos encontramos ante nuestro santuario. 

Cuando la generosidad material se apoya en una ofrenda mental, se vuelve ilimitada. También podemos ofrecer a la Iluminación cualquier cosa que otros posean, de modo que en lugar de ver sólo las cosas desde nuestro punto de vista sintiéndonos celosos de lo que tienen los demás, podemos cultivar la generosidad y ofrecerla a la Iluminación. También podemos ofrecer a la Iluminación las cosas que no pertenecen a nadie en particular: el sol, la luna y la naturaleza. De esta manera, lo que es una fuente de apego se convierte en una ofrenda a la Iluminación. Nos encontramos en un universo de ofrendas en el que podemos evolucionar y transformar completamente nuestra actitud centrada en el ego, en una actitud totalmente dedicada a la Iluminación. 

En nuestro hogar hemos de tener un altar dedicado a la Iluminación, un punto de apoyo y referencia para nuestras ofrendas y deseos. Éste será el lugar especial dónde podemos acudir a desarrollar esta nueva tendencia hacia la generosidad. También será donde expresemos todos nuestros deseos que nos llevarán en la dirección de la Iluminación. Será el apoyo para nuestra acumulación de mérito. El altar puede ser muy simple: quizá una sola fotografía o estatua, con algunas ofrendas tradicionales delante. Hemos de empezar cada día con un acto de generosidad y acompañarlo con deseos como el de refugio o la oración de desarrollo de la bodichita. Esto nos colocará en el estado mental adecuado para progresar a lo largo del camino de la Iluminación.

Los cuencos de ofrendas

¿Cuál es el significado de los siete cuencos tradicionales y sus ofrendas? A través de las experiencias sensoriales de vista, olfato, etc... nos hemos apegado desde tiempos inmemoriales a muchas cosas y hemos acumulado muchas acciones negativas al perseguir esos apegos. Ahora que nos hemos dado cuenta de lo dependientes que somos y de lo poco hábiles que hemos sido por culpa de ello, decidimos actuar contra esto a través de ofrendas por las experiencias sensoriales. 
Para que esta clase de neutralización sea efectiva tenemos que hacer algo física y mentalmente. Por eso ofrecemos incienso, agua, lámparas de aceite, etc. Debemos ser conscientes de que nuestras acciones, desde siempre, motivadas por los apegos sensoriales han acumulado mucho karma negativo que ahora gobierna nuestras actitudes y acciones. Por esto debemos esforzarnos constantemente para invertir esta tendencia y por este motivo tenemos que realizar ofrendas de manera habitual. Si realmente hacemos la ofrenda con nuestra mente unificada por completo con lo que estamos haciendo físicamente, dicha ofrenda tendrá bastante poder para purificar esas tendencias negativas y aumentar las positivas al crear mérito. 

Sabemos que actuando de una cierta manera hemos creado karma negativo, y ahora actuando de manera diferente podemos aumentar el karma positivo hasta alcanzar el punto en el que lo previamente acumulado sea purificado por completo. Todo depende de la mente, de manera que es muy importante cambiar nuestra actitud y manera de pensar, pues todo el karma negativo se crea primero en la mente como consecuencia de las tendencias negativas que subyacen a nuestro comportamiento. Pero puesto que la mente está detrás de todo, cuando realmente decidimos cambiar la dirección de nuestra mente y desarrollarla en un sentido más positivo, podemos tener la seguridad de que todas nuestras expresiones corporales y verbales serán también positivas pues la mente es esencial en la creación de karma. 

No hemos de hacer ofrendas porque los Lama, o las Tres Joyas, o las Deidades de la Meditación tengan hambre o sed; no hay lugar para este tipo de pensamiento dualista. Cuando ofrecemos un torma, no hay ninguna intención calculada detrás: “Si ofrezco esta torma podré pedir a cambio esto o aquello, y mis deseos se cumplirán. Puedo establecer un pacto con las deidades, o con las Tres Joyas para obtener todo lo que quiero”. No funciona así. Todo es creado por la mente, de modo que cuando oramos para ver cumplidos nuestros deseos, para que alcancemos todo lo bueno y que todo lo malo sea eliminado, no estamos pidiendo a nadie que lo haga; es simplemente la mente. La deidad a la cual oramos o hacemos nuestras peticiones forma parte también de nuestra propia mente y no debemos pensar en ella como en algo diferente. 
Es mediante el poder de la mente que hacemos que las cosas sucedan de una determinada manera. Es la mente viéndoselas con la mente. Implica alguna clase de convicción: formulando deseos y orando, se desarrollará una mente positiva y, como resultado, sucederán cosas positivas al verse superada la mente negativa y con ella los resultados negativos.

Devoción y ofrenda

Lo más importante es la actitud que acompaña al gesto de ofrecer; eso es lo que provoca la acumulación de mérito y determina si éste se convierte en infinito e inconcebible, o no. Por lo tanto, cada acto de generosidad debe ir acompañado de una actitud que esté libre de interés en uno mismo y al mismo tiempo que sea infinita, lo cual implica que no estamos limitando esa ofrenda exclusivamente a la acción material. Esto es importante porque si nuestra mente limita la ofrenda, nuestra ofrenda será limitada. 

