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sábado, 9 de septiembre de 2017

LA PRÁCTICA DE MEDITACIÓN
DE CHENREZIG

Khenchen Konchog Gyaltshen Rinpoche



E
N GENERAL EN EL BUDISMO, y particularmente en el Mahayana y Vajrayana, un concepto central es la filosofía de la compasión, cuya práctica es esencial. El Bodhisattva Chenrezig tiene una larga historia de asociación con la compasión en muchas tradiciones. Por ejemplo, es Kwan Yin en China, Kannon en Japón. En el budismo tibetano, o Vajrayana, la técnica de meditación de visualizar a Chenrezig y cantar su mantra de seis sílabas es muy común.

Chenrezig es una palabra tibetana, el nombre de todas las formas de este compasivo bodhisattva. En sánscrito es llamado Avalokiteshvara, Avalokesvara o Lokesvara, todos significan Señor de los Mundos. En tibetano, chenre es la palabra honorífica para ojos. Los ojos simbolizan sabiduría, porque nosotros aprendemos acerca de nuestro mundo a través de ellos. De modo semejante, la sabiduría “ve” la causa del sufrimiento, la naturaleza del samsara, la naturaleza de la iluminación y las causas de la paz y la felicidad. Esta consciencia discriminativa percibe el modo de función de todos los fenómenos. Zig significa mirar o contemplar con gran compasión. Chenrezig contempla el mundo para ver cómo beneficiar a los seres sensibles a través de sus actividades y manifestaciones.

Algunos tienen amplio conocimiento, pero sin compasión, tales mentes no están motivadas para beneficiar a los demás. Pueden ver por sí mismos que algunas personas son muy inteligentes, tan talentosas, pero no ofrecen algún beneficio para la sociedad. Hay otros que tienen compasión sincera pero carecen de sabiduría, por lo que continuamente cometen equivocaciones. Ellos quieren ayudar a los demás, pero no tienen habilidad para tal efecto. Sin compasión, la sabiduría es solo seca e intelectual. Por eso podemos ver cuán importante es el combinar estas dos. Chenrezig nos ofrece un modelo de alguien que personifica tanto la sabiduría como la compasión. Hacemos su práctica de meditación para realizar estas cualidades en nosotros mismos. Generar sabiduría y compasión juntas es importante para nuestro propio beneficio y para beneficio de los demás. Estos dos son interdependientes, así que cuando hablamos de beneficiar a los demás, realmente recibimos el beneficio nosotros mismos. Cuando poseemos sabiduría y compasión genuinas, la gente lo reconocerá y responderá positivamente. Cuando más trabajemos por el beneficio de los demás, más recibiremos para nosotros mismos. Esta es la realidad de la realización de causa y resultado.

Entrenar la mente de esta manera no resulta fácil porque las aflicciones están profundamente enraizadas en la mente. Podemos decirnos: “Debo hacer esto”, pero la mente no siempre lo cumplirá. Vemos que esta es una paradoja entre la mente de acción y la mente intelectual. La mente de acción consiste en nuestras propensiones y hábitos profundamente enraizados. La mente intelectual es nuestro entendimiento sobre las cosas. Cuando estamos acostumbrados a las aflicciones y emociones perturbadoras, la mente de acción está influida por su fuerza poderosa. El sufrimiento es el resultado inevitable, no importa cuánto la mente intelectual quiera hacer otra cosa. De otro lado, si practicamos y nos habituamos en sabiduría y compasión, entonces un tipo positivo de mente de acción se enraizará profundamente en nosotros. La experiencia inevitable será una felicidad y paz imperturbables. Debemos asegurar que nuestra práctica del Dharma no se quede a nivel puramente intelectual sino, por el contrario, se convierta en una vívida presencia. Para lograr esto es indispensable la práctica Vajrayana.