Ofrecer es algo que sucede en los tres niveles: corporal, verbal y mental. Realizando la ofrenda a estos tres niveles los purificamos todos. Las acciones corporales —sean movimientos físicos reales de generosidad, o los movimientos de una práctica ritual que incluya la generosidad— serán el soporte del desarrollo de nuestra actitud mental de generosidad. Mediante la palabra —en el caso de un ritual por ejemplo— expresamos nuestras intenciones, reconocemos las cualidades de la Iluminación y aspiramos a alcanzarla mediante el ofrecimiento de todas nuestras posesiones, de todo aquello que es objeto de nuestro apego. A través de la mente, desarrollamos confianza, devoción y convicción en las cualidades de la Iluminación. También utilizamos nuestra mente para multiplicar nuestras ofrendas materiales hasta el infinito. 

Nuestra ofrenda es, por consiguiente, completa; algo que sucede simultáneamente en los niveles de cuerpo, palabra y mente, y posibilita que tenga lugar una verdadera purificación en los tres niveles de nuestro ser. 

Una vez, alguien le ofreció una flor a Shakyamuni, con una mente unificada y llena de confianza y devoción, multiplicando mentalmente la ofrenda hasta el infinito. El Buda respondió diciendo que debido a que aquella persona en el momento de la ofrenda había reconocido las cualidades de la Iluminación, aspirando a alcanzarla, y había considerado el acto de ofrecer la flor como el símbolo de la renuncia a todos los apegos, la ofrenda había servido para sembrar la semilla de la Iluminación en su mente. 

Esto nos muestra lo importante que es prestar atención a la actitud correcta de la mente asegurándonos que acompaña todos nuestros actos de generosidad. Cuando hacemos las ofrendas, nuestra mente debe estar llena de confianza y devoción. Hemos de considerar que el Buda está realmente presente ante nosotros mientras realizamos la ofrenda, y es esta devoción la que convierte nuestra acción en una que acumulará mucho mérito. Si nuestra mente está llena de confianza y devoción mientras —confiados y entregándonos— se lo ofrecemos todo —materialmente y en nuestra imaginación— a la Iluminación, en ese mismo instante todo apego e ignorancia desaparecen y la acumulación de mérito es inestimable. Sin esta actitud mental podemos ser exteriormente generosos y realizar grandes ofrendas materiales, pero simplemente seremos como niños jugando a ser tenderos o conduciendo automóviles de juguete por los castillos de arena que hemos construido, creyendo que todo ello es real. 

Hemos de comprender que aunque las ofrendas son a los Iluminados, eso no quiere decir que les vaya a ayudar, sino más bien a nosotros. No debemos pensar que puesto que el Buda no tiene donde vivir, tenemos que construirle un altar en casa de manera que pueda dormir en alguna parte, ni que tengamos que ofrecerle arroz y agua en pequeños cuencos o bizcochos en platitos para calmarle el hambre o la sed. ¡Vaya tontería! 

Hemos de darnos cuenta de que dedicarle un altar y hacerle ofrendas con regularidad nos sirve, por una parte, para hacernos recordar la Iluminación y sus cualidades y desarrollar en nosotros confianza y devoción hacia él; y por otra, nos ayuda a liberarnos de nuestra ávida codicia —la tendencia de tratar de obtener siempre lo mejor para nosotros—. De forma generosa y devota ofrecemos lo mejor y nos libramos de este egocentrismo que intenta acapararlo todo para uno mismo. 

Si la ofrenda se realiza en un marco mental en el que reina la devoción, la confianza y el respeto, al mismo tiempo que la comprensión de que ésta es la manera de librarnos de nuestras arraigadas tendencias de codicia y posesividad, entonces es eficaz. Acumulamos mérito y las tendencias desaparecen. Si no lo hacemos así, levantar un altar y llenar los cuencos cada mañana son nada más que las acciones de un niño jugando a celebrar fiestas.



CORAZÓN DEL MAHAMUDRA
(CANTO COMPLETO POR EL 16. KARMAPA)


Manifestación y sonido
surgen de las sutiles pantalla mentales creadas por los pensamientos.
Como un dibujo en el agua desaparece por sí solo.
Las apariencias falsas se desvanecen automáticamente
cuando se comprende su falta de realidad.

Más allá de la realidad esencial, no hay nada.
Esto es la visión del Mahamudra

Cuando la puerta de la mente por la que se manifiestan las apariencias
permanece sin obstrucción, no falseada por los conceptos,
entonces no hay más realidad sólida -claridad viva-
y dejamos exactamente todo lo que aparece llegar de modo natural.
Las apariencias ilusorias nacen de la creencia en una realidad.

Apoyándose en una continua comprensión de su irrealidad
permanecemos distendidos en la espontánea naturaleza original.
Entonces penetramos sin esfuerzo el espacio donde no hay nada que lograr.
Esto es la puesta en práctica del Mahamudra.
Estos tres puntos son el tesoro de mi corazón.
Puesto que los Yoguis que van al corazón de todas las cosas
son como mi propio corazón,
He pronunciado para ellos estas palabras del corazón
que no sabrían comunicarse a otros


http://www.chenrezy.net/castellano/ensenanzas/16karmapa/mahamudra.html


viernes, 14 de noviembre de 2008

La finalidad del Samsara es el sufrimiento, 
la finalidad del Darma es la felicidad

Tsenzhab Serkong Rimpoché I 
Longueuil, Quebec, Canada, 19 de agosto de 1980 
traducido por: Alexander Berzin

Todos los seres desean la felicidad, nadie quiere ser infeliz. El Darma enseña los métodos para deshacerse del sufrimiento y alcanzar la felicidad. El Darma que practicamos es, literalmente, algo que nos sostiene. Esto puede explicarse de varias maneras: nos aleja del sufrimiento y nos proporciona verdaderas herramientas para la felicidad.

La felicidad puede ser física o mental. También existen dos tipos de sufrimiento: físico y mental. Aunque muchos de nosotros deseamos alcanzar la felicidad, ignoramos los métodos que nos pueden llevar a conseguirla. Los métodos que nosotros utilizamos, nos llevan al sufrimiento.

Algunas personas matan y roban para vivir. Ellos piensan que esto les proporcionará felicidad. No, no es así. Algunos otros tratan de alcanzar la felicidad siendo comerciantes, granjeros, etc. y lo hacen dentro de los límites legales. Mucha gente se enriquece y se hace famosa utilizando estos métodos. Este tipo de felicidad no es algo que pueda durar para siempre; no es la felicidad ulterior. No importa cuánta felicidad o bienes materiales tengamos, nunca estamos completamente satisfechos. Aunque poseyéramos una nación entera, siempre querríamos más.

El trabajo que hacemos para alcanzar la felicidad nunca termina. Siempre estamos intentando llegar por los caminos más rápidos, coches y otras cosas. Pero éste tipo de búsqueda nunca termina. Por eso se dice que la existencia samsárica no tiene final, solamente da vueltas y vueltas. Esto es algo que podemos entender: la búsqueda mundana nunca termina.

Una flor es fresca cuando es nueva, muere cuando envejece. No importa cuánto logres en esta vida, algún día se acabará. Se acaba mientras el tiempo va pasando y pasando hasta llegar al final de nuestras vidas, que es cuando experimentamos el mayor sufrimiento. Por ejemplo, un automóvil. Hemos pasado por lotes donde los coches han sido tirados. Ese es el final, un estado en el todo se ha convertido en basura. Aún cuando el coche está en buenas condiciones, nos preocupamos por él. Nos preocupa que se dañe, nos preocupa el pago de los impuestos y el seguro, etc., etc. Este ejemplo lo podemos aplicar a todos nuestros bienes materiales. Mientras más tenemos, más nos preocupamos por ellos.

El Darma es aquello que nos enseña el método para proporcionarnos felicidad mental. Para alcanzar algún tipo de felicidad mental, no realizamos un trabajo físico: necesitamos trabajar con nuestra mente. Sin embargo, la mente posee un largo flujo de continuidad, aún hacia vidas futuras y desde vidas pasadas. En cada vida poseemos un cuerpo y tratamos de conseguir felicidad para ese cuerpo; pero a la hora de la muerte, la mente continúa. Así que la felicidad que necesitamos desear no es solamente aquella maravillosa y estable; sino una que permanezca durante nuestras vidas futuras y que no corte su continuidad.

Darma no es cualquier tipo de actividad que realicemos, constructiva o no. La realización de acciones positivas en beneficio de nuestra vida futura, eso es el Darma.

La felicidad o la infelicidad se derivan de nuestras acciones. Considerando éstas acciones kármicas, las acciones negativas dan resultados negativos y las acciones positivas dan resultados positivos. Cualquier cosa que podamos realizar bien en esta vida, plantar un campo o algo similar, es consecuencia de acciones positivas que realizamos en vidas anteriores. Si estamos muy enfermos, o somos infelices, o tenemos una corta vida, todo esto es resultado de acciones negativas que realizamos en el pasado.

Por ejemplo, existen dos comerciantes: uno es exitoso y el otro no. Esto es resultado del karma anterior. Puedes ver a dos hombres de negocios; uno trabaja muchísimo y no es exitoso, mientras que el otro no tiene que trabajar tanto y sin embargo es exitoso. Otro ejemplo: si matas seres vivos, tendrás una vida corta y te enfermarás. Pueden preguntarle a su Geshe-la acerca de todo esto.

Si te abstienes de realizar actos negativos, no renacerás en un reino inferior, sino como humano o en un reino superior. Pero, aún si renaces como humano o como un dios, esto no te da la completa felicidad, todo es parte de la naturaleza del sufrimiento. ¿Por qué es así? Si logras una posición alta, caes a una baja; si estás en una posición inferior, subes a una más alta. Esto trae un gran sufrimiento. Por ejemplo, si tienes hambre, comes; pero si comes mucho, te enfermas. Si tienes frío, prendes la calefacción y te acaloras demasiado; entonces tienes que refrescarte. Existen todo tipo de sufrimientos como éstos.

El Samsara, (la existencia incontrolablemente recurrente), consiste en estos tipos de sufrimiento. Es el resultado del karma y de diferentes emociones y actitudes perturbadas. Debemos desarrollar la sabiduría (conciencia discriminativa) del vacío o de la no identidad inherente.

Los dieciséis arhats y muchos otros aryas, son ejemplos de aquellos que han logrado poner fin a su samsara. Aunque podemos poner fin a nuestra propia existencia samsárica, no basta con esto, porque nadie ha sido más amable con nosotros que todos los seres limitados (seres sintientes). Los productos lácteos provienen de la amabilidad de los animales. Si disfrutamos la carne, ésta viene de animales que han sido sacrificados estando sanos. En el invierno, usamos abrigos de piel y de lana proveniente de otros animales. Ellos son muy amables al proporcionarnos todo esto. Necesitamos retribuir esa amabilidad de los seres vivientes procurando lograr el estado de la budeidad nosotros mismos, entonces podremos facilitar el logro de las metas de todos los seres limitados.

Los sravakas y los arhats no pueden satisfacer todos los propósitos de los seres limitados. El único que puede hacer esto es un buda, así que esto es lo que debemos hacer para verdaderamente poder ayudarlos. Necesitamos convertirnos en budas nosotros mismos.