La meditación es el método principal con el cual entrenar nuestra mente en sabiduría y compasión. No hay otra manera, así que necesitamos voluntad y dedicación.  Si la mente fuera una máquina, podríamos apretar un botón y podríamos hacer que pidamos esto. Pero la mente no funciona así; ella no reacciona instantáneamente. La meditación no es solo un “botón” que podemos presionar para efectuar la transformación.

Estamos acostumbrados a creer que todo el mundo funciona como una máquina. A todas partes que vamos, en la oficina, en la pista, en la casa, presionamos un botón para que las cosas funcionen. Debido a este condicionamiento, pensamos erróneamente que la meditación debe funcionar de la misma manera. Si no conseguimos resultados en una sesión, entonces nos desanimamos y creemos que no funciona. Tenemos que entender que la meditación toma un período de tiempo. La mente no es una máquina, por eso debemos aplicarnos con perseverancia y paciencia.

Hay dos clases de paciencia: la paciencia inútil y la paciencia necesaria. La paciencia inútil nos lleva a perder nuestro tiempo y energía mientras pasa el tiempo sin hacer ningún esfuerzo genuinamente espiritual. No hay opción sino la de practicar la otra paciencia. La paciencia necesaria desarrolla fuerza en la mente sobre una base de razón, sabiduría y compasión. No es el modo sumiso  de paciencia que proviene de la pereza; no es un signo de debilidad. Con la paciencia adecuada podemos practicar sin resentimiento y odio. Alegres e intrépidos nos colocamos en nuestro tiempo y energía; lo que es el verdadero significado de paciencia. Para combatir el desánimo, ponemos paciencia junto con perseverancia.

Cuidando de practicar cotidianamente, no importa cuánto nos tome acostumbrarnos. No es algo que finalice en un par de años. Puede tomar diez años o toda una vida. Es como comer y beber, que tenemos que hacer diariamente para sostener nuestro cuerpo. De igual manera, hacemos la práctica de meditación consistentemente para sostener la mente.

La meditación es más que tan solo sentarse con sus ojos cerrados. Hay un dicho tibetano: “Gompa ma yin gompa yin”, que significa “La meditación no es solo meditación. La meditación es acostumbrarse a ella.” Debemos comprender cómo meditar, generar fuerza y domar la arrogancia indisciplinada de nuestra mente. Existen dos métodos esenciales de meditación; la meditación analítica y la meditación estabilizante. Por ejemplo, uno puede primero analizar la causa y efecto, la temporalidad de los fenómenos, el sufrimiento del samsara y las buenas cualidades de la sabiduría y compasión. Luego, sobre estas bases, uno puede entrenar la mente en la conducta apropiada con la meditación estabilizante. La meditación es un medio para familiarizarnos con la mente y aprender cómo usarla. Es un método de acostumbrar la mente en sabiduría y compasión. Podemos hacer esto en cualquier momento y en cualquier lugar, hacer de nuestra vida una meditación.

De: Pearl Rosary. The Path of Purification. Khenchen Rinpoche, Konchog Gyaltshen. Vajra Publications, 2007, Florida, EE. UU. Capítulo I, Chenrezig Meditation Practice, Introduction, pp. 19-22


Versión al español, los editores.
EL YOGA DE LA DEIDAD


Kenchen Rinpoche, Konchog Gyaltshen



E
N ESTE SIGLO 21, está profundamente enraizado el énfasis en el desarrollo mental por medio de la educación.  Las sociedades modernas confían grandemente en que la ciencia y la tecnología conducirán a una mejor vida. Algunos científicos contemporáneos van más lejos, en cuanto teorizan que la mente y las emociones son nada más que una función física del cerebro, simplemente una reacción electro-química compleja. Las antiguas enseñanzas del budismo están enfocadas en el mismo objetivo: una mejor vida ahora y en el futuro. De modo semejante, el logro en la práctica budista requiere mucho estudio y reflexión profunda. Los maestros budistas han contemplado profundamente la naturaleza de la mente durante muchos siglos y han concluido que no es muy fácil explicarla. La mente posee muchos estratos, cada una de ellos conduce cada vez más a niveles sutiles como las capas de una ingente cebolla. 