¿Cómo? Siguiendo las enseñanzas del Darma. En India, existían los mahasiddhas de grandes logros; contamos con la historia de las vidas de ochenta de ellos, pero en realidad existen un sinnúmero de aquellos que alcanzaron la iluminación durante su propia vida. En el Tibet tenemos el ejemplo de Milarepa y de otros grandes maestros de las escuelas kagyu, nyingma, sakya y gelug

Una vez alcanzado el estado de un buda, nuestros esfuerzos en el Darma terminan. El trabajo en el Darma es muy difícil en un principio, pero se va facilitando cada vez más; y en la medida en que progresamos, vamos siendo cada vez más y más felices. Terminamos nuestro trabajo con el Darma en un estado de completa felicidad. El trabajo mundano sólo nos trae más sufrimiento.

Por ejemplo, cuando las personas mueren, su vida llegando a su culminación o al final causa sólo tristeza y gran sufrimiento, no sólo para ellos, sino también para aquellos que dejan, por ejemplo, en sus funerales. Necesitamos pensar en esto y realizar algún tipo de trabajo con el Darma. Alcanzar la culminación o final del Darma habiendo obtenido la iluminación, solamente nos puede brindar felicidad, no únicamente a nosotros, sino también a los demás.

Necesitamos abstenernos de cometer las diez acciones negativas. Si realizamos acciones positivas, experimentamos felicidad, y si realizamos acciones negativas, experimentamos infelicidad. Necesitamos examinar los resultados de nuestras acciones, así como examinar a nuestra propia mente como la causa de nuestras acciones. Cuando examinamos lo que hacemos, nos damos cuenta de que poseemos las tres actitudes y emociones venenosas: el apego, la aversión y la ignorancia.

Como resultado del apego, la aversión y la ignorancia tenemos 84000 clases de emociones y actitudes perturbadas. Estos 84000 engaños son nuestros principales enemigos, así que, a éstos los buscamos mirando hacia dentro, no alrededor de nosotros. De éstos 84000, lo principales son las tres actitudes venenosas y la peor, es la ignorancia que habita ahí en nuestro propio flujo mental.

En resumen, necesitamos mirar dentro de nosotros y tratar de terminar con estos enemigos internos. Es por eso que los seguidores del buda darma son llamados “introspectivos” (nang-pa), porque siempre están mirando hacia dentro. Si ponemos fin a las emociones y actitudes perturbadas en nuestro flujo mental, entonces le ponemos fin a todo nuestro sufrimiento. Una persona que trabaja para lograr esto es conocida como seguidora del Darma.

Una persona que trabaja con el Darma para eliminar las emociones y actitudes perturbadas dentro de sí misma, realiza una actividad del Darma conocida como el vehículo hinayana. Si trabajamos en eliminar nuestros engaños no sólo para deshacernos de nuestro sufrimiento, sino que vemos a los demás como más importantes y trabajamos en eliminar nuestros engaños para ayudarlos a eliminar también sus emociones y actitudes perturbadas, entonces seremos practicantes mahayana. Sobre la base de este cuerpo físico, necesitamos tratar de convertirnos en mahayanistas, y el resultado será poder alcanzar el estado iluminado de un buda.

El punto principal es siempre tratar de beneficiar a todos y nunca causar daño de ningún tipo a nadie. Si recitamos “Om mani padme hum”, necesitamos pensar: “Que la fuerza positiva de realizar esto, beneficie a todos los seres limitados”.

Es difícil obtener los cuerpos que poseemos como base para nuestro trabajo, nacer como humano, no es algo fácil de lograr. Por ejemplo, observen el globo terráqueo; la mayor parte la ocupan los océanos, y piensen, cuántos peces hay en éstos océanos. La forma de vida más numerosa es la de animales e insectos. Si nosotros pensamos en todo el planeta y en el número de insectos y animales que hay, nos daremos cuenta de cuán raro, poco común es nacer como humanos.

En el Darma, las realizaciones y los destellos de entendimiento profundo se van dando lentamente, no ocurren en tan sólo unos días, semanas o meses. Incluso sólo unos cuantos seres humanos piensan en el darma, ya no digamos que lo realizan. Necesitamos realizar un trabajo constante durante largo tiempo. Ustedes cuentan aquí con un Geshe bien calificado que puede contestar todas sus preguntas. Con el tiempo, el buda darma continuará creciendo y se expandirá. Es algo que está vivo y sigue creciendo. Cuando el Buda enseñó por primera vez, solamente tenía cinco discípulos. A través de éstos se extendieron sus enseñanzas y hoy día sigue presente de forma muy importante.

Hoy día contamos con alguien igual a Shakyamuni, Su Santidad el Dalai Lama, quien estará aquí en octubre. Cualquier enseñanza que Su Santidad les transmita, tómenla con el corazón y practíquenla con sinceridad. La esencia de las enseñanzas es nunca dañar a criatura alguna y no tener pensamientos dañinos, tratando sólo de beneficiarlos. Este es el punto principal. Si ustedes actúan así, recibirán grandes beneficios en el futuro.

http://www.berzinarchives.com/web/es/archives/sutra/level1_getting_started/general_introductory_material/endpoint_samsara_suffering_dharma_happiness.html

sábado, 8 de noviembre de 2008

Mantén Tu Práctica Aterrizada

 Por Gehlek Rinpoche*


Continuamente señalo que nuestro trabajo principal es liberarnos a nosotros mismos de la miseria de neurosis como la ira, el odio y la envidia. Cuando nos damos cuenta de lo difícil que es esto, y cuánto sufrimos a causa de ello, entonces es importante que cambiemos el foco de nuestra atención, pasando de nosotros mismos únicamente a darnos cuenta que todos los demás tienen este problema.

 

Las personas con las que vivimos, nuestros padres, nuestros compañeros de trabajo, y todas las demás personas que nos conocemos y encontramos, tienen las mismas dificultades. Es de vital importancia reconocer esta situación, ya que la forma de librarnos de nuestra propia miseria es preocupándonos y cuidando de otros. En vez de preguntarnos “¿Cómo puedo hacer algo por mí?”, piensa en los demás y en lo que puedes hacer por ellos. Este es el camino del bodhisattva. No te pierdas en ti mismo bajo la pretensión de meditar y recitar mantras. Por fuera, podrás verte como un gran practicante espiritual, pero, en realidad, esto puede ser otro capullo o caparazón en la cual escondernos mientras seguimos diciéndonos “¿Cómo me puedo desarrollar?” o “¿Qué puedo hacer por mí?”. En vez de esto, en el momento en que tengas dificultades y desees liberarte de ellas, piensa en todos los demás que tienen estas dificultades y también desean liberarse. Teniendo esto en mente, trata de ser útil, trata de ser de ayuda a los demás.

 

En lugar de hacer las cosas más complicadas y más confusas al agregar nuestras propias neurosis, que son nuestro patrón habitual de conducta, trata de mantener lo que sea que tengas de compasión, sabiduría, bondad y preocupación por los demás y trata de ayudarlos. Comienza con las personas más cercanas a ti.  Todos estamos en el mismo bote. Piensa “Así como yo tengo esta dificultad, ellos también la tienen”. Empieza con una persona a la vez, en vez de hacerlo enseguida con todos los seres sintientes. Sin duda, pensar en todos los seres sintientes es de gran beneficio. Pero es un tiro largo resolver los problemas de todas las personas. Por otra parte, cuando estamos sentados en nuestro cojín pensando en todos los seres sintientes es fácil imaginar puntos sin rostros y sin nombres que hacen lo que queramos que hagan, en lugar de personas reales que a veces nos pueden llegar a molestar e irritar enormemente. De manera, que haz todo lo que puedas hacer por aquellos que están justo frente a tus narices, trata de ayudarlos. Esta es la forma de mantener nuestra práctica aterrizada. Incluso si sólo se trata de un pequeño problema, te sentirás muy feliz si eres capaz de ayudar. Esta es la forma de construir felicidad de un bodhisattva – a través del servicio y la ayuda a otros.

 

Aliviar a alguien de cualquier problema, incluso un simple dolor de cabeza, con la motivación de la compasión, produce un enorme beneficio. No porque ocurra que somos un médico que ha recetado la medicina adecuada y así se ha librado de su dolor de cabeza. Prescribir la medicina adecuada para una enfermedad particular no es lo que nos trae este gran beneficio. El beneficio proviene de la motivación de aliviar el sufrimiento que otros están experimentando, el cual reconocemos que no es diferente de nuestro propio sufrimiento. También se vuelve muy importante el hecho que el deseo sincero de ayudar no esté contaminado por una “agenda personal”. En el momento en que pensamos “Yo seré el instrumento para aliviar el sufrimiento de esta persona” o “Yo recibiré reconocimiento por hacer esto”, estamos actuando de acuerdo a una “agenda personal”. Si actuamos con una “agenda personal”, aunque tengamos deseos de ayudar, nuestra ayuda se volverá imperfecta y contaminada. Generalmente tenemos una mezcla de ambas actitudes, por lo que tenemos que reconocer esto y trabajar para poder ser capaces de ayudar sin tener una “agenda personal”.

 

Las vidas de las personas, actualmente, se vuelven cada vez más y más ocupadas. No hay tiempo para escondernos en nuestros capullos o caparazones. Hay cuentas que pagar y la mayoría de las personas están bajo una gran cantidad de estrés con el sólo fin de sobrevivir. Tenemos que hacer uso de lo que está frente a nosotros, de lo que está a la mano. Tenemos que hacer que las enseñanzas sean prácticas, aterrizadas y relevantes para la vida que llevamos. Aunque no tengamos la “mente de la iluminación” [bodhimind] o actitud altruista, y a pesar que lo que tengamos sea artificial, continúa haciendo plegarias para que puedas desarrollar una “mente de la iluminación” real, verdadera. El sólo hecho de hacer plegarias y desear desarrollar esta “mente de la iluminación” es increíblemente poderoso. Nunca desestimes ni menosprecies la diferencia que puede hacer tu aspiración. Una actitud mental así influirá en todo lo que hagas en una dirección positiva. Lavar, planchar la ropa, comprar alimentos, hacer fila, conducir por las calles. Cada una de estas actividades se volverá valiosa debido a tu motivación. Poco a poco construirás una base sólida para ayudarte a ti mismo a los demás.

 

Editado por Aura Glaser, Febrero 2004

 

http://www.jewelheart.org/general_pages/e-jewel/feb04/feb04_e_jewel.htm

* Nacido en Lhasa, Tíbet, en 1939, Kyabje Gelek Rimpoche fue reconocido como un lama encarnado a la edad de cuatro. Recibió enseñanzas desde una edad temprana por algunos de los maestros vivos más grandes de Tibet; Rimpoche obtuvo renombre por su poderosa memoria, juicio intelectual y profunda perspicacia.