Solo podemos experimentar y examinar estos diferentes estratos de la mente a través de la meditación. Cada uno de nosotros tiene una oportunidad para desarrollar esta investigación por sí mismo. Haciéndolo así poco a poco es reemplazada la confusión acerca de las causas del sufrimiento y la felicidad con la sabiduría genuina, eterna. Entre los muchos estilos de meditación disponibles para nosotros, resulta insuperable el yoga de la deidad preservado y perfeccionado por los maestros del Tíbet. Las técnicas del yoga de la deidad nos permiten acceder directa y personal-mente a la vasta naturaleza de la mente. Al aplicarlas correctamente, podemos manejar la experiencia ordinaria, confusa y transformarla con precisión en claridad prístina.

Todos los budas tienen compasión, sabiduría, actividades y habilidades infinitas y perfectas. Sin embargo, si un ser sensible es capaz de beneficiarse con ellas depende de las tres conexiones interdependientes: las bendiciones imparciales del dharma-kaya, la aspiración búdica y la motivación del ser sensible. Una o dos de estas no resultan suficientes; las tres deben estar juntas para que alguien se libere del samsara y alcance la iluminación. Esto se explica con más detalle en textos como El Precioso Ornamento de liberación [de Gampopa] y el Gon Chig [de Jigten Sumgon].

Para experimentar la plenitud del yoga de la deidad o Vajrayana, la práctica de meditación, uno debe tener por lo menos un entendimiento elemental de la filosofía budista. Uno debe estar bien establecido en los cuatro conceptos fundamentales de la rareza y preciosidad de la vida humana, de la temporalidad de todos los fenómenos, de la naturaleza del sufrimiento de la existencia cíclica y de la inexorable causalidad kármica. Estas son explicadas brevemente en este libro, pero son descritas con más detalles en textos como El Precioso Ornamento de la Liberación, Modo de vida y liberación y Transformar el sufrimiento [los dos últimos de Khenchen Rinpoche]. Una vez convencidos de estos cuatro pensamientos, nuestros siguientes pasos son tomar refugio y cultivar la bodhicitta. Finalmente, un conocimiento comprensivo de la naturaleza de la vacuidad o, mejor, alguna experiencia con la meditación sobre la vacuidad, establecerá una firme base para realizar exitosamente la práctica del yoga de la deidad. Sin estos apoyos, la práctica tántrica o yoga de la deidad no será nece-sariamente una práctica budista y no ofrecerá los resultados esperados. Sin embargo, la práctica del yoga de la deidad será sustancialmente beneficiosa y será definitiva-mente un camino hacia la iluminación.

Estas prácticas instilan hábitos positivos para esta vida, para el bardo entre esta vida y la siguiente, como para nuestro renacimiento. Aproximadamente, las reflexiones sobre los cuatros fundamentos, amor bondadoso, compasión, refugio y bodhicitta, están relacionados a esta vida. La disolución en la vacuidad al inicio de una práctica corresponde a nuestra experiencia en el momento de la muerte. Manifestar la deidad desde la vacuidad, cantando el mantra y purificando a nosotros y el medioambiente y todos los seres sensibles, preparándonos todos para estar en el estado del bardo. Después, la disolución en la vacuidad al final de la práctica es similar a la compleción del estado de bardo. Surgiendo de nuevo desde la vacuidad como la deidad en la conclusión de la práctica crea el patrón para renacer en una tierra pura u otro lugar especial que fomenta el desarrollo espiritual.

De: Prefacio a Pearl Rosary. The Path of Purification. Khenchen Rinpoche, Konchog Gyaltshen. Vajra Publications, 2007, Florida, EE. UU.
Versión al español, los editores.