Junto a la última generación de lamas educados en el Monasterio de Drepung antes de la invasión china a Tíbet, Gelek Rimpoche fue forzado a huir a la India en 1959. Más tarde, editó y publicó 170 volúmenes de raros manuscritos tibetanos que de otra modo se hubieran perdidos para la humanidad. Rimpoche fue también activo en la formación de las organizaciones que compartirían la gran sabiduría de Tíbet con el mundo exterior. En esto y de otras maneras, ha desempeñado un papel crucial en la supervivencia del Buddhismo tibetano.

La colección de sus obras incluyen más de 32 transcripciones de sus enseñanzas, numerosos artículos así como los bestseller nacionales Good Life, Good Death (La buena vida, la buena muerte) (Riverhead Books 2001) y Tara Box: Rituals for Protection and Healing from the Female Budha (El cofre de Tara: Rituales para la protección y sanación del Buddha femenino) (New World Library 2004). Rimpoche es ciudadano estadounidense y vive en Michigan, USA.

jueves, 6 de noviembre de 2008

 

LAS 37 PRACTICAS DEL LOS BODHISATTVAS

Las 37 Practicas de los Boddhisattvas escritas por el Bodhisattva Gyalse Thogme Zangpo, es un resumen de las enseñanzas de los sutras del Mahayana, en particular de la Obra de Shantideva, Introduccion a la Conducta de los Boddhisattvas, o Boddhisattva Charya Avatara. En forma de versos, expone la esencia de la cultivacion de la Boddhicitta que es la esencia de la mente iluminada de todos los budas, y es basicamente sabiduria y compasion inseparables surgiendo de manera unificada en la mente. La boddhicitta tiene un aspecto relativo o de acuerdo a la comprension de los seres comunes, y un aspecto relativo que tiene que ver con la realizacion de la naturaleza ultima de la realidad tanto de la propia mente como de los fenomenos. La Boddhicitta, es la base, ya que es inseparable de la naturaleza budica o naturaleza de la mente de todos los seres, es el camino, es decir, es la practica de meditacion en si, sea como se entienda tanto en el sutra, como el Madhyamaka, Mahamudra o Dzogchen, y es el Fruto ya que es la realizacion o lo que caracteriza al estado de iluminacion.

 Las 37 practicas de los Boddhisattvas contienen todos estos elementos y su contemplacion profunda resume los caminos del sutra como los del tantra, y constituyen tambien en si mismas, Loyong o entrenamiento de la mente. La version aqui ofrecida esperamos pueda traer gran beneficio para los que las estudien, las practiquen y mas tarde la enseñen a otros.

 Esta version, incluye al comienzo, unos versos de Alabanza al Boddhisatva Chenrezig, compuesta por uno de los Garchen Rinpoche anteriores. Al final unos versos de consejo del actual Garchen Rinpoche.

Sarva Mangalam

Lotsawa Urgyen Lekshe Dayang 

 

Mensaje a mis compañeros del Dharma  

Como todos ustedes han sido mis padres,

los amo. A aquellos que me aman,

me gustaría darles algo que es

como mi propio corazón,

que es que hay dos tipos de Bodhicitta,

que son también como el corazón de los Budas

de los tres tiempos.

Debido a que este libro, explica los dos

tipos de Bodhicitta, les pido que por favor lo

lean una vez al día con continuidad

ininterrumpida.

 

Gar Könchog Gyaltsen      “Invocación, alabanza y dedicación de Chenrezig”  

Protector de todos los seres.

Ser divino que sometes los ejércitos de los

malvados demonios.

Victorioso que conoces todas

las cosas tal como son.

Por favor ven junto a tu asamblea a este lugar.

 

Tus mil brazos y ojos,

son los mil Budas de este afortunado

kalpa que hacen girar la rueda.

Rindo homenaje al Noble Chenrezig,

quien muestra aquello que es necesario

para domesticar a cada ser.

 

OM MANI PADME HUNG HRI  

Por esta virtud, pueda yo realizar

rápidamente a Chenrezig

Y que todos los seres sintientes sin excepción,

logren el glorioso estado de Chenrezig.

   

Las Treinta y Siete Prácticas de los Bodhisattvas 

por Gyalse Thogme Zangpo

¡Namo Lokesvaraya!

¡Rindo Homenaje a Lokesvara!

  En todo momento me postro respetuosamente con mis tres puertas, al Gurú supremo y al Protector Chenrezig quién aunque ha realizado que todos los fenómenos ni vienen ni van,trabaja solamente para el beneficio de los seres transitorios.   Los Budas perfectos, fuente de beneficio y felicidad, surgen del Dharma sublime, y como ese (logro) depende de las prácticas (del dharma), voy a explicar las prácticas de los bodhisattvas:  

1 En este momento cuando este navío difícil de obtener de libertades y fortunas ha sido obtenido, escuchar, reflexionar y meditar día y noche, sin detenerse, con el propósito de liberar a los demás y a uno mismo del océano de la existencia cíclica, es la práctica de los bodhisattvas.

2 [La mente de] apego a los seres amados se agita como el agua. [La mente de] odio hacia los enemigos quema como el fuego. [La mente de] ignorancia que olvida lo que se debe adoptar y lo que se debe descartar está grandemente obscurecida. Abandonar la propia tierra natal es la práctica de los bodhisattvas.

3 Cuando se abandonan los lugares dañinos, las emociones perturbadoras disminuyen gradualmente. Al estar sin distracciones, las actividades virtuosas aumentan de manera natural. Al estar con la mente lúcida, surge la certeza en el Dharma. Recurrir a lugares aislados es la práctica de los bodhisattvas.

4 Los compañeros asociados por largo tiempo se separarán. La riqueza y las posesiones obtenidas con esfuerzo quedarán atrás. La conciencia, el invitado, abandonará la residencia temporal del cuerpo. Abandonar las cosas de esta vida es la práctica de los bodhisattvas.

5 Cuando uno se asocia a [compañías malvadas], los tres venenos aumentan, las actividades de escuchar, reflexionar, y meditar declinan, y el amor y la compasión se extinguen. Abandonar compañías malvadas es la práctica de los bodhisattvas.

6 Cuando uno se apoya en [los sublimes amigos espirituales], las propias faltas se extinguen y las propias cualidades aumentan como la luna creciente. Valorar a los subli-mes amigos espirituales más que al propio cuerpo es la práctica de los bodhisattvas.

7 ¿Qué dios mundano, atrapado él mismo en la prisión de la existencia cíclica, es capaz de proteger a otros? Por consiguiente, cuando uno busca refugio, tomar refugio en las confiables Tres Joyas es la práctica de los bodhisattvas.

8 El Conquistador dijo que todo el insoportable sufrimiento de los tres reinos inferiores es el fruto de las acciones negativas. Por consiguiente, no realizar nunca actos negativos, aún a costa de la propia vida es la práctica de los bodhisattvas.

9 El placer del mundo triple, es como una gota de rocío en la punta de una brizna de pasto, se extingue en un solo instante. Trabajar con ahínco en pos del estado supremo de liberación inmutable es la práctica de los bodhisattvas.

10 Cuando las madres que han sido buenas con uno desde tiempo sin comienzo están sufriendo, ¿de qué sirve la propia felicidad? Por consiguiente, generar la mente iluminada con el propósito de liberar a los seres infinitos en número, es la práctica de los bodhisattvas.

11 Todo el sufrimiento sin excepción viene de desear la propia felicidad. Los Budas perfectos surgen de la mente altruista. Por consiguiente, intercambiar completamente la propia felicidad por el sufrimiento de otros es la práctica de los bodhisattvas.

12 Aún si otros, influenciados por gran deseo, roban toda nuestra riqueza o hacen que otros lo hagan, dedicarles nuestro cuerpo, posesiones, y virtudes (acumuladas en) los tres tiempos es la práctica de los bodhisattvas.

13 Aún si otros cortan nuestra cabeza cuando uno no tiene culpa alguna, tomar sobre uno mismo todos sus actos negativos por el poder de la compasión es la práctica de los bodhisattvas.

14 Aún si alguien difunde a través de los billones de mundos, todo tipo de comentarios ofensivos acerca de uno, hablar uno mismo de las cualidades de esa persona con una mente amorosa es la práctica de los bodhisattvas.

15 Aún si, en medio de una reunión pública, alguien expone faltas y habla mal de uno, rendir homenaje humildemente a esa persona, y percibirla como un amigo espiritual es la práctica de los bodhisattvas.

16 Incluso si alguien a quien uno ha cuidado con afecto como a su propio hijo nos considera su enemigo, apreciar a esa persona con tanto cariño como lo hace una madre respecto de su hijo enfermo es la práctica de los bodhisattvas.

17 Incluso, si influenciado por el orgullo, un igual o un inferior nos trata con desprecio, ponerlo respetuosamente como un Gurú en alto de la propia cabeza es la práctica de los bodhisattvas.

18 Aunque uno pueda tener una vida de pobreza, siempre maltratado por otros, afligido por enfermedades peligrosas y espíritus malignos, no tener temor y tomar sobre uno mismo todas las acciones negativas y sufrimiento de los seres es la práctica de los bodhisattvas.

19 Aunque uno pueda ser famoso y reverenciado por mucha gente u obtenga riquezas como las de Vaishravana, ser humilde al darse cuenta que la riqueza mundana no tiene esencia, es la práctica de los bodhisattvas.

20 Si los enemigos externos son destruidos sin que uno haya sometido al enemigo del propio odio, los enemigos solo aumentarán. Por consiguiente, someter la propia mente con el ejército del amor y la compasión es la práctica de los bodhisattvas.

21 Por mucho que los placeres de los sentidos se disfruten, tal como ocurre cuando (se bebe) agua salada, el ansia (por ellos) seguirá aumentando. Abandonar de inmediato lo que sea que haga surgir aferramiento y apego es la práctica de los bodhisattvas.

22 Las cosas aparecen y cómo aparecen depende de la propia mente. Desde el comi-enzo, la naturaleza de la mente esta libre de los extremos de las fabricaciones (concep-tuales). Sabiendo esto, no involucrar la mente en la dualidad sujeto-objeto es la práctica de los bodhisattvas.

23 Cuando encontramos objetos sensoriales placenteros, aunque aparecen bellos como el arco iris en el verano, no considerarlos como reales y abandonar el aferramiento y el apego es la práctica de los bodhisattvas.

24 Los varios sufrimientos son como la muerte de un niño en un sueño. Al tomar las apariencias ilusorias como reales, uno se agota. Por consiguiente, al encontrar circunstancias desagradables, verlas como ilusorias es la práctica de los bodhisattvas.

25 Si es necesario dar incluso el propio cuerpo cuando uno aspira a la iluminación, ¿que necesidad hay de mencionar los objetos externos? Por consiguiente, practicar la generosidad sin esperar algo a cambio o resultados kármicos (positivos) es la práctica de los bodhisattvas.

26 Si al carecer de conducta ética, uno falla en lograr el propio propósito (beneficio), la aspiración de lograr el propósito (beneficio) de otros es algo que da risa. Por consiguiente, mantener una conducta ética libre de aspiraciones respecto de la existencia mundana es la práctica de los bodhisattvas.

27 Para los bodhisattvas que desean la riqueza de la virtud, todos los que hacen daño son como un tesoro precioso. Por consiguiente, cultivar la paciencia libre de hostilidad es la práctica de los bodhisattvas.

28 Incluso los escuchas y los victoriosos nacidos de sí mismos, quienes logran su propio beneficio, trabajan como si estuvieran apagando un fuego en sus propias cabezas. Al ver esto, emprender un esfuerzo diligente – la fuente de todas las buenas cualidades – por el beneficio de todos los seres es la práctica de los bodhisattvas.

29 Habiendo comprendido que las aflicciones, son destruidas por medio de la visión profunda unida a permanecer en el estado calmo, cultivar la concentración que trasciende perfectamente las cuatro (absorciones) sin forma, es la práctica de los bodhisattvas.

30 Si uno carece de sabiduría, es imposible lograr la perfecta iluminación por medio de las cinco perfecciones. Así cultivar medios hábiles junto a la sabiduría que no distingue entre las tres esferas, es la práctica de los bodhisattvas.

31 Si teniendo la (mera) apariencia de un practicante, uno no investiga las propias fallas, es posible que uno actúe de una manera contraria al dharma. Por consiguiente, examinar las propias fallas y abandonarlas, es la práctica de los bodhisattvas.

32 Si influenciado por las aflicciones, uno señala las faltas de otro bodhisattva, uno mismo se disminuye. Por consiguiente, no hablar de las faltas de aquellos que han entra-

do al Gran Vehículo es la práctica de los bodhisattvas.

33 Debido a que la influencia de ganancia y respeto, ocasiona disputas y la declinación de las actividades de escuchar, reflexionar, y meditar, abandonar el apego a las casas de los amigos, relaciones y benefactores es la práctica de los bodhisattvas.

34 Debido a que las palabras hirientes perturban la mente de los otros y hacen que la conducta del bodhisattva se deteriore, abandonar las palabras hirientes que son desagradables a otros es la práctica de los bodhisattvas.

35 Cuando uno se acostumbra a las emociones perturbadoras tales como el deseo, es difícil superarlas con antídotos. El armarse a sí mismo con el arma-antídoto del estar alertas (y recordar lo que debe hacerse), para destruir las emociones perturbadoras en el primer momento en que aparecen, es la práctica de los bodhisattvas.

36 En breve, respecto de cualquier conducta en que uno se involucre, uno debe preguntarse, “¿Cúal es el estado de mi mente?”, ya que lograr el propósito (beneficio) de otros por medio de mantener constantemente la vigilancia y el darse cuenta es la práctica de los bodhisattvas.

37 Para eliminar el sufrimiento de los seres, infinitos en número, por medio de la sabiduría (que realiza) la pureza de las tres esferas, dedicar las virtudes logradas al hacer tal esfuerzo en pos de la iluminación es la práctica de los bodhisattvas.

De acuerdo con las palabras de los Seres Sublimes, respecto al significado de los sutras, los tantras y sus comentarios, he escrito  “Las Treinta y Siete Prácticas de los Bodhisattvas” para aquellos que desean entrenar en el camino de los bodhisattvas.   Debido a mi intelecto inferior y poca erudición, esta no es poesía que complacerá a los eruditos, pero como me he basado en los sutras y las palabras de los Sublimes, pienso que las prácticas del bodhisattva no tienen error.   Sin embargo, debido a que es difícil para alguien de intelecto inferior como yo mismo, el penetrar la profundidad de los grandes actos de los bodhisattvas, suplico a los Seres Sublimes que tengan paciencia con mis errores tales como contradicciones y razonamiento incoherente.   Por la virtud que proviene de este [trabajo], que todos los seres transitorios se vuelvan, por medio de la excelente bodhicitta convencional y última, como el Protector Chenrezig quien no reside en los extremos de la existencia o de la paz.   Esto fue escrito para su propio beneficio y para el de otros, por el monje Thogme, un exponente de las escrituras y el razonamiento en una cueva en Ngülchu Rinchen.

A solicitud de Garchen Triptrül Rinpoche, esta traducción fue terminada en 1999 y revisada en el 2004 por la discípula Ari-ma. Hizo revisiones adicionales en la primavera del 2002. Los derechos de autor de la traducción inglesa son de Ari Kiev 2002. Este texto es para libre reproducción y distribución. Los derechos de autor son sólo con el propósito de autentificación.   © 2004 The Gar Chöding Trust. Todos los derechos reservados. Usado con permiso. Traducido de la versión inglesa al español en Junio del 2008, en Santiago de Chile por Lotsawa Urgyen Lekshe Dayang (Ngakpa Thondup Dorje - Mauricio Salinas), para cumplir los deseos de Kyabje Garchen Rinpoche. © 2008 The Gar Chöding Trust. Traducción al español autorizada por la autora de la obra original en inglés. Usada con permiso. Permitida su reproducción al español sin cambios, y citando el colofón de traducción completo. Prohibido su uso comercial.   

OM MANI PADME HUNG HRI

 

Fuente: http://www.movimientorime.cl/rime/index.php?option=com_content&task=view&id=219&Itemid=1